Aproximaciones de Dora García

Arriba, performance 'Dos planetas han estado colisionando durante miles de años'./Iñaki Bilbao
Arriba, performance 'Dos planetas han estado colisionando durante miles de años'. / Iñaki Bilbao

El Reina Sofía acoge 'Segunda vez', exposición del trabajo de los últimos veinte años de la artista vallisoletana

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Es su 'Segunda vez' en el Reina Sofía. 90 obras de Dora García (Valladolid, 1965) pueblan tres espacios del museo madrileño en una exposición que recoge su trabajo de los últimos veinte años. Psicoanálisis, política y palabra transen las propuestas de la reconocida como «la artista más importante de su generación», según Teresa Velázquez comisaria junto a Manuel Borja-Villel.

El estudio de Dora García está en su cabeza, renunció a la habitación propia cuando nacieron sus hijos, y la más internacional de los conceptuales españoles ha materializado su quehacer por medio mundo sus ideas en soportes intangibles en buena parte. Performances, películas, textos, intervenciones son intentos de creación. Una de las paredes del Reina Sofía luce un listado de un centenar de obras posibles. Dora García admite su resignación en la pieza, «porque no puedo hacer lo que quiero, en ese sentido toda obra de arte es la aceptación del fracaso». Y ese intento es continuo, circular, redundante como la prosa de Joyce, como la verbalización que estudia Foucault, como los paseos de Robert Walser o los 'happenings' de Oscar Masotta. Son algunos de los referentes que maneja esta creadora, que bebe más de filosofía y literatura que de las artes plásticas.

«Hay un agujero en lo real». El aserto lacaniano escrito en el dintel ('Frases doradas') de la entrada de 'Segunda vez' advierte del interés de la protagonista por el trasvase entre la realidad y la ficción. García apela «a esa parte de nuestra realidad que nunca conseguimos representar a través del discurso ni de la imagen».

Los seminarios de Lacan, el 'Ulises' y el 'Flanagan's Wake' de Joyce, el cuento de Kafka 'Las preocupaciones de un padre de familia' y el de Cortázar 'Segunda vez', dominan el paisaje literario de esta exposición. 'Segunda vez' es un relato de los setenta en el que el escritor argentino, sin explicitar nada, describe la maquinaria aniquiladora de una dictadura. A partir de él Dora hizo una película que forma junto las tres que recrean tres performances de Óscar Masotta el núcleo de la muestra. Masotta psicoanalista y artista argentino que vivió sus últimos años en Barcelona cerca del actual domicilio de Dora (que ha pasado dos décadas en Bruselas) le llegó vía Ricardo Piglia. Precisamente una conversación con este último le llevó a las cartas, –«hasta las que no llegan a su destinatario tienen un uno», cita a Lacan–. Y sobre esa correspondencia trabaja en la pieza 'Exilio', que recoge las epístolas enviadas por cuatro artistas a distintos museos del mundo. Pero también García recrea una carta de Joyce a Ibsen y escudriña la relación epistolar entre Heidegger y Hannah Arendt. La revolución psiquiátrica la fascina y quien se ha interesado por Foucault –teórico de las cárceles, la vigilancia, la institucionalización– expone de nuevo en un edificio que fue hospital. El margen social, el del arte, el de la realidad, ese es el territorio que frecuenta esta docente que suma en su obra patrocinios de una veintena de países y en sus performances media docena de idiomas.

Una de las piezas creadas para la exposición es 'Odradek', con banda sonora de Jan Mech. Las bóvedas de los sótanos del Reina Sofía están oscuras, la música suena, el público entra y enciende sus móviles. Dora pide una, dos, hasta tres veces que los apaguen. Finalmente abandona enfadada: «Así no se puede ver esta pieza». La tecnología anegó la experimentación buscada.

 

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