Apuntes de la vida de Delhy Tejero, la pintora nómada

María Dolores Vila Tejero, Angélica Tanarro, Jorge Praga y Javier Vila Tejero, en el acto de presentación de 'Los cuadernines' de Delhy Tejero, ayer en Valladolid. /Rodrigo Jiménez
María Dolores Vila Tejero, Angélica Tanarro, Jorge Praga y Javier Vila Tejero, en el acto de presentación de 'Los cuadernines' de Delhy Tejero, ayer en Valladolid. / Rodrigo Jiménez

Eolas reedita 'Los cuadernines', diarios de la artista zamorana de la generación del 27

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Los sobrinos sacaron del cajón los diarios de Delhy Tejero (Toro, 1904-Madrid, 1968) y se convirtieron en 'Los cuadernines', publicado por la Diputación de Zamora en 2004. Eolas los ha reeditado y fueron presentados en la Fundación Segundo y Santiago Montes por Angélica Tanarro y Jorge Praga, junto a María Dolores y Javier Vila Tejero.

«Son una rareza literaria, apuntes, frases escritas espontáneamente que nunca pensó para ser publicadas. No corregía ni ordenaba. Es ese tipo de escritura que se queda en los cajones y por la trascendencia de su personalidad artística salió a la luz y tiene mucho interés», decía Jorge Praga, quien ha buceado en la «literatura que ahí hay». Ni de pintura, ni de su tiempo, ni de su vida, «sobre todo habla de sus estados de ánimo. Era una mujer muy inestable, que viajó mucho, anduvo vagando por Marruecos, Italia y Francia durante casi cuatro años, durante la Guerra Civil española». Vida nómada en la que tuvo amores de los que deja alguna huella esporádica, «luego cuando vuelve a España se enclaustra en su estudio de Madrid y parece que tiene una relación con la tenista Lilí Álvarez. Pero sobre todo escribe de su sensación de soledad y olvido, de un diálogo constante consigo misma y una cierta frustración por no haber llegado más lejos. Hay un momento que se pregunta '¿por qué no me lancé?', cuando mirando su época fue mucho más lejos que la mayoría de mujeres». Murió a los 64 años y llevaba casi una década enferma, «no logró volver a París, su deseo», apuntó Jorge Praga.

Doble silencio

Tejero fue una pintora de «difícil clasificación», aclaró Angélica Tanarro, quien abordó su trayectoria artística. Enmarcada en la generación del 27, estudiante en Madrid y Bélgica, «se relacionó con Remedios Varo, Ángeles Santos, Maruja Mallo». Pero a diferencia del resto, más definidas en su estilo, «Delhy Tejero trasluce influencias surrealistas, informalistas, tiene otras obras más matéricas, también hay restos del cubismo. Todo eso convive en su obra además de su interés por la cultura popular, por las maternidades. Semejante suma la convierte en inclasificable, su pintura no se puede etiquetar y eso la llevó a un doble silencio, uno primero por ser mujer y otro por ser una artista que nunca se amoldó a los cánones».

La toresana no demostró en sus apuntes de vida inclinación especial por la escritura ajena, «no hay constancia de lectura de ensayos o literatura. Hay un momento en el que habla de un libro de Eugenio D'Ors que encuentra en una de las pensiones en las que vivió. Delhy rechaza los libros que lo explican todo, no le gustan las afirmaciones rotundas, la organización sistemática, era lo opuesto a ella, a su desorden», aclara Praga. En el acto también participaron los sobrinos de la pintora, María Dolores y Javier.