Dom Lorenzo Maté, abad de Silos

«Lo que hace falta en estos momentos son guías, más que predicadores»

El abad de Silos posa para la entrevista en el claustro del monasterio. /Gabriel Villamil
El abad de Silos posa para la entrevista en el claustro del monasterio. / Gabriel Villamil

El abad de Silos, Dom Lorenzo Maté, asegura que cada vez «será mayor la presencia de las mujeres en todos los estamentos eclesiales»

J. I. Foces
J. I. FOCESValladolid

He aquí un hombre de Dios. Y pese a su seriedad, el abad de Silos, Dom Lorenzo Maté transmite la alegría de llevar toda su vida entregado a cumplir la Regla de San Benito desde el Monasterio de Santo Domingo de Silos. Tiene un hablar pausado, ciertamente armonioso (se pegará del canto gregoriano, piensa el entrevistador). Proceda o no de ahí la armonía de su voz, lo cierto es que ese es un signo notable de la evidente paz que se adueña del visitante en cuanto se cruza la puerta de acceso al claustro milenario, en cuyo centro se levanta, tan elegante y armonioso como humilde, el mítico ciprés.

–Los monjes de Silos decidieron un día hacerse presentes «en el amplio» mundo de Internet «para dar a conocer lo que es Silos y lo que significa». ¿Qué es Silos?

–Una comunidad de monjes benedictinos. Seguimos la Regla de San Benito y lo que en ella se nos pide como comunidad orante, dedicados sobre todo al rezo en la Iglesia.

–¿Y qué significa Silos?

–Una comunidad que quiere vivir en el Evangelio según lo interpreta nuestro padre San Benito en la Regla. Después lo que la gente interpreta puede ser distinto a lo que ve. Porque a veces vienen y ven el claustro y la Iglesia, con los rezos, y posiblemente se llevan una idea más grandilocuente. Pero somos una comunidad como tantas comunidades.

–¿Pasa la vida más lenta entre estos muros?

–No crea. Pasa igual de rápido. Y según van transcurriendo los años, todavía más rápidos pasan los días.

–¿Se encuentra aquí dentro más fácilmente la felicidad que fuera?

–Como es una cuestión personal, la felicidad la encontrará la persona si ella se encuentra a gusto en el lugar en el que está y siente su vocación, ¿no? Puede ser como padre de familia, o también profesionalmente en el trabajo. Pero si uno se siente vocacionado y llamado a esta forma de vida nuestra, se encontrará aquí más feliz, supongo, porque eso es lo normal en la medida en que uno sigue su vocación, la llamada que el Señor le hace a vivir entregándose a los demás a través de estos ratos de oración que tenemos nosotros con relativa frecuencia.

–¿Qué se aprende en Silos que no enseñe fuera la vida?

–Hombre, nuestra vida es muy distinta de la que se vive fuera. Por eso, quizá los que aquí vienen pueden apreciar una cierta calma, una cierta soledad y también que se vive con menos estrés. Eso simplemente acercándose. Luego, como comunidad religiosa, lo nuestro está más en compartir que en almacenar o conseguir bienes como tiene que ser en la vida de fuera, que uno tiene que trabajar para sacar adelante la familia y ganarse su vida.

–A Silos llegan muchas personas durante el año. ¿Qué les dicen que vienen buscando?

–Vamos a ver. Los que vienen al turismo, nosotros muchas veces no tenemos contacto directo con ellos. Pero los que vienen a nuestra hospedería lo que buscan es un lugar de soledad, de retiro, de paz y de tranquilidad que les facilite encontrarse con ellos mismos, es decir, tener tiempo para reflexionar.

«Vivimos con dolor, preocupación, pena y vergüenza las denuncias de pederastia en la Iglesia»

–¿Cómo han logrado ustedes embridar los efectos perniciosos que para una comunidad religiosa puede tener el turismo, que muchas cosas las masifica y banaliza?

