El día en que Blanca entró en el Olimpo

El 20 de febrero de 1992, a punto de cumplir 29 años, alcanzó su sueño y logró la primera medalla olímpica femenina para España en los Juegos Olímpicos de Invierno de Albertville

JAVIER VARELA y RODRIGO ERRASTI MENDIGURENMadrid

El 20 de febrero de 1992 cambió la vida de Blanca Fernández Ochoa y del deporte español. Aquel jueves ya es parte de la historia y significó el principio de una leyenda. El día era precioso en Albertville y Blanca sabía que era su día. Años después confesó que se había estudiado el recorrido y que le gustaba aquella nieve y la pendiente. Cosas de esquiadores. La sombra de lo ocurrido cuatro años atrás en Calgary (Canadá) merodeaba por aquellas montañas francesas y en la cabeza de la esquiadora española.

Cuatro años antes, en los Juegos celebrados en Calgary tuvo la medalla de oro al alcance de su mano, pero en la segunda manga perdió el control del esquí interior y se cayó. Esta vez no podía fallar y para eso se concienció. «Era la última oportunidad, porque me retiraba. El fantasma de los anteriores Juegos era muy pesado», recordaba cada vez que rememoraba aquel jueves de febrero. Pero no falló. Arropada por sus siete hermanos, que hacían ondear las banderas españolas y entonaban las canciones que le gustaban a Blanca, la española entró en el Olimpo.

«Era la última oportunidad porque me retiraba. El fantasma de los anteriores Juegos era muy pesado»

«Le eché valor y me dije, la gloria o nada». Tocó la gloria tras los 45.10 segundos más largos del deporte español. Su familia, en la meta, y toda España, pendiente del televisor, explotaron de alegría cuando Blanca entró en la meta y certificó la medalla de bronce. En la antesala de la histórica cita olímpica de Barcelona, Blanca Fernández Ochoa se erigió en la primera medallista olímpica española, tanto en Juegos de verano como de invierno. La gloria. «Aquel bronce me supo a oro», dijo en muchas ocasiones.

Cohetes y fiesta en Cercedilla

En su pueblo, Cercedilla, la carrera se vivió en el Club de Mayores de la localidad madrileña. Una mañana mágica, fría. Aquel jueves el alguacil del pueblo cerró el ayuntamiento a las 13.45 por orden del entonces alcalde, Enrique Espinosa, para que ningún 'parrao' se perdiera el eslalon de Blanca, la hermana de Paco 'el medallas'. Los 45.10 segundos del descenso se vivieron con nervios, tensión, lloros, emoción y un estallido de alegría cuando se confirmó el bronce de Blanca. No repicaron las campanas de la Iglesia de San Sebastián, como cuando su hermano se colgó el oro 20 años antes de Sapporo, pero no se escatimó en cohetes, charangas, choricitos, panceta, olés y pancartas. El pueblo tenía otra medallista olímpica.

Blanca esquió con el dorsal 8 y capturó la segunda medalla olímpica invernal de España hasta los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 en la estación de Meribel. «La medalla de Albertville fue un pago a la persistencia, al sacrificio. El trabajo siempre paga. Y cuando te caes, tienes que levantarte. Siempre. No importa las veces que te caigas. Lo importante es que te vuelvas a levantar», explicaba Blanca en un homenaje con motivo del 25 aniversario de su gesta.

Aquella hazaña, vista en directo por televisión por medio país, puso también en órbita un deporte, el esquí, que vivió en los noventa el punto álgido en nuestro país

Blanca Fernández Ochoa participó en cuatro Juegos Olímpicos: Laked Placid en 1980, Sarajevo en 1984, Calgary en 1988 y Albertville en 1992. Además de seis mundiales, donde su mejor resultado fue un cuarto puesto el eslalon de Vail, EEUU, en 1989 y ganar cuatro de las carreras más importantes de eslalon y eslalon gigante. Pero aquel jueves del 92 siempre estará en la memoria.

El olimpismo español la recompensó, le dio el reconocimiento nacional al ser la abanderada de España en los Juegos Olímpicos de invierno de Sarajevo en 1984 y de Albertville en 1992. También recibió la Real Orden del Mérito Deportivo en 1994 y los premios Reina Sofia en 1983 y 1988.