«Podría ser que Lope de Vega estuviera detrás del ‘Quijote de Avellaneda’»

Luis Alberto de Cuenca posa en la muralla de la Villa del Libro de Urueña tras su conferencia./
Luis Alberto de Cuenca posa en la muralla de la Villa del Libro de Urueña tras su conferencia.

El poeta y académico Luis Alberto de Cuenca visitó la Villa de Urueña para hablar de la poética en la obra de Cervantes, dentro del ciclo ‘Cronistas de esta verdadera historia’

SAMUEL REGUEIRAvalladolid

A pesar de que Miguel de Cervantes es uno de los personajes más conocidos de nuestra Literatura, y nadie puede decir que ignore quién es tras los incalculables actos que se están llevando a cabo con motivo del IV Centenario de su muerte, «sus producciones poéticas son, tal vez, una de las facetas que menos se han dado a conocer o que se han estudiado con poca profundidad o asiduidad». Así lo sostuvo ayer el escritor, traductor y académico Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) en una charla sobre la poética en la obra de Cervantes incluida en el ciclo de la Diputación Provincial Cronistas de esta verdadera historia, que incluyó, además, una interesante teoría del erudito, «solo es una opinión personal», remarcó que situaría al mismísimo Lope de Vega de tras del Quijote de Avellaneda estuviera.

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«Tengo la impresión de que Lope apoyó a Cervantes en su vertiente poética hasta que se publicó El Quijote en 1605», explicó De Cuenca. «El Fénix de los Ingenios se dio cuenta de que había nacido una obra inmensa, desmesurada e inconcebible para aquella época, y eso le hizo empezar a criticarlo hasta que en el grupo de amigos se gestó aquel famoso texto apócrifo, una segunda parte que supuso un torpedo en la línea de flotación de Don Miguel». No hubo mal que por bien no viniera; la publicación de esta desarmante secuela forzó a Cervantes a escribir su canónica continuación en un tiempo récord: «Pudo arremeter contra esa mixtificación que, a mi parecer y sin historiadores que me respalden, orquestaron Lope y la cuadrilla, pasmados por una novela que había reformado completamente la escena literaria del momento».

«Espectaculares»

Pese a todo, el Premio Nacional de Poesía apuntó que no era entre las páginas de las aventuras vividas por el ingenioso hidalgo donde se puede encontrar «la más alta poesía». Obras como Los trabajos de Persiles y Segismunda cuentan con sonetos «espectaculares», así como varias Novelas Ejemplares; La ilustre fregona, La gitanilla, La española inglesa (Cuando Preciosa el panderete toca / y hiere el dulce son los aires vanos / perlas son que derrama con las manos; / flores son que despide de la boca), El licenciado Vidriera «Toda su obra está salpicada de poesía, en alguna ocasión alta y otra menos alta».

También cabe consignar El viaje del Parnaso, un repaso de una lista típica de los grandes poetas de la época, entre ellos Lope, quien a su vez firmó un texto similar en el Laurel de Apolo, donde también aparece, cómo no, Cervantes: «Era muy habitual este tipo de dictamen en los poetas contemporáneos», declaró De Cuenca. Pero es sin duda en las primeras páginas de La Galatea donde se encuentran los «sonetos más bellos», que muestran la faceta más moderna de su autor; «un genio de los modelos éticos que defendió siempre la libertad, un adelantado a su tiempo que podía retratar a sarracenos, mujeres y homosexuales, lo peor visto de su época, dotándoles de un valor especial, donde prima su aspecto más humano».

Tras su muerte, quedó consignado de mano de Cervantes que «el cielo no le quiso dar la gracia de ser poeta», reveló De Cuenca, «pero no sabemos si realmente lo piensa así o si es un artificio de falsa modestia». No parece tampoco que le doliera tanto como el fracaso de sus entremeses; «en lo que respecta al teatro siempre tuvo claro que era un gran dramaturgo y vivió con la losa de no triunfar en su tiempo, lo que le hubiera brindado dinero y reconocimiento público».

Su obra maestra en poesía es la Epístola a Mateo Vázquez: «Desde el exilio le escribe en verso unos tercetos encadenados donde le narra su vida en la milicia, la jornada de Lepanto, su apresamiento por un barco berberisco y le pide que, cuando vuelva a España, sea capaz de situarle en un trabajo digno». La carta nunca se publicó y corrió manuscrita hasta el siglo XIX, cuando apareció publicada en un tabloide de seis columnas. Otros textos de dudosa autoría y sonetos con estrambote corrieron en hojas volanderas de la época y en ediciones de otros autores: «Era muy corriente escribir en verso frente a la obra de otro escritor». Las piezas autónomas al completo se han recogido en una edición de Cátedra desarrollada por el estudioso Adrián J. Sáez.

El ponente también mostró el interés de históricos autores por la poesía de Cervantes, como José Caballero Bonald o Luis Cernuda. El autor de Donde habite el olvido le dedicó un artículo muy interesante y complejo; si bien, como terminó de señalar De Cuenca, «la razón por la que Cernuda decidió desenterrar a Cervantes fue que odiaba a Lope; dijo que este era lo peor que encarnaba la raza hispánica». Aun así, el poeta no puede finalizar sin brindar un mensaje de paz: «Es perfectamente compatible amar a los dos genios».

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