Reírse del horror

Viñeta de Mingote en 'ABC' sobre la caída del Muro de Berlín en 1989. /Mingote-ABC
Viñeta de Mingote en 'ABC' sobre la caída del Muro de Berlín en 1989. / Mingote-ABC

Un libro recrea los últimos años de la Guerra Fría a través de las viñetas publicadas en 'ABC', 'El País' y 'La Vanguardia'

Enrique Berzal
ENRIQUE BERZALValladolid

A Nikita Kruschev, uno de los mandatarios soviéticos más singulares por su carácter espontáneo y enérgico, le gustaba fanfarronear ante los periodistas con gracietas sobre la capacidad destructiva de la URSS. En cierta ocasión, por ejemplo, requirió a un visitante norteamericano que le indicara en un mapa su lugar de nacimiento; cuando aquel señaló Minneapolis, el secretario general del PCUS trazó con lápiz un gran círculo alrededor y le explicó: «Para que no olvide yo que perdonen a esta ciudad cuando los cohetes vuelen».

La anécdota, recogida en la 'Nueva historia de la Guerra Fría' de J.L. Gaddis, nos hace caer en la cuenta de que ni siquiera en una época como aquella, marcada por el rearme intensivo de las dos superpotencias –EEUU y la URSS- y el miedo cerval a la guerra nuclear, faltaron episodios de humor. No digamos ya en los periódicos, cuyas informaciones sobre los acontecimientos que marcaron la Guerra Fría, a menudo graves y preocupantes, tenían su locuaz contrapunto en una viñeta mordaz e incisiva.

Pocas veces se ha reflexionado sobre el poder del humor en etapas traumáticas de la historia actual. Por eso Coral Morera, profesora de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad de Valladolid, ha puesto su valioso grano de arena con el libro 'Humor en tiempos revueltos. El final de la Guerra Fría en viñetas (1979-1989)', publicado por el servicio de ediciones de la Universidad vallisoletana.

Viñeta de Máximo en 'El País' sobre la conferencia de Madrid en septiembre de 1983.
Viñeta de Máximo en 'El País' sobre la conferencia de Madrid en septiembre de 1983. / El País

Y es que el humor gráfico, como señala el historiador José-Vidal Pelaz, autor del prólogo, «puede ayudar a despertar conciencias, a mover voluntades, a establecer rechazos y promover adhesiones». Así ocurrió durante la Guerra Fría, un periodo marcado por la batalla geoestratégica entre dos modelos tan distantes y enfrentados como fueron el democrático y capitalista de Occidente y el comunista del Este, y en el que la propaganda y los medios de comunicación jugaron un papel determinante. También en España, de hecho, la prensa nacional, que en esos momentos lideraban los diarios 'El País', 'ABC' y 'La Vanguardia', desempeñó un papel esencial a la hora de ayudar a posicionarse a la opinión pública.

Convenientemente contextualizadas, viñetas como las que publicaron Antonio Mingote ('ABC'), Enrique Oliván, 'Oli' ('La Vanguardia'), Máximo San Juan, 'Máximo', y José María Pérez, 'Peridis' (ambos en 'El País') demuestran «la utilidad del humor gráfico como testimonio y fuente histórica», apunta Morera. Es la primera conclusión que aporta tras analizar cómo ilustraron los principales hitos que jalonaron la década estudiada, distribuidos entre las conferencias de desarme, los enfrentamientos bélicos más importantes y el final de la Guerra fría.

Viñeta de Mingote en 'ABC' sobre la crisis de Polonia en 1981.
Viñeta de Mingote en 'ABC' sobre la crisis de Polonia en 1981. / Mingote-ABC

Los diferentes encuentros entre estadounidenses y soviéticos para tratar la manera de limitar la desenfrenada carrera de armamentos fueron recibidos, en general, con una mirada amarga, irónica y descreída por parte de los viñetistas. El escaso alcance de lo acordado en Viena (1979), Madrid (1983), Estocolmo (1984) y Ginebra (1985), el abrupto final de Reykyavic (1986), con Reagan levantándose airado de la mesa, y la amenaza constante de una destrucción nuclear presidieron los trabajos de los humoristas gráficos. Así, Mingote no dudó en retrotraer a los negociadores a su característica Edad de Piedra, 'Máximo' avanzó la muerte de la paloma de la paz, a punto de ser engullida en una mesa de negociaciones, y 'Oli' retrató a los líderes de ambas superpotencias dispuestos a dialogar misil en mano.

