Los vallisoletanos eligen ‘pelele’ como la palabra con más solera en la provincia

Los vallisoletanos eligen ‘pelele’ como la palabra con más solera en la provincia

Los lectores de El Norte seleccionan un listado con ochenta vocablos y expresiones que consideran que son más de Pucela que la cencellada

VÍCTOR VELA

Pelele. El diccionario del insulto (editado por Península) lo define así:«Donnadie, persona manejada por otros». Dice la Real Academia de la Lengua que se trata de una palabra de origen incierto... pero que ha encontrado sin duda acomodo en Valladolid. Pelele es el vocablo que los internautas vinculan más estrechamente con el habla propia de los vallisoletanos. Pelele (con su pronunciación adecuada, de sílabas separadas, pe-le-le, como recomienda el escritor Vicente Álvarez) es la palabra más vallisoletana, según las votaciones emitidas durante las últimas semanas por los lectores e internautas de El Norte de Castilla.

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Y le siguen Pucela, playeras, tomar un chisme, lapicera, velay, majo. Palabras que tal vez no sean exclusivas, expresiones que se escuchan en otras provincias y países, pero que los vallisoletanos defendemos con orgullo como parte de nuestro patrimonio. Y pelele, como el insulto más pucelano.

El etnógrafo Joaquín Díaz lo reconoce como tal. «En Valladolid, pelele está en la boca de todo el mundo. Quizá porque si tú lo tienes en la boca es la forma de que no esté en la de los demás». O sea, que casi mejor decirlo que recibirlo. Aunque Díaz entiende que pelele no es un insulto de trazo grueso. «Es el que no es capaz de hacer las cosas bien, un poco pedante, un poco fato, que esta es una palabra también muy nuestra», defiende Díaz, quien recuerda a un albañil como la persona a la que mejor ha escuchado pronunciar la palabra. «Él decía va un pelele, como una forma de acortar la expresión vaya un pelele».

El hispanista Henri Gavel (1880-1959) explica que la acepción más conocida de esta palabra es la que el diccionario define como «persona simple o inútil», pero esgrime que hubo un uso inicial, como «un diminutivo o una forma familiar del nombre de Pedro o de padre», pero con un uso despectivo.

Al margen de ese «origen incierto» que consagra el diccionario de la RAE, pelele es vista por los lectores de El Norte de Castilla como la palabra más típica del habla de Valladolid. Pero hay más:fínife, telares, banzo, rodea, almorrón...

Localismos enriquecedores

Gonzalo Santonja, director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, se declara un apasionado seguidor de estos localismos, que contribuyen a «enriquecer» el lenguaje, con «expresiones muy plásticas» y que provocan una clara «fascinación» en quien las escucha por primera vez. O al menos no está acostumbrado a utilizarlas. «El español vive en la pluralidad y hay una cosa que es estupenda:en una conversación, por ejemplo, con un colombiano, tendrás la sensación de que ellos hablan un lenguaje mucho más bello que el tuyo.Pero ellos pensarán lo mismo de tu forma de hablar.Las expresiones, las palabras específicas de una zona no impiden la comunicación, ni siquiera molestan, sino que provocan una reacción de mutuo interés». Es, concluye Santonja, uno de los grandes tesoros del español. Y vincula, en gran medida, la existencia de estos vocablos, al contexto en el que se utilizan. «Cencellada es una palabra que creo que solo he escuchado en Valladolid», explica. Y algo parecido (compartido con Palencia) ocurre con la utilización de fasero, el nombre con el que se conoce a los trabajadores de Renault, de Fasa, la gran empresa de la ciudad. Santonja pone un ejemplo de este cordón umbilical entre una comunidad y las palabras que emplea. «En Béjar, por ejemplo, cuando alguien fallecía, decíamos que había cascado el poleo. Y esta expresión venía de los sistema de poleas que tenían las fábricas textiles. Cuando esas poleas se estropeaban, la producción se interrumpía». La empresa paraba. La vida se detenía.

En el sexto lugar de la clasificación aparece riche, el nombre con el que los vallisoletanos se refieren a la tradicional barra de flama. «En Madrid se le llama pistola. En otras ciudades, solo barra. Aquí, y tal vez solo aquí, es riche», explica Miguel Ángel Santos, gerente de la marca Pan de Valladolid. Y su uso está más extendido entre los vecinos de la capital que de la provincia.«No se sabe exactamente de dónde viene esta palabra. Tal vez su origen sea francés. Y también se ha utilizado para designar a los panecillos que se entregaban en el ejército y que eran un poco más pequeños que la barra, unos 150 gramos, para un bocadillo cumplido», indica Santos, quien en esta particular encuesta incorpora una palabra más: lechugino. Ocandeal. La tradición harinera de Castilla. El importante papel del pan en Valladolid contribuye a que haya aquí numerosos vocablos vinculados con este sector.

Expresiones de uso popular

Hay palabras en el listado que pensamos exclusivas, pero que no lo son tanto. Compartimos con valencianos la utilización de carpesanos (la carpeta con anillas). Y el patrimonio léxico no se limita a las palabras... sino también a las expresiones. Ahí está el a mayores. El diccionario fraseológico documentado del español actual (de Seco, Andrés y Ramos) lo certifica como un regionalismo, utilizado como además, propio de la «lengua coloquial». «Esta fórmula es correcta, pero se trata de un regionalismo cuyo uso se debe limitar al habla de esa zona», explican desde Fundeu, la Fundación del Español Urgente.

Sean regionalismos o localismos, Joaquín Díaz entiende que el «uso popular del lenguaje es imprescindible para que la lengua siga viva». Así que, habrá que seguir diciendo con orgullo hijo, majo... ¡Y pelele!