Investigadores de cinco países avisan de los límites actuales del uso de células madre para cataratas en menores

José Carlos Pastor, director del IOBA/Rodrigo Ucero
José Carlos Pastor, director del IOBA / Rodrigo Ucero

La UVA firma junto a Harvard, Stanford o la clínica Mayo una carta en la revista Nature para poner en cautela un tratamiento controvertido

El Norte
EL NORTEValladolid

Un total de 23 investigadores de cinco países, entre ellos el responsable del Instituto de Oftalmobiología Aplicada (IOBA), han firmado una carta recientemente en Nature en la que se ponen en cuarentena los resultados de una investigación sobre el uso de células madres para el tratamiento de las cataratas en menores.

«La idea es brillante, pero la realización del estudio tiene una serie de limitaciones», explica José Carlos Pastor, del IOBA, perteneciente a la Universidad de Valladolid y coautor de la réplica.

Firman junto a él representantes de instituciones como las universidades de Harvard y Stanford y de la Clínica Mayo estadounidenses. Junto a Pastor, hay otros dos investigadores españoles, Javier Moreno Montañés y María Dolores Pinazo, de las universidades de Navarra y Valencia, respectivamente.

La idea de utilizar células madre del propio cristalino para reparar esta estructura del ojo resultó ser una gran novedad para la comunidad científica. La noticia dio la vuelta al mundo. Se estima que en el mundo hay unos 200.000 menores con cataratas congénitas y entre 20.000 y 40.0000 las desarrollan cada año. En última instancia, se produce ceguera.

«Todos los oftalmólogos hemos recibido consultas de padres con niños afectados que nos preguntan por qué no se usan en sus hijos este tipo de tratamiento», resume Pastor, miembro del IOBA y jefe de departamento en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid. Esta inquietud global fue el motor de una respuesta colectiva al trabajo original.

El estudio y sus límites

En 2016, investigadores de las universidades Sun Yat-sen (China) y de California en San Diego (EE.UU.) afirmaron que podían eliminar la catarata con una intervención de menor profundidad a las actuales.

A partir de células madre epiteliales del cristalino, los científicos estimaban que se podría regenerar toda la esta estructura ocular. El cristalino es el sistema de enfoque del ojo. El equipo informó de que, después de probar con modelos animales (conejos y monos), se realizaron intervenciones en menores de doce años también con éxito.

«Las principales limitaciones del estudio de Lin y colaboradores radican en un seguimiento inadecuado de la mayoría de los pacientes, de unos resultados funcionales pobres comparados con la cirugía convencional», resume Pastor.

Los firmantes advirtieron también de problemas éticos en las intervenciones sugeridas con esta técnica y que ninguna otra investigación ha confirmado los resultados entonces expuestos. «Apoyamos sin restricciones la innovación, pero hay que ser cautos cuando se proponen tratamientos nuevos, sobre todo para los pacientes más jóvenes, la población más vulnerable», continúa el fundador del IOBA.

Los actuales tratamientos emplean ultrasonido para ablandar el cristalino y una lente intraocular artificial implantada en el ojo para corregir las cataratas. Los ojos de los menores son, sin embargo, más susceptibles de generar problemas de adaptación en este tipo de intervención que los adultos.

La cirugía convencional, a juicio de Pastor, está bastante asentada y las líneas de investigación actuales se centran en corregir adecuadamente la vista de estos niños, especialmente en el cálculo de las lentes intraoculares y que estos ojos desarrollen visión y no se vuelvan ojos vagos.