Javier Sierra, un 'best-seller' filosófico

Javier Sierra, en Valladolid/Henar Sastre
Javier Sierra, en Valladolid / Henar Sastre

El autor turolense presenta 'El fuego invisible', Premio Planeta 2017 con el Grial como motor argumental

SAMUEL REGUEIRAValladolid

La suya es siempre una narrativa a lomos de la enseñanza, lo didáctico sobrevolando lo novelesco, lo pedagógico alambicado en lo argumental. Javier Sierra ha procurado mantenerse fiel a esa voz propia desde que 'La cena secreta' llegase a las listas de los libros más vendidos en Estados Unidos, hace hoy catorce años. Con sus incondicionales y críticos siempre tras sus pasos, las obras 'El ángel perdido' o 'El maestro del Prado' fueron consolidando la figura literaria de este periodista, hasta que el pasado año se alzara con el Premio Planeta por 'El fuego invisible', aventura sobre investigadores literarios con el inagotable filón del Grial como motor argumental.

Pese al éxito, Sierra vive con la defensa de su estilo ya preparada: «No son incompatibles lo literario y lo pedagógico», declaró el miércoles momentos antes de su acto de presentación en la Feria del Libro de Valladolid; «lo separamos con los Modernismos, cuando se empezó a apostar por la forma y no por el fondo y explorábamos, con aspectos no necesariamente artísticos, las posibilidades del tema estilístico de la literatura sin valorar la necesidad de contar una historia. Pero hoy se está retornando, a su juicio, a un cierto clasicismo: «En este momento consideramos que la literatura tiene que estar al servicio de lo que cuenta, el lector contemporáneo sabe que hay mucho por leer y se queda con la que le informa y le da criterio, no solo con lo que le divierte».

Y es precisamente esa ansia por responder preguntas la que brilla en 'El fuego invisible', no tanto en su habitual contraposición de momentos claramente expositivos con los argumentales, sino en su último episodio, que presenta un notable cambio de tono con respecto a lo anterior y que supone un arriesgado guiño a 'La epopeya de Gilgamesh': «Tenía que rendir homenaje a esa primera gran obra porque entendí que la literatura fue inventada para responder preguntas». La cuestión que se plantea aquí es la fundamental en la existencia humana: qué hay después de la vida y por quñe hemos de morir: «Es un capitulo cuyo efecto es el de iluminar al lector, y los libros que recuerda son siempre los que han iluminado una región de su mente».

Sierra también arremetió contra la definición hispanohablante que se hace del término 'best-seller', tanto fuera como dentro del libro, donde su homenaje al Grial abarca tanto al clásico Chrétien de Troyes como a Dan Brown: «Nos lleva a interpretar que el libro es de baja calidad, pensado para entretener simplemente y satisfacer a una gran masa de lectores; pero no tiene ese sentido en el resto; donde el lector es el más listo de los consumidores de cultura, el más preparado y el más crítico. Para él, fustigar al autor de 'El código Da Vinci' es «provincianismo temporal», una crítica a su juicio «injusta» y que en su día también sufrieron Julio Verne, Conan Doyle con su Sherlock Holmes e incluso el Quijote en el XVI: «Hoy aquel denostado 'best-seller' es nuestra piedra fundacional. Por lo tanto, paciencia antes de juzgar a los fenómenos literarios».

A propósito del Premio Planeta, declaró que para él «significa que esta literatura de investigación histórica tiene hueco en la literatura contemporánea». También que, pese a las críticas, seguirá «siendo fiel» a su propia voz.

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