El negociador de la Guardia Civil desvela cómo salvó a la mujer secuestrada en Requena

Agentes tras el arresto del hombre en Requena./Damián Torres
Agentes tras el arresto del hombre en Requena. / Damián Torres

Un guardia vestido de médico reduce al maltratador que se atrincheró armado en casa de su expareja | El agresor, que ya fue detenido hace dos meses por quebrantar un alejamiento, se quitó la pulsera de alarma e irrumpió en el domicilio

J. A. MARRAHÍ / JAVIER MARTÍNEZ

El juez ha acordado el ingreso en prisión de Alberto P., el hombre de 32 años que el pasado jueves se atrincheró en la vivienda de su expareja en la localidad de Requena, en Valencia, tras saltarse una orden de alejamiento. El investigado ha sido puesto a disposición judicial y todas las acusaciones han solicitado su ingreso en prisión. El ministerio público le imputa una ristra de delitos, entre ellos los de quebrantamiento de la medida cautelar, un allanamiento de morada, una detención ilegal y un intento de homicidio. Además, le considera también autor de un delito de amenazas y otro de daños.

José Ángel Millán, negociador y capitán de Policía Judicial de la Guardia Civil de Valencia, fue uno de los agentes al frente del amplísimo operativo que hizo posible la liberación de Verónica. En su opinión, el éxito de la intervención se basó en el "buen trabajo de todos los miembros del dispositivo" y en saber esperar a que se presentara el mejor momento para actuar. "Había una vida en peligro, pero creo que supimos ver la mejor ocasión", resume el mando de la Benemérita. Nadie resultó herido.

En una situación cómo la del miércoles surge una pregunta: ¿Qué pretendía exactamente el secuestrador? "Nada en concreto", resume Millán, originario de Cartagena y con ocho años al servicio de la Guardia Civil. "Sencillamente, no respetaba la voluntad de la víctima de terminar con la relación. Se negaba a asumir la realidad".

Al principio, describe el capitán, "estaba muy violento". Fue sobre las 10.30 horas, cuando lanzaba a la calle las pertenencias de la víctima, incluida su telealarma de protección y otros muchos objetos de la casa: una tableta, ventanales, flores, un jarrón... "No quería dialogar. Entraba en la casa, le gritaba a ella, exhibía el cuchillo, pedía que nos fuéramos...", describe Millán.

Muchos vecinos fueron testigos de esas terribles amenazas y alaridos: "¡Largaos, os voy a matar a todos!". En esta tesitura, la Guardia Civil decidió no intervenir. Eso sí, sus gestiones no cesaban: llamadas a familiares del agresor y personas próximas a él o el estudio palmo a palmo de la estructura de la casa.

Supieron así dos detalles esenciales: el primero es que no había armas de fuego. Ni Verónica tenía ni el agresor las había llevado. "Si hubiese tenido una escopeta no hubiéramos entrado como lo hicimos2, aclara Millán. La segunda clave es que el hombre estaba bajo los efectos de una droga. Y, presumiblemente, pasado su estado inicial de agresividad sobrevendría un decaimiento. Y así sucedió. "Le ponía nervioso la presencia de guardias y policías, así que optamos por no hablar con él y esperar al bajón de las drogas con el paso del tiempo".

Un contacto telefónico con la víctima, ya pasadas las 13.00 horas, posibilitó la 'trampa' del médico. Dos agentes entraron en primer lugar: un teniente de Requena, el falso galeno, y un miembro de Policía Judicial. "Cabía la posibilidad de que portara el cuchillo, era un riesgo, pero los guardias que entraron estaban preparados para responder si lo usaba". El agresor no empuñaba el arma y cerró la puerta tras su entrada, pero entonces se produjo la sorpresiva entrada de los GRS. Entre todos, lo redujeron limpiamente. "Fue un momento tenso y conflictivo, pero no presentó resistencia".

"No he podido hacer nada por evitar que entrara", dijo la víctima a los agentes que la salvaron. Pero tanto para Millán como para sus compañeros lo más reconfortante fueron las palabras de gratitud de Verónica y su familia. Ese "gracias por vuestra ayuda" se lo llevan en el corazón bajo el uniforme verde.

Amenazas y acoso

Para comprender lo ocurrido hay que remontarse a noviembre de 2016, fecha en la que se conocieron la víctima, Verónica, una encargada de un supermercado de unos 30 años, y su agresor, Alberto P., de 32. Después de un periodo de relación sentimental y sin hijos de por medio, la convivencia entre ambos comenzó a deteriorarse y ella decidió romper. Además, se sumaron los problemas de adicción a las drogas del sospechoso.

Verónica acabó denunciándolo por unas presuntas amenazas y acoso, puesto que el hombre no respetó su libertad, según fuentes próximas a la investigación. Al parecer, empezó a seguirla pese a la voluntad de la víctima de rehacer su vida. Y fue así como Alberto acabó con una orden judicial de alejamiento respecto a la víctima.

