Valladolid 1929: estas son las tiendas que podías visitar hace 90 años en la calle Teresa Gil

La calle Teresa Gil, vista desde Fuente Dorada. / EL NORTE
La calle Teresa Gil, vista desde Fuente Dorada. / EL NORTE

La popular vía acumulaba librerías, tiendas de cortinas, moda... y hasta negocios pioneros del 'todo a cien'

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

«Sobre el mapa de la ciudad, la calle de Teresa Gil traza una recta fina y larga que une, con hábil maestría de estrategia urbana, dos centros de actividad y movimiento: la plaza de del Campillo y la de Fuente Dorada. Por eso a todas horas ofrece una magnifica sensación de inquietud y actividad». Viajamos en el tiempo al Valladolid de hace 90 años para dar una vuelta por esta calle Teresa Gil plena de actividad. Estamos en la primavera de 1929. Y vamos de paseo por una calle «llena de luces, con comercios importantisimos y modernas industrias», como explicaba el cronista de El Norte de Castilla que hace 90 años ofrecía una estampa de esta vía que comunica «el corazón de la ciudad con uno de sus miembros vitales más fuertes: el populoso y simpático barrio de San Andrés».

El vallisoletano que hace 90 años caminaba por Teresa Gil podía entretenerse en escaparates como la Casa Buenos Aires (con sus confecciones de señora), la tienda de regalos Gabino Sánchez o la zapatería El siglo.

Escaparate de Merino Electricidad.
Escaparate de Merino Electricidad. / EL NORTE

En el número 4 estaba Casa S. Merino, un negocio de electricidad que ofrecía «trabajos de instalaciones de luz y empotradas, motores, timbres, pararrayos, así como las más altas novedades en aparatos de luz eléctrica». Además, se presentaba como un negocio acreditado para realizar «con perfección instalaciones de radio». Presumía de «gran variedad de aparatos, los más sólidos y modernos».

Interior de la tienda Gabino Sánchez.
Interior de la tienda Gabino Sánchez. / EL NORTE

Un poco más adelante en la calle, en el número 18, estaba el establecimiento de Gabino Sánchez. «Loza, cristal, utensilios de cocina, objetos de regalo». Y además, atención, porque presentaba una innovación que décadas después se haría famosa con los 'todo a cien' y los bazares multiprecios. Tenía una «sección de todo a 0,85». Cuenta la fundación Joaquín Díaz que comenzó su actividad hacia 1920 como almacenista de trapos. Se anunciaba como «la casa que más barato vende» en loza, cristal y utensilios de cocina, pero también despachaba «servicios completos para colegiales».

Unos pasos más allá, en el número 22, estaba el negocio de calefacciones, saneamiento y hojalatería de Jacinto González. Cumplía los 36 años de existencia (comenzó su actividad en 1893) y se presentaba como la empresa «de prestigio» que había ejecutado «las obras más importantes de esta localidad». En su publicidad, destacaba su intervención en los doce cuartos de baño que tenía la casa propiedad de Jacobo Romero, en la calle Gamazo 11. Pero también se encargó de las instalaciones del nuevo pabellón de hombres del manicomio provincial, en el tercer proyecto de la Academia de Caballería, en el convento de las reverendas madres dominicas francesas, la Escuela de Comercio, la Casa de Socorro o los trabajos de vidriería en la iglesia de La Antigua. Destacaba que en los últimos cinco años (desde 1924) había trabajado en más de 300 instalaciones de calefacción, cuartos de baño, saneamiento, elevación y distribución de aguas.

Entrada de la casa Las Aldabas.
Entrada de la casa Las Aldabas. / EL NORTE

En ese mismo bloque, en los bajos, «a la sombra del viejo palacio de don Rodrigo Calderón», estaba la casa Las Aldabas, que lucía en sus escaparates «gran surtido en crespones, lanas, géneros blancos, mantas, mantones, colchones, cortinajes, géneros de punto y ropas hechas para caballero y niños». Destacaba siempre que en colchas ofrecía a los vallisoletanos «las últimas novedades» y animaba al cliente: «Visitando esta casa, se convencerán de que no tiene competencia en precios».

