La reserva de ciervos cumple 41 años convertida en el orgullo de Palencia

Dos cervatillos comen el pienso que les suministra unl agente medioambiental. /
Dos cervatillos comen el pienso que les suministra unl agente medioambiental.

El recinto del Monte el Viejo, montado por el Icona con 10 ejemplares traídos de Toledo, alberga ahora 64 animales

ASUN GARCÍApalencia

No hay familiar o amigo que venga a Palencia que se marche sin ver los ciervos del Monte el Viejo. La visita a la reserva es tan obligada como subir al Cristo o conocer la catedral. Y es que 41 años después de que el Icona montara este recinto con diez ejemplares, los ciervos han hecho de estas casi 50 hectáreas su hábitat natural y se han convertido en el orgullo de los palentinos.

Datos

Procedencia
1975
es el año en que el Icona trasladó ciervos de la finca Quintos de Mora al Monte el Viejo y a Covalagua.
Espacio
1.435
hectáreas dedicadas al rebaño de ciervos en el Monte el viejo.
De todas las edades
32
es el número de machos del recinto, junto con 20 hembras, 7 baretos y 5 crías.
Población ideal
20-25
es el número de ejemplares que se considera adecuado poder compaginar en la minireserva el espacio vital para los animales y un número atractivo par el público.

«Sí. Constituye una gran atracción, para familias con niños, que tienen una vinculación especial con los animales, y para los palentinos en general, que están muy encariñados con la reserva y trae aquí a todas las vistas de fuera», según afirman los agentes medioambientales Eduardo y Santiago.

De hecho, esa era la intención con la que se creó este espacio, un fin recreativo y para darle un valor añadido al Monte, indica Adrián Rossignoli, ingeniero forestal y jefe de sección en este área.

La reserva de ciervos, una especie que «ni estaba ni está en esta zona», en palabras de Rossignoli, se instaló en el Monte el Viejo en 1975. Los diez ejemplares con los que se abrió al público se trajeron de la finca Quintos de Mora, un exclusivo espacio cinegético en la provincia de Toledo, en aquel momento «cazadero» de reyes y aristócratas, y hoy también lugar de acogida de líderes españoles y extranjeros para el ocio y la caza. La iniciativa corrió a cargo de lo que entonces era el Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Icona), y a la vez que la reserva del Monte, se instaló otra similar en Covalagua, que no prosperó.

Un plus para esta Zona Natural de Espacimiento

El cercado de ciervos está enclavado en un monte de 1.435 hectáreas, declarado de utilidad pública en 1953. El Monte el Viejo es hoy una Zona Natural de Esparcimiento, catalogación que incluye la protección ambiental y el ocio, y está incluido en la Red de Espacios Naturales de Castilla y León.

El bosque tienen una vegetación de encinas quejigos, jara, madreselva, espino albar o rosa silvestre, así como lavanda o tomillo y otras plantas aromáticas. Entre la fauna propia del Monte el Viejo no están los ciervos, pero sí los corzos y los jabalíes, además de zorros, hurones, jinetas, garduñas, comadrejas y erizos. La culebra bastarda, la de escalera o el lagarto ocelado son algunos de los reptiles. Y el Monte es también el hábitat de multitud de aves, como ratoneras, milanos, cernícalos, autillos, búhos, cárabos o mochuelos.

Los atractivos naturales del Monte se complementan con dotaciones para los servicios y el ocio. Así, la Casa Grande, del siglo XVI y que fue vivienda de los guardas, es ahora un restaurante. En las inmediaciones hay circuitos deportivos, zona de juegos infantiles, pista polideportiva, pista de tenis y fuentes. La Casa Pequeña es del siglo XVIII y mantiene su uso como vivienda del guardia municipal. Cerca está el mirador, desde el que se puede ver una panorámica de la ciudad. En el Refugio, un edificio del siglo XX, está el bar restaurante, y en las proximidades se encuentran las piscinas municipales, además de una zona de mesas y barbacoas, aunque solo se utiliza una, debido al riesgo de incendios. Precisamente, dentro del cercado de los ciervos está la torre de vigilancia.

Aunque los agentes afirman que las visitas a este espacio no suponen mucha presión ambiental, sí llaman la atención sobre los residuos que los visitantes dejan en el monte, que deterioran, ensucia y afean la zona.

En un entorno con pasto, bellotas y sin depredadores, los ciervos se han adaptado perfectamente a esta reserva, instalada en terrenos del Ayuntamiento, que es el propietario del bosque, pero gestionada y financiada por la Junta.

Aunque no se dispone de cifras concretas de visitantes, la reserva recibe una media de 200 personas cada fin de semana, y cada día hay dos o tres vehículos con visitantes, además de los que suben andando, entre ellos algunos asiduos, indican los agentes medioambientales.

La berrea

La ubicación del rebaño constituye un lugar privilegiado para presenciar la berrea en el otoño. «Es un momento de especial atracción de visitantes, es un espectáculo al amanecer y a anochecer y se ve muy bien», subrayan los agentes.

Al no tener que desplazarse en busca de alimento ni huir, los ciervos llevan una vida tranquila, por lo que hay menos mortalidad que entre los que hacen vida salvaje, de forma que cada determinado tiempo llega a haber exceso de población y es necesario aplicar extracciones.

Precisamente, con una población de 64 ejemplares, la reserva está ahora en un momento que ya exige extracciones. Es decir, se hace necesario separar ejemplares y trasladarlos a otros ámbitos, para dejar un rebaño de en torno a 20-25 animales.

«Siempre va a haber más de los deseados, y hay que compaginar el que los animales tengan el espacio vital adecuado con mantener un número de ejemplares atractivo para que el público disfrute y se logre el fin recreativo que tienen este espacio», explica el ingeniero.

El censo de ciervos en la reserva se actualiza periódicamente, y ha llegado a tener hasta 80 ejemplares. Actualmente hay 32 machos, 20 hembras 6 baretos (machos jóvenes) y 5 crías nacidas el año pasado.

Pese a que podría considerarse que están en semicautividad, la extracción es un proceso complicado, tanto por lo costoso de atraparlos, como por el traslado, señala Adrián Rossignoli. Antes se les atrapaba con dardos anestésicos y mientras existió la reserva de Covalagua, se les trasladaba allí. En los últimos veinte años, desde que se montó el capturadero, se atrae a los animales con comida hacia el corral, se cierra y se les atrapa en este recinto. Luego se trasladan en camión a cotos de Extremadura, Ciudad Real o Ávila.