«Pingüinos hay que vivirlo al menos una vez en la vida»

Peyou y Eric montan la tienda de campaña tras llegar desde Bayona. /Gabriel Villamil
Peyou y Eric montan la tienda de campaña tras llegar desde Bayona. / Gabriel Villamil

Philippe convenció a Eric de que tenía que conocer esto; a pocos metros acampan tres británicos debutantes y un chileno que se enamoró de la cita hace tres años

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Eric aún no se había sacado el frío del cuerpo. Salió de Bayona temprano, junto a sus compañeros Philippe y Peyou, que mientras llevan la conversación, en ese chapurreo idiomático de quien quiere hacerse entender a pesar de todo, se afanan en preparar las tiendas. Hay que aprovechar las horas de sol porque a las seis cae la noche y la tarea de acampar, recoger leña, preparar la hoguera y acomodarse se complica bastante. Philippe es el veterano del grupo, ya ha vivido tres ediciones aquí. Y es el culpable de que Eric se haya decidido a coger la moto en pleno invierno para acercarse hasta Valladolid. «Le he dicho que tiene que vivirlo una vez en la vida. Es una experiencia que necesitas vivir», confiesa.

Han pasado un viaje «bueno, con frío, algo de nieve, pero perfecto». Le gusta, dice, la organización, estar tranquilos durante tres días, el viaje... «Hasta el frío», asegura Philippe.

Y de eso va a tener bastante. Aunque el sol de primera hora engañaba un poco, lo cierto es que la mañana amaneció con heladas. Cuando José María, barcelonés de 74 años, aparcó su moto a las diez y media en la zona de inscripciones, su caballete se apoyaba en la escarcha sobre la tierra. «El viaje bien, salvo por el viento», explicaba.

Juan Pablo Álvarez, delegado de la Agencia Estatal de Meteorología, le habría explicado que era viento del nordeste, ese que se transmuta en cierzo al paso por los Monegros, en donde José María tuvo que sujetar bien la moto. «Se va a mantener hasta el viernes y a partir del sábado se corta, disminuyen los vientos, tendremos menor sensación de frío y se registrará una pequeña subida de temperatura, aunque con heladas débiles y noches fresquitas. Las máximas serán bajas, de 7-8 grados no vamos a pasar en la meseta, aunque la sensación puede ser de 4-5 grados», pronosticaba el responsable territorial de la Aemet.

Frío, vaya.

Lo deseable para poder disfrutar de las hogueras y sin la lluvia y la nieve que tanto incordian. Justo este año que el nido presenta una descomunal carpa en la plaza central, suficiente para resguardar a miles de personas cuando suene la música. Por si era poco, también hay carpa protectora, más discreta, en la zona de tiendas. Ese es el gran cambio que presenta el pinar en la 36ª edición de Pingüinos. Lo más perceptible para los primeros en llegar ayer hasta allí. Que curiosamente no fueron solo los locales, motoclubes y aficionados acostumbrados a utilizar el primer día de concentración para montar campamentos en los que caben «por lo menos quince», como el recinto acotado del grupito de Mariano y Luis Miguel, ataviados ya con sus gorros de pingüino.

Mariano y Luis Miguel, 'pingüinizados' y listos.
Mariano y Luis Miguel, 'pingüinizados' y listos. / Gabriel Villamil

Henri, por ejemplo, llegó desde Lieja, en Bélgica, con su sidecar, en el que viajaba su esposa, y un remolque. Su bandera, la de Valonia, lucía orgullosa y enorme en un extremo.

Henri posa con su sidecar y la bandera valona.
Henri posa con su sidecar y la bandera valona. / Gabriel Villamil

También la de Chile, que trajo Paulo, con ancestros italianos, chileno de nacimiento y tras veinte años residiendo en España. Es su tercera edición. La primera vez llegó solo. Una soledad que le duró poco. De hecho, junto a su bandera chilena ondea ahora la asturiana de Jessica y Juan, compañeros de aventura. «El primer año solo lo conocía de oídas, pero me metí en un foro y me dijeron que estuviera tranquilo, que conocería gente». Y así fue. No solo a los dos asturianos que le acompañan. También a Julio, de Talavera de la Reina, y a su perro Mau, un labrador chocolate de cuatro años que luce orgulloso su inscripción en la cita. «Me lo llevo a los festivales, al descenso del Sella... Adonde yo voy, él va», dice Julio mientras Mau observa el movimiento alrededor.

Paulo, que sujeta a Mau en el centro, con Jessica, Julio y Juan.
Paulo, que sujeta a Mau en el centro, con Jessica, Julio y Juan. / Gabriel Villamil

Ellos ya están casi instalados -aún les falta hacer acopio de leña- cuando llegan a la concentración Gary, Steve y Chris, que partieron de Manchester el miércoles «temprano». Cogieron el ferry en Portsmouth, al sur de Londres, para viajar hasta Bilbao. Es la primera vez que vienen y lo hacen con ánimo «de explorar Valladolid», de la que no conocen absolutamente nada. Cuenta Gary que conocieron Pingüinos a través de alguien con quien intercambiaron 'parches' en Gales, en el Dragon Rally, que se celebra a unos 140 kilómetros de su ciudad. «Dijimos que algún día iríamos a Pingüinos. Y este es el día», dice con una sonrisa sin ni siquiera empezar a desempaquetar las cosas para montar la acampada.

Steve, Chris y Gary, de Manchester.
Steve, Chris y Gary, de Manchester. / Gabriel Villamil

El secreto, por lo que parece, está en las hogueras. En ese ambiente que se crea en torno a ellas que invita a conversar, a contar viajes, anécdotas, a charlar con los chapurreos necesarios con quien quiera que sea de donde quiera que sea. De ahí surgen esos grupos enormes que quedan casi de un año para otro. Juanma, de Viana de Cega, pasó a primera hora de la tarde para ver cómo iba la cosa en el campamento. Le esperaba Chili, de Madrid. Ambos llevan ya desde el martes con todo preparado, aunque el nido pingüinero se abría oficialmente el jueves. «Esta noche vienen unos cuantos y mañana, más. Nos juntaremos entre doce y quince, algunos vienen de Barcelona, otros de Cádiz, dos de Valencia, otro del norte...», desgranan.

El primer día la cifra de inscritos aún decía poco. El portavoz de Turismoto, José Manuel Navas, explicaba que rondaban las ocho mil a mediodía, durante la visita institucional del alcalde, Óscar Puente, a la zona de acampada. Casi todas eran, sin embargo, anticipadas por Internet. Hoy se vivirá, como es habitual, el primer gran desembarco a partir de las cuatro de la tarde.

El reto, como recordaron Navas y Puente, es superar los treinta mil inscritos en la concentración. De paso aprovecharon para señalar que aún hay cosas que mejorar en la antigua Hípica, como dotar a las instalaciones de más aseos y duchas fijos o aprovechar algunas de las edificaciones que quedan sin uso, aunque eso se hará «poco a poco», según Puente. Incluso Navas anunció que hay quien sueña con que la 40ª edición, dentro de cuatro años, se celebre con cuarenta mil inscritos.

 

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