Una base de datos crea el 'DNI' de 252.510 piezas y bienes del patrimonio de Castilla y León

Réplica de las pinturas murales de la ermita de Maderuelo, Segovia./F. Jiménez
Réplica de las pinturas murales de la ermita de Maderuelo, Segovia. / F. Jiménez

La plataforma registra arte y monumentos de las nueve provincias para su estudio, rehabilitación o la intervención en caso de robo o daños

Jesús Bombín
JESÚS BOMBÍN

El patrimonio sin información que lo contextualice está tan perdido como desprotegido. El estudio y la investigación alumbran la historia de la que han sido testigos castillos, iglesias, murallas, retablos, yacimientos arqueológicos, pinturas, esculturas o la pieza más minúscula de la parroquia del más apartado de los municipios. En su identificación y catalogación se viene trabajando desde hace varios años con la unificación en una única base de datos del patrimonio cultural de Castilla y León, integrado en la actualidad por 252.510 bienes muebles e inmuebles.

Esta base, creada por técnicos de la Consejería de Cultura y Turismo, sigue nutriéndose de la información que se va recabando sobre edificios arquitectónicos tanto de propiedad eclesiástica como civil, además del procedente del patrimonio arqueológico, industrial, cultural y bienes muebles. De cada uno de esos elementos existe una ficha general que cumple las funciones del 'DNI'. En ella se recoge su descripción y se clasifica su tipología y características. «En ese soporte de datos aparece un documento alusivo a cada pieza donde se detalla una referencia histórica y una clasificación con apartados en los que se refleja la gestión realizada sobre ella, si es o no un Bien de Interés Cultural, las autorizaciones que se han realizado para cederlas o exponerlas, las inversiones de restauración que ha requerido o el número de visitas, entre otros aspectos; en definitiva son datos que recogen las vicisitudes de su existencia», sostiene Benito Arnáiz, técnico del Servicio de Planificación de la Consejería de Cultura y Turismo.

La base de datos está en continua expansión, pues sigue incorporando estudios monográficos, artículos, planos o fotografías sobre los elementos que la componen. Y en algunos aspectos, como los relativos al arte rupestre, se siguen añadiendo nuevos descubrimientos a medida que se van identificando en una comunidad como la castellano y leonesa, donde la mayoría de los bienes están adscritos a la Iglesia. De hecho, de propiedad eclesiástica son en su mayoría el 25% de los bienes muebles que se estima están pendientes de identificar y catalogar y que aún no han sido incluidos en el registro patrimonial de la Junta.

El próximo objetivo,un inventario de patrimonio inmaterial

La Consejería de Cultura y Turismo va a contratar trabajos de documentación para la elaboración de un inventario de patrimonio inmaterial en las provincias de Ávila, Valladolid, Salamanca y Zamora. Este catálogo incorporará rituales festivos, de tradición oral, mascaradas, danzas, romerías y artesanías propias del territorio, una información que pasará a integrar la base del patrimonio cultural de Castilla y León.

Este dato, alegan los técnicos, no es ajeno al hecho de que una de las tareas más complejas con la que se topan a la hora de recabar datos es la dificultad de acceso a piezas en algunas parroquias en zonas despobladas, donde un sacerdote tiene asignados numerosos pueblos, lo que dificulta su disponibilidad para abrir el templo donde se va a realizar la catalogación.

León encabeza varias clasificaciones en la base de patrimonio al ser la provincia con mayor número de bienes muebles de instituciones eclesiásticas (37.758), disponer de más patrimonio industrial y arquitectónico civil (1.325 y 1.204 elementos respectivamente). Además, iguala a Burgos en edificios religiosos al tener adscritos 1.834 iglesias, monasterios y ermitas en una lista abanderada por la Catedral.