Lo cierto es que su escepticismo estaba más que justificado, a tenor de sucesos como la represión de Jaruzelski en Polonia contra la oposición encabezada por el sindicato 'Solidaridad' (1981), el derribo de un avión surcoreano por cazas soviéticos en la isla de Sajalin (1983), la invasión estadounidense de la isla de Granada (1983) o la crisis del Golfo de Sirte, en abril de 1986, cuando tropas norteamericanas bombardearon distintos puntos de Trípoli y Bengasi en represalia por el atentado en una discoteca de Berlín, atribuido a Libia, que hirió a 63 ciudadanos norteamericanos.

Unanimidad polaca

Únicamente el caso polaco suscitó cierta unanimidad temática en las viñetas, en el sentido de condenar la represión comunista contra los líderes opositores; es lo que hicieron, por ejemplo, 'Oli' al cambiarle el casco a un obrero por otro de soldado, o 'Peridis' al dibujar a Brézhnev mimetizado en unos tanques que aplastaban a Lech Walesa. En los restantes sucesos, sin embargo, la desolación ante una paz cada vez más «mareada» se combinó con posicionamientos marcados por la propia línea editorial, casi siempre divergente: claramente antiamericanos en el caso de 'El País', como evidencia 'Peridis' dibujando a un Ronald Reagan que pisoteaba a la sociedad civil libia y amenazaba la soberanía europea; y más proclive a Estados Unidos en 'ABC', donde Mingote recordaba el no menos detestable imperialismo soviético, se mofaba de ciertas campañas pacifistas e incidía en el papel del líder libio Gadafi como adiestrador de terroristas.

Un Gorbachov consciente del colapso de la URSS, mucho más proclive a la reducción de arsenales atómicos y dispuesto a pedir ayuda para desplegar su 'Perestroika', como demostraron las Cumbres de Washington (diciembre de 1987), Moscú (mayo de 1988) y Malta (diciembre de 1989), anunciaba el principio del fin de la Guerra fría. La caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, y acontecimientos como el fusilamiento de Nicolae Ceaucescu, presidente comunista de Rumanía, condicionaron sobremanera a los humoristas gráficos, que acogieron el final de ese periodo histórico con euforia y alegría, si bien algo más contenida en 'El País' debido a su fijación antiamericana.

Viñeta de Oli en 'La Vanguardia' sobre la crisis del Golfo de Sirte de abril de 1986.
Viñeta de Oli en 'La Vanguardia' sobre la crisis del Golfo de Sirte de abril de 1986. / La Vanguardia

En efecto, si el derribo del Muro berlinés fue recibido por Mingote con una sarcástica burla al «No pasarán» del Partido Comunista y por 'Máximo' con dos triunfantes palomas de la paz sobre la Puerta de Brandemburgo, la muerte de Ceacescu, en diciembre de 1989, quedó reflejada en 'ABC' como la paz que traían las balas y en 'El País' con un doble desprecio: hacia George H. W. Bush, al que conminaba a volver a casa tras la invasión de Panamá, y a Ceaucescu, al que invitaba a no volver.

Los citados ejemplos y otros muchos que aparecen en el libro demuestran, como señala Coral Morera, la diferencia entre un modelo de humográfico más descriptivo y menos ligado a la opinión, como era el caso de 'La Vanguardia', y otro más coherente con la línea editorial, como ocurría en 'ABC' y 'El País'; pero todos ellos, en definitiva, vienen a refrendar «el poder del humor gráfico como instrumento de persuasión».