Dolores Redondo: «Me aterra lo que escribo y me causa pesadillas»

Dolores Redondo, autora de 'La cara norte del corazón'. /Carlos Ruiz B.K.
Dolores Redondo, autora de 'La cara norte del corazón'. / Carlos Ruiz B.K.

Con 'La cara norte del corazón' abre otra puerta al pasado de Amaia Salazar, su investigadora de la trilogía del Baztán

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIElizondo (Navarra)

En el Molino del infierno, en lo más hondo del valle del Baztán, empezó todo. En ese bosque «tan aterrador como acogedor» la policía Amaia Salazar estuvo perdida durante dieciséis horas cuando tenía doce años e investigó luego crímenes atroces. Allí temió por su vida, conoció el terror asomándose al abismo y cambió. Dolores Redondo (San Sebastián, 1969) ha querido atisbar de nuevo el abismo en ese frondoso bosque donde presentó su nueva novela, 'La cara norte del corazón' (Destino). Explora dos infiernos paralelos: el de Amaia Salazar, poblado de ancestrales y atávicos demonios, y el de un espeluznante asesino en serie que actúa a en una Nueva Orleans devastada por el huracán Katrina.

«Asomarse al abismo da vértigo, tanto, que tengo pesadillas horribles con mis novelas. A veces me aterra lo que escribo; me empapo de las emociones que narro y vivo, y desde luego de las más terroríficas», reconoce una escritora a quien le van los retos y que conecta los fantasmas del Baztán con los de los pantanos de Luisiana. Instalada en la dulzura del éxito tras una fulgurante carrera de solo seis años, con su trilogía del Baztán publicada en medio mundo, el cine rendido a su pies con varias películas en marcha y el premio Planeta en la mochila, baja como Sísifo de nuevo a la base de la montaña para abordar «otras escalada a lo más oscuro del alma humana».

«Asomarse al abismo da vértigo, tanto, que tengo pesadillas horribles con mis novelas. A veces me aterra lo que escribo; me empapo de las emociones que narro y vivo, y desde luego de las más terroríficas»

Admite que la palabra precuela es «horrorosa», pero le sirve para explicar qué es 'La cara norte del corazón'. Una ficción «que nos lleva al punto cero de Amaia Salazar», la protagonista de 'El guardián invisible', 'Legado en los huesos' y 'Ofrenda a la tormenta, la trilogía que ha conquistado a más de dos millones de lectores, se ha traducido a casi 40 lenguas y suma casi 200 ediciones solo en España. «No pasamos de una trilogía a una tetralogía; esta historia es una nueva puerta para quien quiera conocer el mundo de Amaia Salazar, hayan leído o no la otras novelas», aclara.

La escritora Dolores Redondo.
La escritora Dolores Redondo. / Carlos Ruiz B.K.

Se remonta al verano de 2005, mucho antes de los terribles crímenes que conmocionaron el Baztán. Con apenas veinticinco años, la entonces subinspectora de la Policía Foral participa en un curso para policías de Europol en la Academia del FBI en Estados Unidos. Lo imparte Aloisius Dupree, jefe de la unidad de investigación, que reconoce pronto el talento de Salazar como 'cazadora de psicópatas'. La joven policía deberá estudiar en el seminario un caso real, el de un asesino en serie conocido como 'el compositor', que actúa siempre en medio de desastres naturales eliminando a familias enteras con un macabro ritual. Será esta vez en el infierno del Katrina, el huracán que asoló la ciudad del jazz y el vudú y de la que Redondo se enamoró sin remedio.

Anticiparse al asesino

Salazar llega a Nueva Orleans en vísperas de la catástrofe del Katrina para adelantarse al asesino. Pero una llamada de su tía Engrasi desde Elizondo despertará los peores demonios de su infancia «exponiéndola de nuevo a la cara norte del corazón». Regresará a la madrugada en la que apareció desvanecida a treinta kilómetros del lugar donde se despistó, bajo un chaparrón, «con la ropa ennegrecida y chamuscada como la de una bruja medieval rescatada de una hoguera».

«El corazón más noble, el más luminoso y bondadoso, tiene siempre ese lado oscuro, esa cara norte que es la que trato de explorar y escalar en mis novelas». «Si miras a los ojos del monstruo, veras parte de tí», dice la escritora donostiarra, que advierte que la Salazar originaria «es solo una víctima dolosa que nada tiene nada que ver con la valiente, sagaz y decidida e impetuosa que conocemos».

«El corazón más noble, el más luminoso y bondadoso, tiene siempre ese lado oscuro, esa cara norte que es la que trato de explorar y escalar en mis novelas»

Esta vez su asesino tiene una base muy real: John List, padre modélico y ciudadano ejemplar, luterano devoto, discreto y correcto que aniquila a toda su familia «para salvarlos de la perdición del pecado». Convertido en Martin Lenx, Redondo lo coloca bajo su microscopio narrativo, pero guarda las distancias. «No soy criminalista ni policía. Hago ficción y nunca he querido entrevistarme con uno asesino en serie tipo Hannibal Lecter. No quiero verle o escucharle, no quiero que me convenza de nada ni intente seducirme», apunta. «Lo más terrible de este asesino es que es absolutamente normal, un vecino ejemplar, un tipo corriente de los que te saludan cada día», explica esta admiradora de Thomas Harris, autor de 'El silencio de los corderos' «al que rindo homenaje en cada novela».

Salazar investiga en una Nueva Orleans «posapocalíptica», sin electricidad ni agua potable, sin laboratorios forenses o técnicos, sin fotos ni teléfonos móviles. «La ausencia de tecnología me lleva a hacer una novela casi victoriana, con un tono propio de Poe o de Doyle. Hay que jugar con otros tempos y otros medios cuando no dispones de un móvil o un análisis de ADN en pocas horas debes ser primariamente deductivo como Sherlock Holmes», explica.

«No soy criminalista ni policía. Hago ficción y nunca he querido entrevistarme con uno asesino en serie tipo Hannibal Lecter»

Conecta con un sutil hilo mitológico Nueva Orleans y el Baztán. Vemos como los mitos y fantasmas de la ciudad en la que persiste la huella de las esclavitud, el candomblé, la santería se conectan con las criaturas mágicas y seres míticos que se repiten en muchas culturas, «como el 'Inguma', ese fantasma que provoca la muerte súbita de los niños y cuyo rastro podemos encontrar en Japón, en África, en el Caribe, en el vudú o el País vasco».

Relativiza Redondo el éxito desde una cumbre que dice no ocupar. «No la he alcanzado y no llegaré nunca. No hay cumbre. El escalador que se para se queda congelado», dice. Su fórmula es no parar, no dejar de pedalear para no perder inercia. «Siempre tengo una novela en marcha de las muchas que hay en mi cabeza. Es mi manera de vencer el horror a al página en blanco», se felicita Redondo que no descarta desmarcarse del género negro y explorar otros territorios y otras voces narrativas. «Ya lo hice con la novela de Planeta, aunque sé que un buen crimen siempre es atractivo» ironiza.