Ya en la acera de los impares, aquí, en Teresa Gil, ofrecía sus servicios el señor F. Monsalve, «sastrería acreditadísima y distinguida, digna de una gran ciudad y regida por un verdadero maestro y artista en el corte». «El bien vestir presenta hoy muchas dificultades, pues la variación de tejidos es tanta y las modas de un atildamiento tal, que no basta al maestro conocer la técnica del oficio, sino que precisa reunir otras cualidades para lograr la captación de sus clientes». Decía el publirreportaje de El Norte publicado en 1929, que la sastrería de Monsalve poseía, «en todas las épocas, una selección de pañería cuya novedad seduce. »Corta con un arte que los trajes parecen haberse confeccionado sobre los mismos cuerpos«.

Escaparate de El Siglo, en 1929.
Escaparate de El Siglo, en 1929. / EL NORTE

Entre los números 11 y 15 estaba la zapatería El Siglo, «una de las más antiguas de Valladolid». «Por la selección de modelos que presenta a precios muy ventajosos hace que sea la preferida de todos», decía la publicidad de la época. Una zapatería «suntuosa» regida por Eloy Arévalo.

Compartía edificio con la Librería Santarén, que se anunciaba con «todas las novedades» y remodelación diaria de sus escaparates. «Entrada libre al interior», animaba a los futuros lectores. Cuenta la Fundación Joaquín Díaz que una reproducción enmarcada de la Novena a San Antonio de Padua fue, según todos los indicios, la primera publicación salida de la prensa de Fernando Santarén Martínez en la calle Valseca. «Durante todos esos años, los Santarén fueron publicando principalmente, en diferentes formatos, tres clases de materiales: religiosos, didácticos y políticos. A partir de 1913 la Casa santarén se fusionó con El Norte de Castilla y con la Imprenta Castellana».

Entrada a la casa Buenos Aires, en Teresa Gil hace 90 años.
Entrada a la casa Buenos Aires, en Teresa Gil hace 90 años. / EL NORTE

Más adelante en la calle estaba la casa Buenos Aires, regida por Ángel Pérez. Ocupaba el local del número 31 y en su escaparate mostraba «sus confecciones de señora, caballero y niños». «Hemos tenido el gusto de apreciar en esta casa una sección donde se confeccionan con un gusto exquisito pellizas, gabanes de hombre y de niño, trajes de caballero y niño y unos vestidos de crespón monísimos desde 25 pesetas», decía el reportero que visitó la tienda hace 90 años.

En este mismo bloque del número 31 ofrecía sus servicios el despacho de Daniel Ortega Barrutia. «En su juventud se manifestó en él una gran afición a los asuntos bancarios y, al lado de sus parientes, el difunto don Miguel de Uña y sus hijos, primero; y después, formando parte del personal de la Electra Popular Vallisoletana, puso de relieve su pericia para la dirección de cualquier negocio», contaba El Norte. «Así logró independizarse, perfectamente preparado por estas prácticas y por los estudios que cursó en esta Escuela Superior de Comercio, alcanzando con el galardón de las más brillantes calificaciones en exámenes y reválidas, los dos títulos que ostenta de profesor y perito mercantil». Con este currículo, ofrecía «consultas, inversión de capitales, confianza de asuntos privados...».

La calle Teresa Gil, con la iglesia de Felipe Neri al fondo, en 1929.
La calle Teresa Gil, con la iglesia de Felipe Neri al fondo, en 1929. / EL NORTE

Además, aunque con entrada en San Felipe Neri, 1, tenía vistas a la calle Teresa Gil la tienda de Mariano González, que se presentaba como «el rey de los estereros en Valladolid». La casa, fundada en 1904, ofrecía la construcción de persianas «y todos los artículos del ramo», además de la venta de alfombras y linoleos. Y para sacarse un dinero extra, el negocio diversificaba su actividad. Así, junto a las persianas, elaborada «helados de todas las clases, con especialidad en horchatas».