Pero no hizo ni caso al dictamen judicial. Según fuentes policiales, el pasado 22 de noviembre se acercó de nuevo a ella y fue detenido por la Guardia Civil por ese presunto quebrantamiento de medida cautelar. En concreto, se presentó en el establecimiento comercial de Requena en el que la víctima trabaja e incluso dio un puñetazo a un guardia civil que intervino en ese momento. Vista su peligrosidad y rebeldía, se acordó un alejamiento, ya no sólo de la víctima, sino de Requena. Desterrado. Además, a principios de diciembre se le instaló una pulsera de seguridad para tratar de proteger aún más la integridad de Verónica.

Pero ni con esas. Según las mismas fuentes, a primera hora de la mañana de ayer el hombre se dirigió a la casa de Verónica en la localidad, se quitó el dispositivo de seguridad y la alarma saltó. Pero no hubo tiempo de reacción. Además, como describen fuentes de la Guardia Civil, "una vez en la vivienda lanzó por la ventana los medios técnicos de la protección de la víctima".

Cuchillo en mano

Así, Alberto pasó del nuevo quebrantamiento a un secuestro machista puro y duro. Entró por la fuerza. Cuchillo en mano, de 25 centímetros de hoja. Con su expareja amenazada y aterrorizada en su propio hogar mientras lanzaba, inundado de ira, toda suerte de objetos a la calle.

Eso es lo que los vecinos presenciaron sobre las 10.30 horas, mientras una residente de la finca avisaba a la Policía al escuchar las amenazas que estaba recibiendo la víctima y sus gritos desesperados. "Llevaba puesta una camiseta y llegó a sacar el cuchillo por la ventana", describió uno de los testigos.

Cuando los primeros agentes de la Policía Local llegaron al lugar, la lluvia de objetos persistía. Los vecinos contabilizaron "una tableta, dos ventanales desencajados, un jarrón con flores y muebles" entre los enseres de Verónica que volaron y acabaron hechos trizas en la calle. También destrozaron la luna delantera de un coche aparcado bajo la casa.

Denuncia por amenazas y acoso

Los primeros agentes obligaron a Alberto a deponer su actitud, pero ni abría la puerta ni se entregaba. Es más, sólo quería que se marcharan guardias y policías, contra los que profirió insultos y amenazas de muerte. "Os voy a matar a todos. Largaos. Si no os vais os mato...", clamó el agresor. También lanzó esta advertencia, según un vecino: "Si oigo por las escaleras algún ruido o sube alguien aquí la mato".

Su absurda visión de la realidad le llevó a pronunciar esta frase a través de la ventana: "Yo no he hecho nada malo, sólo he venido a hablar con ella". Mientras, Verónica sufría una fuerte crisis de ansiedad en la vivienda y sus súplicas al maltratador no tenían efecto alguno.

En esta complicada tesitura, la Guardia Civil activó un amplio dispositivo para proteger a la víctima con la mayor urgencia posible. Un negociador de la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia, miembro de Policía Judicial, se desplazó a Requena para tomar las riendas del asunto. También lo hicieron efectivos del Grupo Rural de Seguridad (GRS), agentes formados en asalto.

Durante varias horas analizaron palmo a palmo la estructura de la casa y de la finca. Y aprovecharon el estado de nervios de la víctima para desplegar una hábil estrategia. El guardia negociador, de paisano, ofreció a Alberto la posibilidad de dejar pasar únicamente a un médico para auxiliar a Verónica. Y accedió.

Fue un teniente de la Guardia Civil de Requena el que asumió esta complicada función. Disfrazado con la bata blanca se presentó en la casa, eso sí, apoyado muy de cerca por media docena de agentes del GRS, mientras otros tantos se desplegaban por otras zonas. El sospechoso abrió la puerta y se lanzaron sobre él. Casi de manera simultánea, otro agente protegió a la víctima en la estancia en la que permanecía.

De este modo, ya al filo de las dos de la tarde, la operación policial concluyó con éxito y sin lesionados. Eso sí, Verónica estaba muy alterada y requirió asistencia sanitaria por una crisis de ansiedad. Fue atendida en una ambulancia, pero sin necesidad de traslado al hospital, como confirmaron fuentes de Sanidad.

Detenido por daños y amenazas

El maltratador acabó detenido por detención ilegal, daños, amenazas, allanamiento de morada y quebrantamiento de medida cautelar. Fue trasladado al hospital escoltado por ocho agentes y, posteriormente, al cuartel de la Guardia Civil de Requena. Allí no quiso responder al interrogatorio y se acogió a su derecho a declarar ante el juez.

Alberto, que vivía en Requena antes de trasladarse a Valencia, había estado ingresado hasta antes de Navidad en un centro privado catalán de desintoxicación. Al parecer, sufría una adicción .

Verónica, originaria de Requena, fue definida por sus vecinos como "simpática y trabajadora". La calificaron como una mujer "independiente, servicial y amable" que vive junto con su pequeño perro en la casa donde ocurrieron los hechos. "No se merece lo que está sufriendo, ninguna mujer se merece algo así", concluyó indignada una vecina de la zona.

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