Fallece el poeta zamorano Tomás Salvador González

Tomás Salvador González./Ricardo Otazo
Tomás Salvador González. / Ricardo Otazo

Escritor singular que jugó con un 'dadaismo sutil', como editor dio a conocer, entre otros, a Juan Carlos Mestre, Adolfo García Ortega y Tomás Sánchez Santiago

Luis Marigómez
LUIS MARIGÓMEZValladolid

El poeta y editor zamorano Tomás Salvador González falleció ayer en el hospital de la localidad madrileña de Móstoles, donde estaba siendo tratado de una grave enfermedad. Salvador González nació en Zamora en 1952. Tuvo una infancia rural de la que queda constancia en sus últimos textos. Estudió en la Universidad de Valladolid y en esta ciudad encontró a los amigos que conformarían su grupo literario: Esperanza Ortega, Miguel Suárez, Miguel Casado, Gustavo Martín Garzo, Olvido García Valdés… Fue profesor de Lengua y Literatura en distintos institutos hasta recalar en Arenas de San Pedro (Ávila). Todavía en la dictadura, publicó su primer libro de poemas, que aunque ahora parezca mentira, fue clandestino: 'Reunida estación de las ciudades' (1975). Poco a poco, con dificultades, fueron apareciendo más títulos. Participó en la aventura editorial de la colección 'Barrio de Maravillas' y allí se hizo cargo de una antología de entonces inéditos, 'Todos de etiqueta' (1986), que permitió dar a conocer a autores importantes de poesía en español a partir de entonces: además de los ya mencionados, Ildefonso Rodríguez, Adolfo García Ortega, Tomás Sánchez Santiago, Carlos Ortega, Juan Carlos Mestre…

Estuvo cerca y fue colaborador muy habitual de la mítica revista 'Un ángel más' (1987-1990). Fue fundador y con algunos de los autores citados, formó parte del consejo de redacción de 'El signo del gorrión' (1993-2002). En 1995 publicó su única novela, 'El territorio del mastín', donde habla de su juventud, de la amistad y de proyectos literarios y vitales, con una prosa deudora de Benet, Faulkner y Lowry. En el 96 aparece un libro singular, 'Favorables país poemas', construido a partir de titulares de prensa, a la manera dadaísta, pero con pretensiones más sutiles y menos rompedoras. Escribe en unos versos publicados casi a la vez «Una mirada reúne otras / que se hilvanan como las palabras / hasta darle perfil a una figura». A partir de ahí no pudo dejar de recortar periódicos y se zambulló en lo que llaman letrismo, dentro de la poesía visual. Publicó algunos libros más hasta llegar a su Poesía reunida, 'Una lengua que él hablaba' (2018).

Escribía siempre a mano, en cursiva, con una letra pequeña y nítida. La muerte le sorprendió mientras trabajaba en una segunda novela.

Fue un escritor singular, desinteresado de los fastos relacionados con la literatura. En la serenidad de su retiro en Arenas de S. Pedro, con la compañía de su mujer, Cristina, se concentró en sacar adelante una obra rigurosa, de altísima calidad, trabajada hasta el último detalle, atenta al mundo clásico y, sobre todo, a las aportaciones de las vanguardias del S. XX. En poesía partió del verso libre para adentrarse en el verso blanco, con poemas brevísimos y también extensos. Sus últimos textos, pertenecientes a 'Siempre es de noche en los bolsillos' (2014), título que sacó de una frase de su hijo Bruno, son en prosa y cuentan relatos y ensoñaciones de su niñez en el campo zamorano. Los amigos no podremos olvidar su generosidad, su ternura, su juicio hondo y afilado en cuestiones literarias y cinematográficas, su serenidad… Tuvimos la suerte de conocerle, tratarle, y disfrutar su compañía, hasta hoy.