En honor del Conde Ansúrez, el de noble condición

Estatua del Conde Ansúrez, en la Plaza Mayor de Valladolid. /Leticia García
Estatua del Conde Ansúrez, en la Plaza Mayor de Valladolid. / Leticia García

El Aula de Cultura recuerda la figura del poblador de Valladolid a partir de la biografía en verso de Velao

FERNANDO CONDEValladolid

«Entonces surgen los guerreros grandes,/ nacen los Cides de valor tan raro/ que hoy no comprendemos sus proezas / los ruines por absurdos les tomamos, / y cuando no sabemos imitarles / nos damos á decir que son fantásticos, / o arrojamos sus nombres al olvido / ante el rubor de no saber honrarlos. // Nacen los Alvar Fáñez, los Ansúrez, / los Fernán, los Saldañas y los Castros, / los Moncadas, los Nuños, los Alonsos, / los Ortuños, los Laras, los Fernandos…/».

De este modo enardecía allá por el año 1911 Darío Velao, que unos años antes había sido director de este diario, la figura de aquellos apellidos que, con su arrojo y valor, habían contribuido a configurar el futuro de un país que todavía no lo era. Echando mano de una suerte de «ubi sunt» («¿dónde están?», que se preguntaran clásicos como Jorge Manrique, para defender y sustentar el «cualquier tiempo pasado fue mejor» de sus 'Coplas') y con un largo poema que alternaba el octosílabo y el endecasílabo, concurría el vate vallisoletano a las justas poéticas que ese año convocaba la Academia de Caballería. El texto, dedicado a la memoria y enaltecimiento del fundador (o, al menos, señor y poblador) de la ciudad, el Conde Ansúrez, fue laureado con el primer premio y publicado un año después por la Imprenta Castellana.

El texto, como tantos otros de la época y el género, no tuvo mayor pervivencia en la memoria lectora de la ciudad. Y a pesar del esfuerzo de Velao por difundir la figura de don Pedro, en realidad es poco lo que sabemos los vallisoletanos de la vida y obra del fundador de nuestra ciudad. Probablemente si hiciéramos una encuesta –sin cocina, claro está– sobre este particular, el resultado sería poco halagüeño. Y es que todo el mundo en Valladolid ha saludado alguna vez la estatua del hombre que, estandarte en mano y al frente de la Casa Consistorial, preside nuestra Plaza Mayor. Pero muy pocos de nosotros sabríamos decir mucho más allá de la época en la que vivió Ansúrez o, siquiera, citar el nombre de su esposa, la Condesa Eylo.

Pero el Conde Ansúrez fue un hombre señalado en la época del rey leonés Alfonso VI, un guerrero que contendió, incluso en batalla, con el mismísimo Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, y que dio el pistoletazo de salida para que Valladolid, al correr de los siglos, se convirtiera en núcleo urbano principal. Quizá por ello, textos como el de Velao, que seguían en forma y fondo y reconocían abiertamente el influjo de un por entonces aún afamadísimo José Zorrilla, contribuyan a rellenar huecos y a también, de paso, a hacer algo de justicia contra el olvido. Sobre el texto original de Velao, el escritor y periodista Carlos Aganzo, que a la sazón fue sucesor un siglo después en la dirección del decano de la prensa, y el músico Ernesto Monsalve han construido una cantata contemporánea, para barítono (Luis Santana, en la piel del Conde Ansúrez) y soprano (Montserrat Martí Caballé, en la de la Condesa Eylo), dos coros y orquesta, que se estrenará en la Catedral el 11 de mayo, y que supondrá el cierre de los actos oficiales que el Ayuntamiento ha dedicado a la figura de Pedro Ansúrez.

Qué duda cabe que la vida y obra de quien hizo de Valladolid ciudad merece al menos el reconocimiento y el homenaje de quienes la habitamos. Y a tal fin, el Aula de Cultura, con el patrocinio de Obra Social laCaixa y el apoyo de la Junta, rendirá este jueves, en la Academia de Caballería a partir de las 20:00, su particular homenaje al Conde y a Darío Velao. En el acto, relacionado además con la celebración de los 165 años de nacimiento de El Norte, intervendrán el coronel director de la Academia, Santiago Aguado; el director de El Norte de Castilla, Ángel Ortiz; la concejala de Cultura, Ana Redondo, y el teniente coronel Óscar Prieto, quien recordará cómo era aquella Academia de principios del siglo XX que concedía el premio de los Juegos Florales. Asimismo intervendrán, con la lectura e interpretación musical de varias piezas, los autores de la cantata en honor de aquel conde de quien Velao dejara escrito: «No hay más rancio caballero,/ ni ricohome más entero,/ ni más ilustre infanzón,/ que aquel buen conde don Pero/ de la córte de León. // Cuéntase dél que es forzudo,/ de robusta complexión,/ entre delicado y rudo,/ recto, y alto, y melenudo,/ y de noble condición.»

Pero antes, otro aula. Si en 'Parece mentira', el escritor y periodista Juan del Val se metía en la piel de un alter ego, un tipo de su misma edad que ha vivido unas vicisitudes parejas a las del propio autor, en 'Candela', su segunda novela, este madrileño, guionista de uno de los programas de mayor éxito televisivo, se disfraza de mujer metida en los cuarenta, desatenta al amor, con un trabajo que le da de comer sin mayores satisfacciones atendiendo un bar familiar y en un ambiente con el que probablemente muchas mujeres puedan llegar a identificarse. El humor, a veces desgarrado, un estilo directo en el contar y una trama que de pura sencillez se convierte en testimonio costumbrista de nuestra época convierten a Candela, novela y mujer, en un personaje que incorporamos a nuestro imaginario con naturalidad. Juan del Val es un tipo sincero, de esos que lo mismo se retratan en una firma de libros con éxito de concurrencia que lo hacen con cuatro gatos despistados que pasaban por allí. Y con la misma franqueza se presentará este lunes, en una sesión del Aula de Cultura que acogerá el Museo Patio Herreriano, a partir de la 20:00 horas.