La solemnidad de Jesús Flagelado envuelve la noche de Salamanca

La procesión de El Flagelado, a su paso por la Rúa, camino de la Plaza Mayor./
La procesión de El Flagelado, a su paso por la Rúa, camino de la Plaza Mayor.

CECILIA HERNÁNDEZ

Elegancia, solemnidad, clase, y buena disposición a la hora de salir a la calle. Se acaban los calificativos al hablar de la procesión de Nuestro Padre Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas. Un año más, la hermandad que tiene por sede la iglesia del Espíritu Santo, la Clerecía, volvió a demostrar ayer por qué es una de las más sólidas de la Semana Santa de Salamanca.

De nuevo con perfecta puntualidad, gracias a la espectacular meteorología de estos días, se abrieron las puertas de la Clerecía que dan a la plaza de San Isidro. Y de nuevo, como el Martes Santo con la Hermandad Universitaria, centenares de personas se agolpaban en este espacio para presenciar la salida del Jesús Flagelado y de la Virgen de las Lágrimas. Sonó, un año más, Tu manto de oración, la marcha compuesta hace pocos años por Miguel Ángel Font e interpretada por la agrupación musical Virgen de la Vega (OJE), para el llamado Cristo torero, la que dicen muchos es la mejor obra de arte de la imaginería salmantina, salida del taller de Luis Salvador Carmona en 1760. Sin embargo, fue la marcha Y se fue al cielo la que sonó cuando el Flagelado emprendía el primer tramo de su procesión, mientras que La Madrugá hizo lo propio con Nuestra Señora de las Lágrimas.

La exquisita factura de este Cristo recogiendo su manto tras ser flagelado compuso, un Miércoles Santo más, una perfecta combinación con la piedra dorada de la noche de Salamanca, con la novedad este año de un nuevo adorno floral, compuesto por astromelia (rojas) e iris (moradas).

Y detrás del Jesús, Nuestra Señora de las Lágrimas. La talla mariana, que salió por primera vez en procesión con esta hermandad en 1992, recibió ayer un visitante muy especial, el escultor que la creó allá por 1977 en Cádiz, José Miguel Sánchez Peña, quien, atendiendo al ofrecimiento realizado desde la junta directiva de la cofradía, participó en la presidencia de la procesión. Fue la primera vez que Sánchez Peña veía a su Virgen en la calle, en una procesión en la que además el paso de Nuestra Señora de las Lágrimas estrenaba faroles de cola, y la propia imagen lucía un nuevo encaje en un tono blanco roto, que contrastaba con su terno de riguroso luto, propio de las fechas, y con la corona, estrenada el año pasado con motivo del 25º aniversario de la llegada de la talla a tierras charras.

La hermandad sacó en la procesión por primera vez además un libro de necrológicas, que recoge los nombres de todos los hermanos fallecidos desde 1948, año de fundación de la cofradía, aunque los orígenes de la misma se remontan un siglo atrás, cuando se creó dentro de la Vera Cruz la sección de la Flagelación.

Al igual que ha sucedido en otras procesiones ya celebradas, se notó un aumento en los hermanos de fila o de cirio, aunque Jesús Flagelado nunca ha tenido problemas en este sentido y son muchos los que cada Miércoles Santo visten la túnica negra con el fajín y capirote color eminencia que tan característicos son de esta hermandad. Tras la salida desde la Clerecía los dos pasos recorrieron las calles del centro histórico, rodeando las Catedrales y subiendo por la espectacular Compañía ya bien entrada la noche. Al regreso tuvo lugar el tradicional homenaje musical a la Virgen de las Lágrimas, a cargo de Rosana Díez.

Representantes de la Junta de Semana Santa, encabezados por su presidente, José Adrián Cornejo, participaron en la procesión, con ocasión de los 75 años que ha cumplido este organismo y que se continuarán celebrando en cuando una vez pasen las procesiones de la Semana de Pasión. Cornejo también participó en la siguiente procesión, que comenzó poco después de la llegada del Flagelado y de la Virgen de las Lágrimas a la Clerecía, la del Cristo Yacente y Cristo de la Agonía Redentora.

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