Un chelo barroco entre las tallas de Berruguete

Amarilis Dueñas, junto a su chelo moderno y su chelo barroco. /
Amarilis Dueñas, junto a su chelo moderno y su chelo barroco.

Amarilis Dueñas ofrece este jueves seis ‘conciertos cápsula’ en el Museo de Escultura dentro del programa MusaE

VICTORIA M. NIÑO

Las tallas de Alonso Berruguete bailarán este jueves en sus salas del Museo Nacional de Escultura al son de las danzas de Bach que interpretará Amarilis Dueñas. La chelista vallisoletana participa en el programa MusaE que lleva la música, de la mano de jóvenes intérpretes, a los museos nacionales. Amarilis ha elegido para este viaje a Bach y estrenará instrumento, su segundo chelo barroco.

«Lo llaman concierto en cápsulas y tocaré en las salas de Berruguete. Venía que ni pintado Bach, mi primera pasión musical, así que aproveché la ocasión para darme el gustazo». Celebra Amarilis (Valladolid, 1998), como todos los chelistas, tener las seis suites del cantor de Leipzig, «son uno de nuestros pilares y más libres que otras obras». Ydentro de ellas, se queda con las danzas de las cinco suites, «ya que la sexta es para chelo piccolo». Comienza a las doce con el preludio de la primera suite «que es como la firma del chelista. Por la mañana hago la parte más llevadera, más alegre. Por la tarde, la más dramática, la 2ª y 5ª suite, que son en tono menor, melancólicas. Para mí la 5ª es la definición de la belleza, tiene una carga dramática y técnica importante. Cierro con la 3ª para quitar hierro al concierto».

Graves dramáticos

Precisamente Bach le abrió la puerta por la que pasó del romanticismo a la música antigua. «Me despertó esas ganas y fue creciendo la atracción por la música antigua. Luego descubres la francesa y te lleva a la viola da gamba, no supe resistirme. Es un lujo poder disfrutar de los tres instrumentos», explica quien debutó con el chelo barroco en junio de 2014 en Portugal, junto a la orquesta lusa Concerto Ibérico.

El chelo barroco que estrena mañana es «un recién nacido. Un instrumento nuevo necesita un año para que se abra el sonido, se conozca a sí mismo y tú lo conozcas. Pero cuando lo probé, sentí que podía arriesgarme». Su segundo chelo barroco lo ha construido «el luthier Eduardo Francés Bruno, de Béjar, que me hizo una viola da gamba. Elegimos el modelo Domenico Montagnana (Venecia 1723) cuyo original lo tiene el chelista noruego Truls Mork. Nos encantó porque es precioso». A la estética se une alguna petición sonora personal. «Le pedí que incidiera en los graves, que sean rotundos, que digan somos barrocos. Tiene menos proyección pero más dramatismo».

Amarilis terminó el grado medio del chelo moderno el curso pasado, pero ya se había sumergido de la mano de su profesor Javier Aguirre en los criterios historicistas. «El chelo moderno me encantó, el romanticismo fue mi primera pasión, pero luego salió este otro amor del chelo barroco y no se tienen celos». El chelo sin pica, con menos volumen, otro arco y una literatura propia la llevó a la música del XVIII. «Si tienes instrumentos que se corresponden a su época entiendes mejor la música de ese compositor. La interpretación histórica te ayuda a entender a Bach y él me ha ayudado a crecer personal y musicalmente».

Y la música francesa le descubrió la viola da gamba. «Pensamos que el chelo se impuso a la viola da gamba e hizo que se extinguiera, pero no es verdad.La viola siempre estuvo ahí, oculta a la sombra de la nueva familia de cuerda. La viola tienen un repertorio propio, el francés, que es como una isla. Es música más íntima, con una estética más rompedora. Lo encuentras y vives entre una vegetación diferente», explica la chelista ganadora de una mención especial en el concurso de Juventudes Musicales de 2014.

Esta «madre soltera» divide su tiempo entre tres instrumentos «que se llevan bien, no son incompatibles técnicamente».

 

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