«Hemos logrado bastante igualdad en el mundo de la ópera»

Katehrine Broderick, en Valladolid. /Henar Sastre
Katehrine Broderick, en Valladolid. / Henar Sastre

La Sinfónica regional inicia la temporada con Strauss y Mozart a las órdenes de su titular, Andrew Gourlay

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Tiene una voz wagneriana y una sensibilidad formada en la música y la literatura del XIX. Katherine Broderick debuta esta semana con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, dirigida por su amigo desde los años de estudiantes en Manchester, Andrew Gourlay. Y lo hace con las 'Cuatro últimas canciones', de Richard Strauss, en la lengua que más próxima le resulta, el alemán.

«Richard Strauss es técnicamente difícil, su música está escrita para explotar las cualidades de la soprano –su mujer lo era– y lleva la voz a unos extremos complicados. Pero además era un hombre que utilizaba la música para verter su experiencia y su vida. Cuando pasas ese listón técnico, puedes dejar gozar a la voz», explica la soprano inglesa. «En mi caso siento que vuela. Llevo toda la vida intentando conocer mi voz, sé que le va mal trasnochar o el alcohol, sé de sus preferencias y posibilidades: puedo cantar frases muy largas, los requisitos de Wagner por ejemplo. Pero con estos poemas de Hermann Hesse a los que pone música Strauss, sobre todo el tercero –que habla de la vida tras la muerte, de que pasamos aquí un tiempo corto pero cuando el cuerpo muere el alma perdurará en otras mil vidas–, ahí repito esta frase durante tres páginas. Y mi voz vuela como esas almas».

Broderick siente cercanía con ese compositor que dedicó buena parte de su tiempo a la vida familiar y lo trasladó a sus partituras ('Sinfonía doméstica'). Ella tiene dos hijos que, lejos de aplaudirla cuando canta en casa, le reprochan que lo hace demasiado fuerte. «Les gusta más el rock, claro. Pero el mayor ya empieza a interesarse y me ha pedido un disco mío para llevarlo al colegio. Está bien que los niños vean que también sus madres tienen una carrera profesional y yo soy feliz porque puedo pagar mis facturas con mi voz».

Las semanas de conciertos fuera se alternan con periodos de estudio en casa, «así que puedo pasar más tiempo con ellos que mucha gente que tiene un trabajo diario y duerme en su casa. Ahora estaré dos meses preparando el 'Tristán e Isolda' que haré en Montpellier».

Broderick está involucrada en la plataforma SWAPRA (Supporting women and parents in opera). «Se ha logrado que haya servicios de guardería para atender a los hijos de los cantantes cuando asisten a clases o formación. La última propuesta importante ha sido la agenda. Normalmente el director e incluso los músicos tienen calendarios semanales o mensuales de su trabajo. Los cantantes, no, y es así en toda Europa. Entonces nunca puedes organizarte y debes buscar una 'nanny' que cubra todo el día porque nunca sabes cuando serás requerido en el ensayo. Si conocemos con antelación las horas en las que se nos espera, podemos organizar la intendencia. Ya hay dos compañías de ópera en Reino Unido que lo han regulado», explica Katherine. A pesar de todo, reconoce que «en el mundo de la ópera hemos logrado bastante igualdad. Los colegas hombres ya no hacen papeles femeninos y nosotras no llegamos a sus papeles. Hay respeto mutuo».

Broderick celebra la fortuna de los cantantes, «porque además de la música tenemos el texto. La literatura es un regalo. Para nosotros la palabra es igual de importante que la música». Por eso disfruta también de hacer en esta temporada los lieder de Wagner y los de Strauss, «los principales ciclos de canciones alemanas para soprano».