Combarro, misterioso tesoro gallego donde aún habitan las meigas

Combarro, misterioso tesoro gallego donde aún habitan las meigas

Considerado como uno de los pueblos más bellos y pintorescos de toda Galicia, entre sus callejones y hórreos de piedra se respira magia

ÁLVARO ROMERO

El misterioso pueblecito de Combarro se encuentra en un enclave privilegiado, frente al mar, en el corazón de las Rías Bajas gallegas, a tan solo seis kilómetros de la ciudad de Pontevedra, capital de la provincia. Precisamente es la Ría de Pontevedra la que baña su pequeño litoral. El casco antiguo, declarado Bien de Interés Cultural en la variedad de Conjunto Histórico, constituye una completa muestra representativa de tres elementos arquitectónicos tradicionales de Galicia: los hórreos, las casas marineras y los cruceros.

Combarro parece un lugar encantado, es considerado como el pueblo de las meigas. Leyendas populares de la Galicia de antaño, brujas aliadas con el diablo para hacer el mal. Cada uno de sus rincones transmite más misterio aún si cabe que el anterior, una magia que se apodera del ambiente y embauca al viajero incitándole a recordar cada uno de los pasos que allí dio.

Tierra de cruceros

La villa, de tradición marinera, se levanta en robusta piedra. Tanto los muros de las casas como los suelos lucen este material. En su casco histórico mantiene intactos una estructura urbanística y un estilo arquitectónico propios de los siglos XVIII o XIX. Entre tanta callejuela sinuosa aparecen, para dar un respiro, pequeñas plazoletas que invitan a pararse y disfrutar de cada uno de los edificios que las flanquean.

La plaza de San Roque es una de las más sorprendentes, allí se levantan dos cruceros, uno de ellos sobre la propia roca de granito que sobresale por encima del piso. Un total de siete cruceros decoran la localidad, todos ellos colocados para proteger de las meigas que allí se reunían. Situados normalmente en plazas o cruces de calles, cuentan con una peculiaridad: la figura de la Virgen suele mirar siempre al mar y la del Cristo hacia tierra.

La iglesia de San Roque es considerada como la obra arquitectónica de carácter religioso más importante de Combarro, erigida en el siglo XIX sobre una antigua parroquia destaca por su belleza pues pese a su escaso tamaño es un precioso rincón. La plaza Peirao da Chousa es otro de los rincones a destacar, allí se ubica la biblioteca local y muy cerca la fuente de la Rana.

Siguiendo la calle Rúa do Mar se accede a la ría, donde se encuentran las tradicionales casas marineras, de soportales estrechos y balcones construidos en piedra o en madera. Dependiendo del poder económico de la familia se construían en uno u otro material. Allí abundan bares y restaurantes de gastronomía local, además de tiendecitas de suvenires y artesanía local.

Costa de hórreos

En la villa de Combarro existen alrededor de 60 hórreos de los cuales la mitad encuentran su sitio en la zona costera, frente a la preciosa Ría de Pontevedra. La existencia de estos elementos denota una buena convivencia de la vida agrícola y ganadera con la actividad pesquera.

La mayoría de ellos se construyeron entre los siglos XVIII y XIX a modo de almacenes, con el objetivo de proteger y guardar alimentos tanto para la población local como para los animales. De esta manera se ponían a salvo del agua y la humedad, factores meteorológicos habituales en Galicia que deterioraban los víveres.

De visita obligada es también el puerto de la localidad y, si el tiempo acompaña, darse un baño en alguna de sus playas, por ejemplo la del Padrón, próxima al trazado urbano.

Cocina de producto

Si hay algo que enamora a todos los turistas que se acercan hasta Combarro, ya sean nacionales o extranjeros, es la gastronomía, sin duda uno de los tesoros de Galicia. Degustar allí los productos del mar es todo un placer, en la calles cercanas a la costa se puede hacer con unas vistas espectaculares de la ría.

La calidad del producto es la base de la cocina local, mariscos, pescados y carnes se tratan con mimo en la cocina de cada uno de los restaurantes que se reparten por la villa. Allí se saca el máximo partido a todos esos manjares consiguiendo sabores excepcionales y elaborando guisos exquisitos. Todo ello sin olvidar la repostería y los postres de leche, un dulce gallego es la mejor forma de culminar un buen banquete.