Y Andy Warhol bailó con sus pinceles

Warhol pinta el BMW./
Warhol pinta el BMW.

La creación de Andy Warhol para la serie Art Cars cumple ahora cuarenta años

SANTIAGO GARNICA

Desde la invención del automóvil, los artistas se han inspirado en la emoción de la velocidad, en el fenómeno de la movilidad y han convertido a los coches de carreras en ejemplos de escultura moderna.

Y desde 1975, los BMW Art Cars han sido los principales representantes de esta historia. La idea no surge de un departamento de marketing en busca de llamar la atención, sino de un apasionado por las carreras y por el arte contemporáneo.

Hablamos del francés Hervé Poulain, piloto de carreras y experto en arte. Pensaba que un coche de carreras ya era arte en sí: «son bellos pues están esculpidos por las prestaciones y diseñados por el viento» decía. Pero si Fidias había pintado la Atenea del Partenón, ¿por qué no hacer lo mismo con un coche de carreras?

Hace 40 años, Poulain pidió a su amigo, el artista Alexander Calder, que aplicase su talento creativo en su coche de competición. Junto con Jochen Neerpasch, entonces director de BMW Motorsport, nació el primer BMW Art Car que, instantáneamente, se convirtió en el favorito de la multitud que se encontraba en la pista de carreras. Desde entonces, las nuevas incorporaciones a la BMW Art Car Collection se han ido realizando en intervalos irregulares a lo largo de los años, pero con obras de arte únicas de artistas como Andy Warhol, Roy Lichtenstein, David Hockney y Jeff Koons.

El tema de los Art Cars va mucho más allá de lo que se imaginan algunos, una pintura sobre la carrocería de un automóvil. La idea de Poulain es que la carrocería se convierta ella misma en el cuerpo de la obra pictórica. En lugar de mostrarse colgada en las paredes, esta pintura conocerá la dramaturgia de la carrera, el estruendo de los motores, el tumulto de la carrera, los olores de gasolina y aceite, y el del caucho. Y el público, que vibra para este equipo original, descubre igualmente el poder dinámico del color.

Koons eligió su número de automóvil como 79 ya que este fue el año en que su gran ídolo Andy Warhol diseñó el M1. Hay una gran variedad de ideas artísticas dentro de la serie: Hockney muestra el automóvil de adentro hacia afuera, retratando el motor debajo del capó en una forma abstracta, mientras que Lichtenstein pinta todo fuera del automóvil en la superficie del automóvil; las colinas ondulantes, el sol, incluso partes del camino por el que circula el automóvil. Todo pintado en su típico estilo Benday-dot.

El coche de Lichtenstein tiene un sol poniente y un sol naciente en él, rindiendo homenaje a las 24 horas de Le Mans en las que participó. Y es que, si bien no todos los Art Cars han sido coches de carreras, no podemos olvidar la épica de la competición. Muchos de esos coches tienen su historia en las carreras. La serie Art Car es un proyecto fascinante y para medir su valor real deberán pasar varias décadas.

Cuarenta años

Y hablando de tiempo, precisamente la creación de Andy Warhol cumple ahora cuarenta años. El trabajo se realizó sobre un M1. En realidad la idea que nace en 1978 era que la firma del artista pop fuera sobre un 320. Es un momento en que el artista en plena cumbre de su fama, hace tabla rasa de sus creaciones anteriores, de sus gimmicks. Poulain recibe una maqueta recubierta de un papel pintado con motivos florales, incluido los cristales y el parabrisas. Pero todo se suspende a un mes de las 24 Horas de Le Mans al no estar preparado el coche (Poulain correrá con un Porsche 934). Como disculpa, se entrega a Warhol un BMW y la promesa de que se volverá sobre su idea.

Las formas del M1, el nuevo coupé, son una nueva fuente de inspiración para Warhol que plantea dos ideas muy diferentes. La primera es un camuflaje caqui que recubre todo el coche, y que es rechazada. La otra maqueta enviada por el artista neoyorquino, que es la elegida, plantea un problema: los flujos y colores de pintura, desprovistos de contornos, resultan técnicamente imposible de trasladar al coche original, a menos que Warhol viaje a Alemania y pinte directamente sobre el M1.

Y eso es lo que sucede. Warhol convierte en un estudio la zona de trabajo en Munich. Durante horas baila alrededor del coche con los pinceles. Poulain, que no se ha querido perder la sesión, piensa que va a terminar por pintar a Marilyn o uno de sus botes de sopa Campbell. En un momento dado el artista hace un gesto y, a mano alzada, decide plasmar su idea sobre la carrocería del M1. El resultado es sensacional con sus charcos de colores goteantes muy en la línea del Bad Painting. «A más de 300 km/h solo veremos un color» promete Warhol.

Llega la gran cita, Le Mans. Poulain no ha rodado con el coche. Neerpasch le tranquiliza: tiene 24 horas para tomarle el pulso. Ya en carrera, el M1 que comparte con Manfred Winkelhock y Marcel Mignot, a pesar de tener que cambiar el embrague y problemas con un pistón, se mantiene en buenas posiciones, en parte gracias a la lluvia. El domingo, a la hora de la tradicional misa, Poulain debe tomar su relevo pero el jefe de equipo no quiere perder opciones y decide mantener a Winkelhock, el más rápido de los tres, en pista. Herido en su orgullo Hervé se va del box sin llamar la atención. Cuando baja la bandera el M1 es segundo en su categoría y nada menos que sexto en la general. En le Mans el equipo le busca, en vano, para festejar el resultado pero Poulain está ya en su casa de París.

Durante el invierno de 1979-1980, Jasper Johns renuncia a pintar el M1, falto de ideas. También renuncia Niki de Saint Phalle. Otra figura del pop art, el americano James Rosenquist recibe las maquetas. Envía su trabajo a la marca pero BMW acaba de decidir que no irá a Le Mans al no disponer de coche. Hervé Poulain no volverá a correr las 24 Horas con un BMW, si bien sí lo hará, hasta 1998 con otras marcas. Y sus coches siguen mostrando arte: un Venturi pintado por Armand; un Mclaren con la obra de Cesar o un Porsche con la de Georges Wolinski.