Valladolid 1929: de compras por las tiendas que hace 90 años había en Cánovas del Castillo

Calle Cánovas del Castillo. /EL NORTE
Calle Cánovas del Castillo. / EL NORTE

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

El Ayuntamiento acordó el 8 de agosto de 1897 bautizar a esta calle como Cánovas del Castillo, el estadista e historiador malagueño que llegó a Ministro de Gobernación y que, después de la revolución de 1868 se dedicó a su labor investigadora en el archivo de Simancas. Antes, esta calle había recibido otros muchos nombres. Hay referencias de 1498 en las que las que se la conocía como la calle de la Frenería. En el siglo XVI fue bautizada como Loringueros. En 1658 era la calle de Orates (tal vez el nombre que más éxito tuvo). En 1678 pasó a ser conocida como Chapinería y desde 1769 fue la calle de Pretrineros, hasta recibir el nombre que ha llegado hasta nuestros días.

El Norte de Castilla del 9 de junio de 1929 dedicaba dos páginas completas a recorrer los negocios instalados en una calle, «ni tan ancha que pueda hombrear como avenida, ni tan angosta como para quedarse en callejuela, puediera pasar por la calle principal de una capital de provincias de tercera», decía el cronista del periódico de hace 90 años.

La calle Cánovas del Castillo, en 1929, al desembocar en la plaza del mismo nombre.
La calle Cánovas del Castillo, en 1929, al desembocar en la plaza del mismo nombre. / EL NORTE

«No falta en ella ninguna de las tiendas indispensables para un abasto decoroso. Si las calles tuvieran un escudo y en el escudo un lema, el de esta callecita, juiciosa, simpática y burguesa, sería: «Nada de lo superfluo, todo lo necesario», continuaba el relato del periódico.

Y la estampa seguía así: «Por la mañana, la calle se anima con el ir y venir de criadas que compran en Portugalete y con el bullicio de estudiantes que aprovechan los descansos entre clase y clase para llegarse hasta la Acera» [la Plaza Mayor]. «Por la tarde sestea la calle, un poco abandonada. A la alegría mañanera sustituye la paz. Cruza buscando, según la estación, el sol o la sombra, algún canónigo. Se oye, perezoso, algún pregón».

La bautizaba El Norte como una «calle de transición», el pasaje que conectaba «la ciudad antigua (iglesias, conventos, Universidad, colegios, museos: estudio, rezos, arte, quietud) y la moderna (teatros, cafés, casinos, paseos, tranvías, automóviles; movimiento, frivolidad)».

Se estrena la calle, en el número 1, con la funeraria Hijas de Berzosa, «servicio completo y permanente», con número de teléfono 2426. El negocio fue fundado por Valentín S. Berzosa en 1842 y su gestión asumida luego por sus descendientes.

Escaparate de la mercería El Castilla.
Escaparate de la mercería El Castilla. / EL NORTE

En el número 3 de la calle se encontraba el vallisoletano de 1929 con el Almacén del Castillo, una mercería que se publicitaba por sus «tiras bordadas y géneros de punto».

Imprenta Faustino G. Vega
Imprenta Faustino G. Vega

Un portal más allá, en el número 5, estaba la imprenta y papelería Faustino G. Vega, con su escaparate de «objetos de escritorio, libros rayados, asuntos religiosos, revistas de moda y labores». La G. era de González.

Interior de Casa Abril.
Interior de Casa Abril. / EL NORTE

Unos pasos más allá, en el número 7 había un comercio que presumía de tan buena calidad de productos que invitaba a sus clientes a no darle mucha publicidad. «Calle usted la boca, no se lo diga a nadie», se publicitaba Casa Abril, un negocio dedicado única y exclusivamente a la venta de medias y calcetines.

Y en el número 15, la tintorería y quitamanchas de Pedro Muñoz e Hijo. Además de en esta calle, tenía otro despacho en el número 10 de Teresa Gil y la fábrica estaba en Pi y Margall (Panaderos).

Fachada de El Silgo XXI, entre Regalado y Cánovas del Castillo.
Fachada de El Silgo XXI, entre Regalado y Cánovas del Castillo. / EL NORTE

Más adelante en la calle estaba uno de los grandes negocios de la época. Se presentaba como «la mejor casa en tejidos y novedades» y en los rótulos del escaparate lucía como 'El siglo XXI' (cuando faltaban más de 70 años para que esa centuria comenzara'. «Surtidos insuperables a precios reducidísimos», decía la publicidad de la época. Su dirección era Cánovas del Castillo (32 al 38) y Regalado 13 y 15.

La Fundación Joaquín Díaz cuenta que este negocio, creado en 1888, tuvo como sucesivos propietarios a Antolín Cobos y Gumersindo Martín / Rodríguez, Manrique y Cía / Angel Chamorro Sanz y Señor Lorenzo. Y repasa su historia: «En 1887 publicaba El Norte de Castilla: Se halla en el extranjero visitando los principales centros de la moda, el conocido comerciante D. Antolín Cobos, con objeto de hacer compras de los artículos de novedades para el establecimiento, que como dijimos a nuestros suscritores, se ha de abrir dentro de breves días en esta capital.

