Argentina ha vuelto

Di María (i) e Higuaín celebran un gol contra Bélgica. /
Di María (i) e Higuaín celebran un gol contra Bélgica.

Messi sigue su progresión e Higuaín se reencuentra con un gran gol que tumbó a una timorata Bélgica

IGNACIO TYLKOMadrid

«¡Messi, la Copa nos vas a traer!» y «¡Maradona es más grande que Pelé!». Los himnos extraoficiales de Argentina en este Mundial se cantaron con un sentimiento que puso la piel de gallina en Brasilia. Una marea albiceleste invadió el estadio Nacional Mané Garrincha, el más caro del campeonato, con 500 millones de euros de coste y construido en una ciudad con equipos de cuarta división y donde sus habitantes son del Palmeiras, Corinthians, ambos de Sao Paulo, Flamengo o Botafogo, los grandes clubes de Río de Janeiro .

Casi un cuarto de siglo después, que se dice pronto, Argentina vuelve a competir entre los cuatro mejores del mundo, donde quizá siempre tendría que estar por tradición, competitividad, orgullo y una hinchada increíble que es capaz de matarse en un River-Boca pero luego muere por la albiceleste.

Sigue sin brilló, pero esta selección forjada por Sabella forma un grupo unido y fortalecido que ha ido a más. Perdió al Kun y ante una timorata Bélgica se rompió Di María, pero suplen las ausencias con oficio y gallardía. Messi progresa adecuadamente y ha vuelto Higuaín, que marcó tras once meses de sequía con su selección. Por primera vez este curso y después de siete partidos, el astro del Barça pudo con Courtois, aunque el portero le sacó un mano a mano increíble en el descuento que mantuvo viva la ilusión belga.

1 Argentina

Romero, Zabaleta, Demichelis, Garay, Basanta, Biglia, Mascherano, Di María (Enzo Pérez, min. 33), Messi, Lavezzi (Palacio, min. 70) e Higuaín (Gago, min. 80).

0 Bélgica

Courtois, Alderweireld, Van Buyten, Kompany, Vertonghen, Witsel, Fellaini, Mirallas (Mertens, min. 59), De Bruyne, Hazard (Chadli, min. 75) y Origi (Lukaku, min. 59).

Árbitro
Nicola Rizzoli (Italia). Mostró amarillas a Hazard, Alderweireld y Biglia.
Gol
1-0: min. 8, Higuaín.
Incidencias
Partido de cuartos de final del Mundial de Brasil 2014, disputado en el estadio Nacional de Brasilia. Lleno, con mayoría albiceleste.

Messi ha sufrido una temporada paupérrima en el Barça, a un nivel físico muy deficiente y en muchos partidos arrastrándose, pero va encontrando el punto en el Mundial. Llegó todavía dubitativo, pero sus cuatro goles, la continuidad y las victorias le han dado alas. Frente a Bélgica se acercó al gran Leo en el primer tiempo, ya que luego decreció su ritmo. Bajó a recibir, se movió por todo el frente de ataque, dribló, asistió, provocó faltas y mostró chispa. Y Argentina sueña porque todo es posible cuando aparecen los extraterrestres.

El astro de la albiceleste fue clave en el gol que marcó el camino hacia la semifinal. Luchó para robar un balón en la zona de medios, caracoleó, se dio la vuelta y abrió a Di María. Luego, Higuaín se aprovechó de un mal despeje para marcar un golazo y cerrar un debate. No está a tono por esa grave lesión de tobillo sufrida con el Nápoles, pero el exmadridista se liberó.

Desahogo

Fue como un desahogo. Según le llegó el balón, metió de lleno el empeine y Cortouis sólo pudo hacer la estatua. El Pipita se tocó el pecho y gritó «¡yo!» para reivindicarse. Todos sus compañeros lo festejaron a lo grande por su importancia y porque una selección que aspira a ser campeona necesita un 9 de ciertas garantías. Se creció Higuaín, la grada coreó su apodo, y en la segunda mitad el ariete trazó un contragolpe pletórico de fuerza, con caño incluido y disparo al travesaño ante la tímida salida de Courtois. Estaba ya tieso cuando le sustituyó Gago a diez minutos del final.

Tras una fase de grupos anodina y una victoria agónica frente a Suiza en octavos, Argentina salió con más autoestima y seguridad frente a una Bélgica muy respetuosa con el rival, superada por lo que significa jugar unos cuartos de final de la Copa del Mundo. Los jóvenes diablos rojos disfrutan de una notable selección, pero ya dijo en la víspera Marc Wilmots, su técnico, que ya han cumplido con creces entre los ocho primeros. Una método para escapar de la ansiedad, pero con un tic conformista.

Los belgas llevaban dos ediciones ausentes de la gran competición y no estaban en una semifinal desde México86, precisamente cuando cayeron frente a Argentina con dos goles de Maradona. Juegan bien y lo hacen casi todo correcto, pero aún les faltan fuste, experiencia y contundencia. Algo similar a lo que le sucedió a los colombianos frente al anfitrión.

Sabella introdujo varios cambios significativos. Estaba cantado que Basanta era el sustituto del sancionando Rojo en el lateral izquierdo, pero fue sorprendente la entrada del viejo Demichelis en lugar de Federico Fernández. Es más lento el central del City, pero le ofrece más garantías porque es más canchero, va mejor por arriba y conoce bien a su compañero Kompany, peligroso en la estrategia. En el medio prescindió de Gago y apostó al fin desde el inicio por Biglia, más rápido, decidido y valiente en los pases.

Funcionaba bien el plan pero se se produjo un contratiempo grave por la lesión de Di María tras otra jugada de Messi. El explosivo extremo zurdo del Real Madrid, que esta vez jugó a pierna cambiada con su selección, arrancó, hizo un recorte, tiró y se cayó al suelo porque el músculo le avisó. Trató de seguir pero no podía. Una baja fundamental que se sumaba a la del Kun Agüero. Entró Enzo Pérez, interior del Benfica con capacidad de sacrificio, buen recuperador, incansable y de los que tienden a llegar al área rival.

Dio varios pasos atrás la albiceleste tras marcar, pero Bélgica sólo dispuso de una ocasión antes del descanso. El cabezazo de Mirallas en plancha se fue desviado. El mejor de los europeos era De Bruyne, a un gran nivel en este Mundial aunque no es de los mediáticos. No respondió en el Chelsea pero en el Wolsfburgo sí ha exhibido visión, velocidad y dinamismo. Defraudó en cambio Hazard.

El dominio belga se intensificó tras el descanso, Lukaku aportó más mordiente que Origi, pero nunca dio la sensación de que Argentina encajase un gol. Acabó el duelo, un grito de júbilo se escuchó en todo Brasilia y hasta Courtois dio una vuelta al ruedo para aplaudir a la hinchada argentina. La final soñada entre Brasil y Argentina está un paso más cerca. Y se la perdería Neymar. Y el legendario Di Stéfano lucha para no perdérsela. Demasiadas emociones para su maltrecho corazón.

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