Asistió a la exhumación de los restos de su abuelo pero murió antes de que el ADN lo confirmara

Juan Ángel (a la derecha, de espaldas) asiste a la exhumación de los restos de dos cadáveres en 2010. El ADN ha demostrado que uno de ellos era su abuelo, pero él no ha llegado a saberlo. Murió en 2014. /El Norte
Juan Ángel (a la derecha, de espaldas) asiste a la exhumación de los restos de dos cadáveres en 2010. El ADN ha demostrado que uno de ellos era su abuelo, pero él no ha llegado a saberlo. Murió en 2014. / El Norte

Identificados los restos de Agustín de Lucas Sánchez, uno de los presos de Nava de la Asunción fallecidos en Navarra durante la Guerra Civil

Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

Enfermo y sin fuerzas, el 30 de enero de 1938 fallecía en el Fuerte de San Cristóbal, cerca de Pamplona, Agustín de Lucas Sánchez. Era el primero de los presos procedentes de la segoviana Nava de la Asunción que moría como consecuencia de las condiciones infrahumanas de la prisión-fortaleza del Monte Ezkaba. Agustín había sido trasladado allí junto a otros treinta y tres vecinos de la Nava, desde la cárcel de Segovia, en agosto de 1937. Rescatado del olvido, su nombre sale hoy en los periódicos porque el banco de ADN creado por el Gobierno de Navarra, a través de la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos, ha permitido identificar sus restos, encontrados junto a las tapias del cementerio de Oteiza de Berrioplano en 2010.

Ese año, a instancias de la asociación Los Cinco de Nava, la Sociedad de Ciencias Aranzadi llevó a cabo distintas prospecciones y exhumaciones de presos de Ezkaba en varios cementerios de la zona, entre los cuales estaba el de Oteiza de Berrioplano, donde se exhumaron los restos de dos hombres que en ese momento no pudieron ser identificados. Ahora se sabe que uno de ellos era Agustín de Lucas, natural de Robledo de Chavela (Madrid), pero residente en Nava de la Asunción, donde trabajaba como factor en la línea férrea Medina del Campo-Segovia. Tras el golpe militar del 18 de julio de 1936, fue detenido, condenado y trasladado al penal del Fuerte de San Cristóbal, ya el 18 de agosto de 1937. Solo sobrevivió algo más de cinco meses. Como en otros tantos casos, las terribles condiciones de vida de la cárcel navarra minaron su salud y aceleraron su muerte.

Agustín era uno de los trescientos treinta presos segovianos encarcelados en el Fuerte de San Cristóbal por motivos políticos. Diecisiete murieron por enfermedad y veintiún más fueron asesinados o ejecutados tras la fuga que protagonizaron el 22 de mayo de 1938. También forma parte Agustín del grupo de naveros fallecidos en tierras navarras junto a Cipriano Fernández Quinzano, que pereció en mayo de 1938, en vísperas de la fuga; Demetrio Bercial Garzón, desaparecido en la propia fuga; Ángel Sanz García, Vicente Maroto Bercial y Luis Cubo Fernández.

La identificación de los restos de Agustín de Lucas forma parte de los trabajos desarrollados hasta la fecha por el Gobierno de Navarra a través del banco de ADN, creado en 2016 y gestionado por la empresa pública Nasertic. Durante todo este tiempo, se han abierto ciento ochenta y cuatro expedientes y ha sido posible devolver los restos de veintiuna personas a sus familiares (ahora serán veintidós). A lo largo de los últimos años, han sido recuperados ochenta y cuatro cuerpos en diecinueve exhumaciones y se han llevado a cabo otras prospecciones fallidas, aunque en varios casos han sido muy importantes para la localización de los restos y su posterior exhumación, según fuentes del Gobierno navarro.

El nieto

La noticia de la identificación de los restos de Agustín de Lucas Sánchez ha sido recibida con regocijo en el seno de la asociación Los Cinco de Nava, agrupación de familiares que en 2009 constituyeron Juan Ángel Lucas (nieto de Agustín), Ángel Sanz (sobrino de Ángel Sanz García), Isabel Maroto (hija de Vicente Maroto Bercial), Domingo Higuera (hijo de Santiago Higuera, este de El Espinar) y Rubén Fernández (nieto de Cipriano Fernández Quinzano). Desgraciadamente, Juan Ángel Lucas falleció en 2014. «Él fue nuestro representante, a todos los efectos, ante las instituciones públicas o ante particulares, función que desempeñó de forma abnegada para la consecución de nuestro objetivo: la recuperación de los restos de nuestros familiares para darles la más digna sepultura en esta tierra segoviana. Curiosamente, Juan Ángel presenció, en 2010, la exhumación de los restos que ahora han resultado ser los de su abuelo. Me hubiera gustado tanto que disfrutara de este momento...», señala Fernández.

Las prospecciones que se hicieron en el año 2010 también permitieron la localización y exhumación de los restos de Luis Cubo Fernández, que desde entonces descansan en el cementerio de Nava de la Asunción. «Culmina el segundo de los objetivos que nos marcamos en aquella tarea iniciada por Juan Ángel Lucas en 2009 mediante un proyecto financiado por el Gobierno navarro. El trabajo del georradar en los cementerios de la cuenca de Pamplona determinó los posibles lugares de enterramiento. Un proyecto de familiares de La Rioja nos llevó hasta la exhumación que realizaba la Sociedad de Ciencias Aranzadi y que había coordinado Teófilo Goldaracena. El hallazgo de los restos de dos personas abrió una puerta a la esperanza, pero no podíamos ni imaginar que, entre aquellos restos, estaban los de Agustín de Lucas. La aportación de una muestra de ADN que hizo una hija de Agustín residente en el País Vasco ha sido definitiva para su identificación. Y esto demuestra que no hay que tirar la toalla. A nosotros, que continuamos en la búsqueda, nos espera la recuperación de Demetrio Bercial, de Vicente Maroto, de Ángel Sanz y de Cipriano Fernández», explica Rubén Fernández.