Fue uno de los primeros comercios que tuvo luz eléctrica en Valladolid, inaugurándose la instalación en 1888: «Anteanoche se inauguró la luz eléctrica en el acreditado establecimiento titulado »Al Siglo XX«. El Sr. Martín, dueño de tan surtido comercio obsequió a algunos de sus parroquianos con profusión de dulces y escogidos licores. En los alrededores del citado establecimiento había una infinidad de personas que admiraban lo bien puestos que están los aparadores y el magnífico aspecto que con la nueva luz presenta todo el comercio que con tanta frecuencia es visitado por el vecindario de esta población.«

Angel Chamorro Sanz adquirió la tienda de tejidos y alfombras, almacén de novedades «Al siglo XX» a quienes eran sus propietarios ya a comienzos del siglo XX y habían cambiado el nombre para adaptarlo al siglo, los señores Rodríguez, Manrique y compañía. Chamorro fue alcalde de Valladolid en 1935 y presidente de la Cámara de Comercio entre los años 1931 y 1957, recuerdan en la fundación Joaquín Díaz.

Fachada de la platería G. Aragón.
Fachada de la platería G. Aragón. / EL NORTE

En el número 25 se encontraba la joyería y platería de Gabriel Aragón Matilla, una «casa especial para pulseras de pedida y objetos para regalos». «Equidad en precios», anunciaba, para no espantar a clientes que pudieran quedar deslumbrados por las joyas del escaparate. Fue fundada en 1916 como «constructor y compositor de alhajas», según informa la fundación Joaquín Díaz.

Fachada del negocio electricista de Manuel Rodríguez, en la calle Cánovas del Castillo.
Fachada del negocio electricista de Manuel Rodríguez, en la calle Cánovas del Castillo. / EL NORTE

También con el número 25 en el rótulo de la calle estaba el local del electricista Manuel Rodríguez. «Casa dedicada desde largos años a las instalaciones y reparaciones de luz, timbres, teléfonos, pararrayos, montaje de motores y todo lo concerniente al ramo de electricidad. También se encarga de cuantos trabajos se le confíen dentro del ramo, para fuera de la capital. Su dueño, don Manuel Rodríguez, ve con simpatía que sus clientes le pidan proyecto y presupuestos para instalaciones, anticipando que su seriedad características les ha de dejar complacidos», se anunciaba en las páginas del periódico. .

Escaparate del horno del Suizo.
Escaparate del horno del Suizo. / EL NORTE

Los paseantes con hambre podían detenerse en el honor del Suizo, situado en los portales de los número 19 y 21. «El propietario de este importante establecimiento es el gran repostero que cuenta en su historial de trabajo las efermérides más gloriosas, como el haber servido la boda del multimillonario señor Echevarrieta, y actuado profesionalmente en los mejores hoteles de la Costa Azul, en los que la aristocracia hace un culto de la pulcra elaboración en todo lo que consume. Para nuestra ciudad, el Horno Suizo representa la máxima atracción del Valladolid distinguido. La tacita de plata que semeja la tienda limpísima, y los dulces en ella elaborados, acreditan el dominio de este industrial que se ha captado justamente nuestra predilección», decían las páginas de El Norte de 1929.

Relojería de Gabino Vitores.
Relojería de Gabino Vitores. / EL NORTE

En el número 31 estaba la relojería de Gabino Vitores (sucesor de Z. Velasco). «Esta casa cuenta más de 35 años de existencia y siempre ha sido la preferida del público inteligente». «Siempre el más variado surtido en novedades de relojería. Precios para todo comprador. Composturas de todas clases, con absoluta garantía. Carrillones modernos. Relojes de bolsillo y de pulsera en diferentes metales. Despertadores con esfera luminosa. Elegantes relojes de pared, etcétera, etc.», se publicitaba el negocio, en marcha desde 1922.

Y al lado, la droguería y perfumería Manuel Martín, a la altura de la plazuela, en el número 33 de la calle.

En la acera de enfrente, la de los pares, se estrenaba comercialmente la calle en el número 4 con La Irisa, mercería y bisutería, regentado por la viuda de Joaquín Casimiro. «Gran surtido de medias y calcetines. Últimas novedades en botones, broches y hebillas». Tenía además una sección de «todo a 0,95 euros».

Clientes y despendientes de los almacenes La Esmeralda, en Cánovas del Castillo, en 1929.
Clientes y despendientes de los almacenes La Esmeralda, en Cánovas del Castillo, en 1929. / EL NORTE

Con el mismo número se presentaban los almacenes 'La Esmeralda', de Pedro García. «Ventas al por mayor y menor de paquetería y géneros de punto. Sección especial en tejidos, sedería y lanería. Siempre novedades», se publicitaba en El Norte. También tenía acceso desde Regalado, 7.

Y un poco más allá, en el número 7, y haciendo esquina, estaba la sastrería Víctor Domingo (últimas novedades en Pañería).