«Cuando el empleado tiene desafección hacia la empresa, la culpa no es suya»

«Cuando el empleado tiene desafección hacia la empresa, la culpa no es suya»
  • Antonio J. Fernández. Consultor, autor del libro 'Mi abuelo dixit', en el que construye un manual sobre liderazgo y cambio en las empresas a partir de las enseñanzas de su abuelo y de la cultura popular

Cada vez que Antonio Fernández, con treinta años de experiencia en Renault Consulting, se aprestaba a impartir una charla, algún oyente ya veterano se acercaba y le decía: «¿Hoy también nos vas a hablar de tu abuelo?». O se encontraba con alguien tiempo después y le comentaba «ahora, en la empresa, cuánto me acuerdo de lo que decía tu abuelo». Así que lo suyo, claro, era recoger la ciencia de su abuelo y plasmarla en un libro. Una ciencia que, en realidad, se define con dos palabras.Sentido común.

Las conversaciones con su abuelo, sus enseñanzas, se componen en doce epígrafes que al final encuentran correspondencia con palabras comunes a la hora de afrontar la dirección de una organización: priorizar, jerarquizar, anticipar riesgos, ser constantes... «Con el sentido común yo he gestionado una organización durante muchos años», explica Fernández. Un sentido común que no hace mucho se extraía de la cultura popular, de los veranos en el pueblo, de las conversaciones con los mayores. «La gente que lo conoció lo ha olvidado o hay gente que no se ha aproximado nunca a la cultura popular», dice el autor. Y ahí empiezan los problemas. «Cuando entras en una organización hay personas que lo que hacen es luchar por el estatus.Y al final el estatus te lo tiene que dar el trabajar para que tus equipos progresen. Cuando los líderes cambian esa visión, la organización va para arriba, porque lo que tira de los resultados es el compromiso».

‘Mi abuelo dixit’ es, al fin, un libro sobre liderazgo.Sobre cómo ejercerlo. A cada capítulo corresponde una carta de un alto directivo. Entre ellas, una muy ejemplificador de Daniel Carreño, presidente de General Electric enEspaña y Portugal. Cuenta que el primer día que entró a trabajar, hecho un veinteañero de estreno, el máximo directivo le sorprendió en el aparcamiento.«Hola Daniel, ¿sabes quién soy?», le preguntó.Y le invitó a desayunar. No fue una casualidad. Para él era una prioridad marcada en su agenda desayunar con cada nuevo empleado en su primer día.

«Hay directivos que cuando das un paseo por la fábrica con ellos, si es alguien muy elevado, la gente mira pero no tiene ninguna interacción con ellos.Vas con otro, quizá en una organización más grande, y se va parando y va preguntando a un operario, por ejemplo, qué tal tu suegra, o qué tal la niña en el campeonato de natación.Simplemente con eso eres capaz de acercarte a la gente para que dé lo mejor de sí», comenta Antonio Fernández.

Porque, asegura, cada vez que se enfrenta a un proceso de cambio en una empresa se encuentra con «dos grandes mentiras». «La primera es ‘para nosotros las personas son lo primero’.En el 90% de los casos ves que no es verdad.La otra es que ‘lo que vas a ver aquí nunca lo has visto antes’. También es mentira. Esto demuestra que hay dos grandes verdades, las personas y los procesos. Lo que se esconde detrás de esas dos cosas en el 80% es común a todas las organizaciones.Lo bueno o mal que hacemos es cómo somos capaces de gestionar las personas y los procesos», señala el autor.

El cambio es complicado. «Nos encontramos normalmente con desafección.Gente que se convierte cada vez más en empleados que cumplen pero que no son gente comprometida. La culpa no es de ellos, es de la organización. Si les das cariño, te ocupas de su formación, de su desarrollo, y por otro lado le das ejemplo a través de los líderes... La gente mira para arriba y los de arriba no hacen eso y si no hay liderazgo que dé ejemplo, la gente no cambia». Y eso es peligroso ahora, cuando los jóvenes muestran otras formas de actuar, otros perfiles.«Son más fáciles de comprometer si les ofreces un buen proyecto, pero si se desengañan, se buscarán una salida rápido y te lo dirán de una forma mucho más clara», advierte.