«En los campamentos saharauis no conocen la profesión de bombero»

Enrique López, bombero vallisoletano que ha pasado 15 días en los campamentos saharauis de Tinduf. /RAMÓN GÓMEZ
Enrique López, bombero vallisoletano que ha pasado 15 días en los campamentos saharauis de Tinduf. / RAMÓN GÓMEZ

Enrique López, empleado del parque de Las Eras, lleva cuatro años formando a refugiados de Tinduf

Jorge Moreno
JORGE MORENOVALLADOLID

Enrique López Calvo (37, Valladolid) trabaja desde hace 12 años como bombero municipal en Las Eras. Hace cuatro, con otros colegas de Galicia y Madrid, decidió sumarse a los grupos que en toda España siguen ayudando a los miles de saharauis que sobreviven en una patria sin territorio, en los campamentos argelinos de Tinduf. En este caso, su labor está sirviendo para la construcción de un parque de bomberos. Hace tres semanas la caravana de ayuda en la que iba, con material escolar, sanitario y dos ambulancias viejas, que fueron donadas por la empresa Ambuibérica, estuvo retenida tres días en el puerto de Orán. Aunque en los quince días que permaneció en los territorios, llegó a estar alguno con 40 grados de fiebre, Enrique dice que cuando retorna a España se sigue emocionando por el modo en el que viven miles de personas desplazadas.

–¿Por qué decidió participar en esta caravana?

–Empezamos con esta iniciativa hace cuatro años, al darnos cuenta de que en los campamentos del Sahara no disponían de un servicio de bomberos. Aunque los fuegos allí son rápidos, ya que cuando prende algo desaparece, también registran muchos accidentes de tráfico o inundaciones. Por ello, el año pasado decidimos llevar vehículos y material, y sumarnos a esta caravana solidaria que partía desde Madrid. De esta forma evitamos tener que realizar papeleos y visados ante las autoridades argelinas.

–¿Cuántos bomberos fueron?

–Un compañero, Federico Pichel, que trabaja en el Consorcio Antiincendios de La Coruña, y yo. En la Onegé de Rivas Vaciamadrid, en la que participamos, hay otros bomberos también implicados en ayudar a estos refugiados. La idea era crear un parque para los cinco campamentos, que suman un censo de entre 130.000 a 300.000 personas. La distancia entre los mismos puede durar hasta dos horas de recorrido, por lo que atender una emergencia es difícil. Desde que el gobierno argelino asfaltó las carreteras con las que se comunican, registran bastantes accidentes de tráfico que precisan intervención.

–¿Y con tanta población, no disponían de una central de bomberos?

–No tenían hasta que llegamos nosotros hace cuatro años. Actualmente disponen de 17 bomberos y tres parques, el último, el de Dajla, lo hemos terminado en esta misión, con ayuda de la Universidad de Salamanca. Una onegé de Italia financia la construcción de otro parque, que está ahora parado. De los tres proyectos, el único operativo para todos los campamentos es el que está en Rabuni.

–¿El personal es saharaui?

–Sí. Nuestro objetivo principal es formar como bomberos a una parte de los refugiados. Muchos de ellos viven de la ayuda humanitaria que llega, por lo que ser bombero supone darles un empleo y un incentivo que les permita mejorar. Hemos formado a 18 jóvenes que trabajan en turnos semanales. Para 2019, está previsto que comiencen a cobrar ya un salario, de entre 50 y 60 euros mensuales.

–¿Qué perfil debe tener un bombero en el Sahara?

–Su juventud es fundamental para este tipo de trabajo. Nos hemos encontrado que la mayoría de los residentes en los campamentos no conocían la profesión de bombero, y lo que implica. Hay que formarles no solo de cómo apagar un fuego, sino también para rescates de accidentes de tráfico y de inundaciones, que se producen pese a estar en una zona de desierto. Hemos visto que cuando suceden estos siniestros, los refugiados no acuden a ayudar. No tienen ni extintores, pese a que la temperatura puede llegar hasta los 50 grados en verano, lo cual supone un riesgo para el combustible que utilizan, y que almacenan en bidones. Estos suministros los hacen con mangueras y directamente al depósito del vehículo. Otra de las tareas formativas que pretendemos hacer es enseñarles a coordinar el reparto del agua a las escuelas y puntos fijos, que se hace diariamente en camiones.

–Y en estas condiciones, ¿no han ocurrido accidentes?

–El año pasado se quemó el campamento del personal de ACNUR. Fue un incendio como el que se puede producir en los polígonos industriales de Valladolid. También, unas semanas antes de que llegásemos, una joven permaneció atrapada muchas horas en un coche hasta que llegaron a su rescate.

Grupo de bomberos españoles juntos a los jóvenes saharauis que se han formado.
Grupo de bomberos españoles juntos a los jóvenes saharauis que se han formado. / EL NORTE

-¿Qué han aportado los vallisoletanos a esta caravana solidaria?

–Material escolar, médico, comida y medios para el servicio de bomberos. Hemos llevado incluso paquetes de familias de aquí, que acogen a saharauis los veranos. Uno de los objetivos de este viaje era entregar todo directamente en los campamentos, sin que hubiera intermediación. Se ha llevado también dos microbuses donados por la ONCE, y tres todoterrenos entregados por el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid.

–En enero estuvo en los territorios liberados.

–Sí. Es una zona que tiene un riesgo al viajar puesto que muchas partes están con minas colocadas hace años. Todo el viaje se realiza con escolta del ejército argelino y ha sucedido a otros compañeros que han llegado a estar hasta 12 horas perdidos en el desierto.

–¿Y cómo fue el trayecto?

–Tuvimos problemas mecánicos, consecuencia del polvo, con alguna de las furgonetas donadas, que dicho sea de paso registraban hasta 500.000 kilómetros. Tratamos de repararla, puesto que si un vehículo se queda en suelo argelino es muy difícil luego recuperarlo, tanto para los saharuis como para los españoles.

–¿Le sigue sorprendiendo cómo se sobrevive en unos campamentos durante décadas?

–Cada vez que vas, te afecta más porque empatizas con la población. El regreso a Valladolid necesita de un tiempo para asimilarlo interiormente. Los problemas que tenemos en España no son para nada comparables con los que sufren estas miles de personas. Aquí contamos con algo tan básico como es la atención sanitaria, que allí apenas tienen en unos centros precarios.

–¿Tuvo que solicitar permiso en el Servicio de Bomberos?

–Solo comuniqué que me iba, puesto que los quince días formaban parte de mis vacaciones. He disfrutado de la mitad de ellas. Los gastos del viaje han corrido a costa de cada participante.