El segoviano David Llorente, subcampeón del mundo de piragüismo

David Llorente, con varios amigos desplazados hasta la Seu d'Urgell con una pancarta de apoyo./RFEP
David Llorente, con varios amigos desplazados hasta la Seu d'Urgell con una pancarta de apoyo. / RFEP

El piragüista de Palazuelos de Eresma consigue la medalla de plata, pero la Federación todavía no ha confirmado su clasificación para los Juegos Olímpicos de Tokio

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

La transformación de David Llorente en una figura global del piragüismo se ha completado este domingo en el canal de la Seu d'Urgell. Cuatro años después de ser plata en el Mundial sub-23 con apenas 18 años, se ha colgado la misma medalla en el absoluto. Con el mismo rival, el chico Jiri Prskavec, en lo alto del podio de K-1 Slalom. Por el medio, su quinto puesto en el Europeo absoluto de Pau. Con todo, la Real Federación Española de Piragüismo está decidiendo este domingo cómo asignar la plaza para los Juegos Olímpicos.

El segoviano, el único español con resultados para ser preolímpico, tenía el billete si ninguno de los otros dos compatriotas no subía al podio. El supuesto se complica porque Joan Crespo fue bronce y eso le convierte en embarcación preolímpica, aunque tenga peores resultados durante el año. Con todo, el último supuesto de los criterios de selección de la Federación daría, a priori, la plaza al segoviano. «Si una embarcación preolímpica ganase una medalla de plata o bronce en el mundial de la Seu d'Urgell, esta embarcación medallista sería considerada olímpica sin necesidad de hacer la fase 3 [el preolímpico], si no hay otra embarcación con 15 o menos puntos o una campeona del mundo».

Llorente, con una transmisión muy potente, voló desde el inicio en la final. Con una trayectoria limpia, remontó hábil la puerta 5 y mantuvo un ritmo diabólico. El mérito del segoviano, que siempre ha sido una fuerza de la naturaleza, es la mejora técnica. La bajada inmaculada continuaba por los lugares más complejos del recorrido. Así llegó a las puerta 20, donde dos minutos antes había claudicado Jakub Grigar, su gran rival generacional, por cogerla desde muy arriba. El segoviano, paciente, dejó caer el kayak y siguió adelante.

Es complicado imaginar una bajada mejor, aunque alguien que lleva entrenando seis años en esas aguas bravas tendrá otras. La filosofía de Llorente es arriesgar hasta el final, porque si va con contención se pierde. Y fue fiel a ella hasta las últimas consecuencias. El oro estaba a tiro y fue a por él. En esas, entró demasiado rápido en último remonte, el de la puerta 23 y no evitó el toque. Con todo, salió raudo y marcó el mejor tiempo (85.96). Las cámaras captaron ese gesto de lo que podría haber sido. Se observaba satisfacción, con esa mano contenida de: «Lástima, casi lo clavo».

Aún empapado, tocaba ver qué hacían los ocho finalistas restantes. Sobre todo Crespo, el único que podía chafar la plaza olímpica de Llorente. Hizo una bajada correcta, sin penalizaciones, pero estuvo lejos del segoviano (87.22). Empezaron a pasar palistas de primer nivel sin superar a los dos españoles. El británico Bradley Forber-Cryans bajó por cuatro centésimas la marca de Llorente, pero la revisión por vídeo le asignó dos segundos de penalización. El checo Vit Prindis también bajó a toda mecha, pero le condenaron los cuatro segundos de penalización, los mismos que el ruso Pavel Eigel. Así llegaron los tres últimos en bajar. Cualquier fallo implicaba un escalón en el podio. El portugués Antoine Launay fue de menos a más, pero se descartó con un toque en la última prueba. El bronce ya era el mal menor. El siguiente turno fue para el británico Joseph Clarke, el más exigido de todos, pues no solo tenía en mente a Llorente, sino a su compatriota. Lo arriesgó todo y cuando llegó con cuatro segundos de penalización estrelló la pala contra el agua.

Ahí estaba Llorente, enfocado por las cámaras como ocupante del trono mundial vacante a la espera de un solo palista. Pero era Prskavec. La bajada del checó legitimó por qué Llorente debía arriesgarlo. Fue el único que se acercó al segoviano en el primer parcial –perdía 16 centésimas- y ya le superó en el segundo (-0.36). En ese momento, el de Palazuelos de Eresma hizo el gesto, negando con la cabeza. Aun así, el checo entró con todo en la puerta 23 y firmó un tiempo extraordinario (84.26). Solo Llorente, si hubiera culminado su obra, habría bajado de los 84 segundos.