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Salas: «Conocer la base molecular de la enfermedad permitirá prevenir y curar»

Salas: «Conocer la base molecular de la enfermedad permitirá prevenir y curar»

La científica habló del futuro de la biomedicina en el Aula de Cultura patrocinada por CaixaBank

VICTORIA M. NIÑO

La medicina del futuro estará íntimamente relacionada con el conocimiento genético del paciente y el médico dispondrá de esa información en la medida en que los bioquímicos como Margarita Salas sean capaces de trasladar a la industria su investigación. La científica asturiana esbozó ayer La biomedicina del siglo XXI en una conferencia dentro del Aula de Cultura del El Norte patrocinada por CaixaBank. La académica ofreció su conferencia en el Museo de la Ciencia de Valladolid.

A sus 77 años, esta profesora ad honorem del CSIC vive de forma entusiasta la ciencia a la que ha dedicado tanto su vida como la de su marido, Eladio Viñuela. Divulgar, dentro de la complejidad, los hallazgos de la biología molecular es su cometido en estos foros. Comenzó haciendo una breve historia desde que en 1944 descubrieron el material genético delADN y en 1953 se determinó la estructura de doble hélice del ADN (tripletes) y el mecanismo de copia del material genético. Dos años más tarde, Kornberg sintetizó el ácido desoxirribonucleico lo que le valió en 1959 el Nobel compartido con Severo Ochoa, maestro de Margarita Salas.

«Ochoa descubre otra enzima para sintetizar el ácido ribonucleico lo cual era importante para conocer el código genético». En los años setenta se desarrolla, según explicó la mujer que más cargos ha inaugurado para su sexo en España, «la ingeniería genética o biotecnología. Gracias a ella se han logrado soluciones farmacológicas proteínas eficientes y baratas como la insulina, algunas vacunas, la hormona del crecimiento..., bacterias que permiten degradan componentes tóxicos inextinguibles de otra forma, y agrícolas plantas transgénicas resistentes a ciertos virus, insectos o suelos salinos».

A finales de los noventa, un consorcio público de 20 laboratorios investiga y el 15 de febrero de 2001 «publica el primer borrador del genoma humano. Ahí comienzan otras cuestiones: ¿cómo se produce una mutación de material genético?», se preguntaba Salas mayéuticamente. «Nos hemos llevado varias sorpresas. La primera; tenemos menos genes de los que creíamos, unos 25.000, frente a cifras más elevadas para una planta. Eso es porque cada gen humano da lugar a cinco proteínas distintas. Otra sorpresas: de los 3.200.000 nucleótidos que tenemos, solo un 1,5% son genes, el resto son secuencias relacionadas pero no codifican las proteínas». La científica reconoce que tampoco saben explicar «el origen de nuestros genes. Desde tiempos prehistóricos tenemos procesos como e metabolismo que no ha cambiado». Más sorpresas: «Tenemos un 99% de genes coincidentes con un ratón o un chimpancés, y un 0,1% de diferencia entre dos seres humanos. Ni suqiera la etnia se expresa en la secuenciación».

Una de las cuestiones que más nos inquieta como especie es el envejecimiento. «La telomerasa es una enzima que cataliza la suma de nuevas secuencias, es decir, que mientras otras células tienen una capacidad limitada de replicarse, estas germinales son siempre jóvenes porque tienen mayor capacidad de dividirse. Así se ha visto que una mosca que vive habitualmente 60 días puede llegar a los 100, o que un gusano vive hasta tres veces más. No se ha aplicado en humanos pero sería un problema que viviéramos tres veces más. Cada vez vivimos más y se sabe que el hombre tiene capacidad para llegar a los 120 años».

Dentro del 0,1% que nos diferencia con nuestros iguales, «hay unas partículas llamadas SNPs (single nucleotic polymorphism) que nos dan información de cada persona. Estas nos pueden servir para clasificar a los seres humanos en grupos a la hora de hacer medicina personalizada, que no quiere decir un fármaco para cada uno, pero sí para grupos con determinadas características genéticas. La medicina genética será importante». Pero, advierte la bioquímica, «solo somos genética en un 50%, la otra mitad tiene que ver con los factores medioambientales».

Por ejemplo, si habla del cáncer, esa enfermedad en la que la telomerasa hace que se repliquen células tumorales, es la principal enfermedad genética. «Solo entre el 5% y el 10% es hereditario. Es bueno para prevenir o estar alerta en esos casos y cada vez hay mejores herramientas. Si hablamos de enfermedades degenerativas, ahí sí hay un componente genético del 100%».

El desarrollo de la biomedicina futura se basa en «que la mayor parte de las enfermedades tienen una base genética, en una gran parte afectan a más de un gen, y que cada vez se basarán más en los SNPs». Todo ello permitirá «un diagnóstico más temprano, medidas de prevención más eficaces, un uso terapéutico tanto farmacológico con drogas como de terapia génica». La terapia genética, ciencia ficción hasta hace unos lustros, «se está desarrollando gracias a encontrar vectores adecuados que permitan sustituir el gen averiado por uno sano». A la ciencia le debe acompañar las «normas y la ética que deben desarrollarse parejas». Salas cerró su intervención con una frase de Eliot que decía «no cesaremos de explorar y el fin de nuestra exploración será llegar al punto de partida y conocer el lugar por primera vez. Pues en biomedicina es igual, no cesaremos de investigar las bases moleculares de la enfermedad para prevenir y curar».