El amigo de Machado Francisco Romero recibe sepultura 82 años después de ser fusilado en Soria

Los restos del catedrático, íntimo de Antonio Machado, están ahora en Santa Marta de los Barros./PAKOPÍ
Los restos del catedrático, íntimo de Antonio Machado, están ahora en Santa Marta de los Barros. / PAKOPÍ

Cuatro nietos del que fuera fundador de la Universidad Popular de Segovia llegaron desde Canadá al entierro

J. LÓPEZ-LAGO

A las cinco en punto de la tarde de ayer, en el nicho 148 del cementerio municipal de Santa Marta (Badajoz), protegido del sol por un tejadillo de uralita y a la altura de los ojos llorosos de sus nietos, Francisco Romero Carrasco encontró el lugar definitivo para descansar. Este amigo de Antonio Machado fue fusilado a los 57 años un 25 de agosto de 1936 en el pueblo soriano de Cobertelada.

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Los restos de este catedrático extremeño nacido en 1878, que fue maestro de Matemáticas y fundador de la Universidad Popular de Segovia, fueron exhumados en septiembre del año pasado de un lugar conocido como Fosa de los Maestros. La asociación soriana para la recuperación de la memoria histórica 'Recuerdo y Dignidad' localizó en Canadá (allí se asentaron tras emigrar a Chile) a los cuatro nietos de Francisco Romero. Su conexión con el municipio extremeño de Santa Marta de los Barros era desconocida entre sus vecinos, como admitió el teniente alcalde de la localidad Félix González antes de que la alcaldesa, Ana Belén Cabañas, hablara de «un acto de justicia social». Lo hizo delante de sus familiares, ya en el cementerio, ante el Monolito para la Recuperación de la Memoria Histórica, según relata el periódico Hoy.

Se refería al capítulo que cierra la historia de Francisco Romero y que ocurrió este martes después de que cuatro de sus nietos volaran desde Canadá y fueran a parar a Extremadura. Querían darle una sepultura digna tras decidir que depositarían a su abuelo junto a los restos de su madre y su hermana en el pueblo donde se ha sabido hace poco que Romero nació, creció, halló su vocación, seguramente se enamoró y dejó huella como brillante pedagogo.

Después se marcharía a recorrer España para innovar como maestro, periplo en el que se hizo amigo íntimo de Antonio Machado, cuyos poemas se leyeron en el cementerio mientras sus nietos, el más joven con 58 años, grababa todo con el móvil para poder explicar mejor a otros familiares la trascendencia de su antepasado.

«Una fosa abre otra fosa porque la gente empieza a creer que encontrar a sus familiares es posible. Falta cerrar este ciclo en España» Iván Aparicio, de la asociación soriana Recuerdo y Dignidad

El acto final rebosó tanta emoción como rabia al recordar que hay miles de represaliados olvidados bajo tierra cuyos descendientes solo saben que su abuelo falleció y poco más. «Una fosa abre otra fosa porque la gente empieza a creer que encontrar a sus familiares es posible. Falta cerrar este ciclo en España», decía Iván Aparicio después de que una anciana se acercara a él para proporcionarle unas vagas pistas sobre su padre desaparecido cuando ella era niña.

Aparicio es el representante de la asociación soriana Recuerdo y Dignidad que, junto con la Fundación Aranzadi, también representada este martes por Monstse del Río, han propiciado que la familia de Romero Carrasco pusiera luz a una nebulosa extendida en España que impide saber de los antepasados represaliados durante el franquismo.

«Ahora podemos decirle a nuestros hijos, aunque no hablen español, dónde están sus raíces», declaró unos minutos antes Mari Carmen, nieta de Francisco Romero, que junto a sus hermanos Juan Manuel, Gonzalo y Álvaro, todos canadienses, compartieron sus sensaciones en un acto previo organizado en la Casa de la Cultura de Santa Marta de los Barros. Los dos primeros habían llegado desde Calgary a mediados de la semana pasada y los dos últimos desde Vancouver. Cobertelada, la prisión de Almazán, Soria o Segovia han sido algunas de sus escalas donde han podido visitar los lugares donde vivió su abuelo antes de cerrar el círculo en Santa Marta, donde un vecino les regaló unas fotos datadas en torno a 1900 de la calle Badajoz, donde vivió Romero.

«Llevar el cuerpo de mi abuelo ha sido muy importante para nosotros, ya que habíamos perdido nuestras raíces en España», declaró su nieto Álvaro agradecido. «Hace tres meses no conocíamos nada de nuestra familia –señaló después su hermano Gonzalo–, solo que nuestro abuelo desapareció y que mi madre y su abuela murieron muy tristes por ello».

Juan Manuel Gonzalo, Álvaro y Mari Carmen, sus nietos.
Juan Manuel Gonzalo, Álvaro y Mari Carmen, sus nietos. / PAKOPÍ

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