«Hay menos niños obesos, pero su grado de obesidad cada vez es mayor»

Monserrat Martín y Pablo Prieto, responsables de la Unidad de Endocrinología Pediátrica, junto a Sonia Sánchez y Yolanda García, residentes. /LAYA
Monserrat Martín y Pablo Prieto, responsables de la Unidad de Endocrinología Pediátrica, junto a Sonia Sánchez y Yolanda García, residentes. / LAYA

El 95% de los casos, según la Unidad de Endocrinología Pediátrica, se debe a una mala alimentación en personas con tendencia a engordar

ROSA M. GARCÍA / WORD

«No hay más obesidad infantil, sino que los niños obesos cada vez son más obesos», llegando a registrarse casos de obesidades mórbidas que antes no se daban en Pediatría. Así lo aseguran Pablo Prieto y Monserrat Martín, de la Unidad de Endocrinología Pediátrica del Complejo hospitalario de Salamanca.

La obesidad infantil, explican, se ha estabilizado en los últimos años, tras el importante incremento registrado a finales del siglo pasado y principios de este; pero es una estabilidad en cuanto a número de niños afectados, no así respecto al grado de exceso de peso. «Tenemos varios niños, entre 10 y 11 años, que pesan más de 100 kilos», asegura Prieto, el responsable de la unidad.

Hace unos años «en los niños con exceso de peso, había más sobrepeso y menos obesidad, y ahora, hay más obesidad y menos sobrepeso. O sea, cada vez son más gordos». En Salamanca «no estamos mal, si se compara con otras zonas de España». Los mayores porcentajes se dan en Andalucía y Canarias, mientras que en el País vasco y Navarra hay menos. «Nosotros estamos en zona media».

La obesidad infantil afecta igual a niños que a niñas y se debe «sobre todo a una mala alimentación». En menos de un 5% las causas son genéticas, apunta Prieto, ya que «en ocasiones, van acompañadas con otro tipo de síndrome, como el retraso mental». Esas son más complicadas de tratar, «pero la gran mayoría siguen siendo las familias con predisposición a engordar en las que no se hacen correctamente las cosas».

La obesidad que aparece antes de los 3-5 años «es en la que hay que buscar que hay algo por debajo, genético». También hay algún caso complicado de obesidades causadas por enfermedades graves, como cardiopatías o tumores cerebrales, señala, pero «el resto de obesidades, que son a partir de los 5 ó 6 años son un problema educacional, social.

Para adelgazar, añade, hay que buscar siempre un equilibrio entre lo que se ingiere y lo que se gasta. «Hay determinadas personas, determinadas familias, que desde el punto de vista genético, tienen más tendencia a engordar, porque tienen menos gasto y son menos conscientes de lo que comen». Esas personas «en el ambiente en el que estamos, en el que la publicidad es todo de alimentos hipercalóricos, en el que vamos en patinete eléctrico a todos los lados,... pues engordan». En esos casos, afirma, lo que se debe hacer es más ejercicio y quitar todas las calorías vacías.

Prieto y Martín forma la Unidad de Endocrinología Pediátrica, donde además, trabajan una enfermedad y habitualmente dos pediatras residentes. En la actualidad, atienen a aproximadamente un centenar de niños que les derivan de Atención Primaria. «Aquí están llegando los pacientes que tienen algún tipo de complicación o una obesidad incontrolable o que se adhieren menos a las recomendaciones que les da el pediatra o que son mucho más obesos», explica Prieto. Martín añade que «los pediatras de Primaria cada vez nos filtran más los niños que derivan a hospital. Antes nos mandaban a todos los obesos y ahora no, porque eso es labor de Primaria, ya que con el niño obeso se ha visto que funciona si estás viéndolo cada mes».

En la unidad, explican, se realiza un estudio general para ver en qué se está fallado y de forma inicial no hacen una restricción de calorías, sino un reajuste de la dieta y el ejercicio. «Muchos engordan porque la dieta que hacen no es adecuada, porque tiene muchas calorías vacías, es decir, mucho refresco, mucho picoteo... Le vas diciendo lo que hay que hacer y luego si ves que han conseguido adecuar unas buenas medidas higiénico-dietéticas y que no pierden peso, entonces empiezas a quitar calorías, pero en principio muchos, si hacen las cosas como hay que hacerlas, tienen una pérdida importante de peso sin dietas especiales».

Los resultados son buenos «si cumple», porque a veces les cuesta. «No es solo un problema del niño, es un problema familiar, de costumbre», afirma Martín; «hay cosas que si no se tienen en casa, no se comen». En la mayoría de las obesidades importantes se pierde peso, pero «llegar a normalizarlo es muy raro, porque al final se acaban relajando. Todo niño tiene capacidad de adelgazar, pero se lo tiene que tomar en serio e implicarse la familia y el equipo médico».

Sus recomendaciones para que un niño no tenga sobrepeso u obesidad son una dieta variada, quitando lo que se llaman calorías vacías, un ejercicio normal y restringir las horas delante de las pantallas, no ya la tele, afirman, «es más la tablet». Hay que «salir más a la calle y hacer una dieta normal, sin refrescos, golosinas, bollería, productos comerciales... No se necesitaría nada más y solo quedarían los casos genéticos de obesidad».

Vínculo con las anorexias

Otro de los problemas relacionados con una mala alimentación es la anorexia. Y cada vez hay más casos de anorexia ligados a antecedentes con la obesidad, tal y como explica Monserrat Martín. «Cuando empecé con la anorexia, como mucho tenía un niño obeso que acababa con problemas de anorexia. Ahora mismo, de las anorexias que vemos, más de la mitad tienen antecedentes de sobrepeso u obesidad», afirma. Y aquí tienen que ver mucho el acoso escolar o bullying, el ámbito escolar, el familiar... A estos niños, explica, se les aplica un tratamiento multidisciplinar, con un psiquiatra y psicólogo viéndole frecuentemente y un soporte nutricional.

La anorexia también tuvo hace unos años un aumento importante, pero en los últimos cinco está estable, asegura Martín, que señala que resulta curioso que los casos de anorexia se detectan siempre antes de verano y, sin embargo, suelen comenzar en septiembre con el inicio del colegio, pero los padres no se dan cuenta hasta junio. «Cuando el niño es obeso, piensan que está adelgazando, pero llega un momento en que ya los padres notan que no es normal, que se está obsesionando. En el caso de la obesidad, el problema son las obsesiones, hay que controlarlo para no pasarnos al otro lado».

Los niños anoréxicos por obesidad o sin ella son la mayoría preadolescentes, sobre todo niñas, entre los 11 y 12 años, aunque hay casos raros, como el de un niño que tuvieron de 3 años. La anorexia típica es la que aparece después de los 10 años, «son restrictivas, que no quieren o no pueden comer; hay otras vertientes, que vomitan, se pegan atracones».

La Unidad de Trastorno Alimentaria atiende en la actualidad 10 casos de anorexia entre los 10 y los 15-16 años, de los que cuatro son agudos. Es una enfermedad que tiende a cronificarse, por lo que hay que hacer seguimiento a largo plazo para que no haya recaídas».

Hay que recordar que al hacerse adultos, tanto la anorexia como la obesidad ya no se llevan en Pediatría.

Las causas de la anorexia «es un conjunto de todo», hay que tener una predisposición genética y condicionantes sociales y ambientales. «Es una sociedad en la que se premia la delgadez» y, además, «la anorexia no suele ser en chicas que sufran bullying, al revés, muchas veces son jefes; chicas muy válidas, con buenas notas, muchas amigas, pero les falla la autoestima».