Dársena del Canal de Castilla en Medina de Rioseco, murallas de Ávila y monasterio de Santa María de Moreruela,

En marcha está la elaboración de un catálogo de paisajes culturales en el que se reúnen enclaves donde la actuación del hombre ha sido determinante en la transformación del entorno para obtener recursos. Las Médulas o las cabañas de pasiegos del norte de Burgos son algunas de las zonas que se contemplan en este proyecto. También se ha comenzado la redacción de un inventario específico de puentes históricos de Castilla y León concebido con el objetivo de ahondar en su conocimiento y visibilización como elementos de conjunto patrimonial.

Otra de las utilidades de la base de datos –a la que tienen acceso la Guardia Civil, Policía Nacional y la Unión Militar de Emergencias– es facilitar el conocimiento de los tesoros artísticos y yacimientos arqueológicos existentes en zonas donde sus efectivos pueden intervenir en caso de robo, incendio o cualquier otro tipo de episodio destructivo. «Si ocurre alguna incidencia que pueda afectar al patrimonio, ellos contactan con nosotros y tienen disponible toda esa información», explica Benito Arnáiz, remarcando que el inventario artístico es fruto de un trabajo de muchos años, en el que, además de nuevos datos, la información acumulada en fichas de papel se ha trasladado a un soporte informático incluyendo documentación gráfica y planos.

Las fuerzas de seguridad sostienen que la base de datos supone, en sí misma, un arma disuasoria ante posibles robos, especialmente en zonas rurales, las más vulnerables por la dispersión de edificios y la despoblación. Que una pieza esté 'fichada' facilita su seguimiento si es sustraída e intenta ser vendida en el mercado de arte.

En datos, Castilla y León cuenta con 162 conjuntos históricos, 9.011 edificios de patrimonio arquitectónico religioso (monasterios, ermitas, catedrales), 3.363 elementos de arquitectura civil (palacios, puentes, etc.) y 725 construcciones militares (castillos, murallas, torres). Los yacimientos arqueológicos se cifran en 27.198 y los bienes muebles en 206.891.

«Pocas comunidades tienen acumulado tanto volumen de información sobre el patrimonio», apunta Jesús del Val, jefe del Servicio de Planificación y Estudios de la Junta de Castilla y León. Y es que más allá del tiempo que llevará completar el catálogo, Del Val asegura que el objetivo es seguir haciendo acopio de información de los bienes dispersos por Castilla y León. «Esta no es una apuesta por completar algo, sino enfocada a obtener más datos, mejorar y enriquecer la información de la que ya disponemos».

Romerías y ermitas

En esta línea, remarca que está en marcha una investigación específica sobre la ubicación y el contenido de ermitas en las nueve provincias, «lo que implica una indagación exhaustiva que identifica lo que existe para sacarle partido desde el punto de vista inmaterial, por ejemplo, para vincularlas con romerías, fiestas y tradiciones asociadas a ellas».

El catálogo incluye también 4.887 bienes de patrimonio industrial que están siendo documentados y presta atención especial al diagnóstico de monumentos con el propósito de disponer de una radiografía del estado en el que se encuentran y qué problemas o patologías son más acuciantes. «Eso nos permite planificar en relación con el presupuesto e intervenir», sostiene el arqueólogo Jesús del Val. «Tenemos una buena información sobre nuestro patrimonio; si hubiéramos atendido solo a un tipo de bienes, igual tendríamos el catálogo más completo y cubierto en el tema de bienes muebles, pero hay tal cantidad de elementos que es mejor diversificar y atenderlos globalmente».

Una de las dificultades añadidas a la hora de rastrear la procedencia y el estado de una pieza tiene que ver con la desaparición y la movilidad de las órdenes religiosas que cierran conventos y monasterios por falta de relevo vocacional. «Ese fenómeno genera una gran complejidad a la hora de ver qué pasa con esos bienes, si se pueden conservar en esos conventos o se desplazan a otros lugares», alega el arqueólogo.

La decadencia demográfica y sus efectos sobre el patrimonio que permanece en pequeños municipios es otro de los fenómenos que abocan a diseñar una estrategia para impedir su abandono en una comunidad donde la dispersión y la abundancia de tesoros artísticos hace más compleja tanto su protección como su acceso al uso turístico y cultural.

 

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