Dos médicos alertaron del maltrato a Sara 23 días antes de su muerte

La abogada de la acusación particular, Isabel Palomino. / J. S.

La investigación del crimen de la niña gira en torno a los delitos de asesinato, agresión sexual, malos tratos y abandono familiar

J. SANZValladolid

Los dos médicos que atendieron y examinaron a la pequeña Sara el 11 de julio en el Servicio de Urgencias del Hospital Campo Grande ratificaron ayer en el juzgado que investiga el crimen de la niña de 4 años, quien falleció el 3 de agosto, que ambos coincidieron en observar indicios de malos tratos sufridos por la menor y que por eso alertaron ese mismo día a la Policía Nacional de sus sospechas.

Los agentes citaron al pediatra para el día siguiente y este confirmó sus sospechas de nuevo en Comisaría. Todo ello ocurrió 23 días antes de que la niña, afincada en la calle Cardenal Torquemada (La Rondilla), perdiera la vida en el Clínico víctima de evidentes malos tratos y de posibles abusos sexuales registrados presuntamente en el domicilio familiar.

La niña, que fue llevada aquel día por su madre al hospital privado, fue atendida inicialmente por el pediatra y este, al observar algunos hematomas sospechosos, decidió pedir una segunda opinión a una médico del servicio de Urgencias que, además, es forense en excedencia. Ambos coincidieron en que la niña podía haber sufrido malos tratos y así se lo comunicaron a la Policía. Los dos declararon ayer ante la jueza que instruye la causa y confirmaron estos hechos, como ya hicieran en su día, el 12 de julio, en la Comisaría.

«Hemos ratificado lo que declaramos en su momento y no podemos explicar nada más, como es lógico, al estar la causa bajo secreto de sumario y debernos a la confidencialidad con nuestros pacientes», explicaron ambos a la salida del juzgado.

Bajo secreto de sumario

La investigación judicial continúa bajo secreto de sumario y de ahí que ni los abogados que defienden a los dos sospechosos, la madre y el novio de esta –ambos fueron detenidos el 3 de agosto y permanecen en prisión desde entonces–, ni la letrada que ejerce la acusación particular en nombre del padre biológico pudieran ayer aportar más detalles sobre una causa por la que también declararon ayer como testigos dos profesores del colegio en el que estudiaba la pequeña y una prima de la menor, que estuvo acompañada a las puertas del Juzgado deInstrucción número 6 por el progenitor. Este último, quien prefirió no hablar con los medios, ya prestó declaración con anterioridad ante la jueza, también en calidad de testigo, y desde hace algunos días se encuentra en la capital –en el momento del crimen estaba en Inglaterra–.

«Estamos a la espera del levantamiento del secreto de sumario para tener acceso a lo investigado hasta ahora y poder valorar si es necesario pedir nuevas diligencias», explicó la abogada Isabel Palomino, que ejercer la acusación en nombre del padre por medio de la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos (Adavasymt), personada como tal desde el viernes de la semana pasada.

La investigación sobre el crimen de la pequeña Sara, por lo demás, se centra en torno a un conjunto de delitos que desembocaron en la muerte de la niña, como son los de asesinato, agresión sexual, malos tratos y abandono familiar. Los indicios de que los dos primeros pudieron ser cometidos presuntamente por el novio de la progenitora y los siguientes por ella misma llevaron a la jueza a ordenar su detención e ingreso en prisión –se rechazaron dos recursos para su puesta en libertad–, donde continúan a la espera de que se concrete, sí es que es así, por qué está imputado cada uno.

La instrucción continúa en marcha y lo hace bajo secreto de sumario.

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