–Dada la situación que tiene el monasterio, nuestras habitaciones están al sur. Entonces, el turismo no influye ni afecta a nuestras vidas, ¿eh? Y cuando tenemos los rezos, esto está cerrado al turismo; está abierta la Iglesia y pueden asistir a los cultos. Aparte de eso, tenemos también personal contratado para acompañar a los turistas. Por eso, en ese sentido, a nosotros no nos afecta. Quizá afecta un poco más cuando asisten a nuestros rezos, que a veces pueden tomarlos como si fuesen un espectáculo en vez de un rezo. Aunque explicamos y decimos, algunas veces llega alguno que se pone a hacer fotos o algo por el estilo. En ese sentido, eso molesta un poco: los rezos son un acto de oración, no una actuación.

–¿Qué es imposible hallar fuera de los muros de Silos?

–Creo que hay pocas cosas que sean diferentes. Porque al fin y al cabo, la persona es la misma dentro de los muros y fuera de los muros. Es decir, que si una persona se encuentra centrada en su vocación, en su trabajo, será igualmente feliz dentro que fuera. Y si dentro de estos muros tampoco se encuentra feliz porque no es su sitio, realmente esto no será una felicidad para él, sino todo lo contrario.

–¿Es imposible no creer en Dios en un entorno como el de Silos?

–Nosotros partimos de la fe y nuestra vocación se mantiene, se comprende y se explica desde la fe. Si no hay fe, es difícil entenderla. Ahora bien, los que se acercan lo pueden hacer desde distintas maneras. Puede ser simplemente desde un aspecto cultural, lo que significa y contiene el arte o lo que tiene también la música gregoriana, pero para nosotros como monjes la finalidad principal es la búsqueda de Dios. Lo único es que nuestra vida se organiza de una forma más concreta para conseguir esto. Está más reglada entre trabajo y oración y no como fuera, que uno tiene que organizarse. En cambio aquí está organizado y se sigue todo un programa de horarios de una forma muy a toque de campana, digamos, o muy rutinaria, si quiere.

–¿Usted ya ha encontrado a Dios?

–Sí y hay que seguir buscándolo. Es un trabajo que comienza cuando uno tiene uso de razón y ha de continuarlo toda la vida, porque es una búsqueda hasta el final.

–Durante mucho tiempo vino por aquí una vez al año José María Aznar. La notoriedad de este monasterio se relanzó. ¿Aquella etapa de mayor 'folklore exterior' ya pasó o sigue viniendo gente significativa y no nos enteramos, no trasciende?

–Aquello pasó, una vez que dejó de ser presidente del Gobierno. Y aunque llegan otras personalidades, como no tienen el rango político, tampoco tienen esa repercusión. De alguna forma, para nosotros que buscamos soledad y no notoriedad, nos viene mejor, hay que decirlo así.

–¿Se cuela entre estos muros la actualidad? ¿Altera la vida de dentro?

–Las noticias y lo que pasa fuera nos llegan por la prensa escrita e Internet. Pero procuramos que no altere. Porque una cosa es estar informado y otra estar pendientes de las noticias y de la información. Pero nosotros estamos en este mundo y lógicamente las cosas que pasan nos afectan. Todo el tema de los inmigrantes es algo que nos toca y nos llega, muchas veces con dolor, viendo cómo tienen que arriesgar sus vidas para buscar trabajo o solución a sus vidas. Y, luego, en alguna medida, aunque menor, todo el tema de la política o cuando hay elecciones o cambios en el gobierno. Todo eso de alguna forma también entra.

–Y hay que dar por hecho que están ustedes al tanto de lo que pasa en la vida de la Iglesia...

–Pues sí, claro, estamos al tanto. Y algunas cosas nos tocan más de lleno o de una forma más próxima.

–¿Cómo se viven aquí dentro las noticias, que sacuden la vida de la Iglesia, de las denuncias contra religiosos por pederastia?

–Lo vivimos con preocupación, con cierta pena y vergüenza por lo que ha sucedido. Porque ciertamente, siendo sacerdotes todavía es más grave. Aunque también hay que reconocer que no es el único estamento social donde se ha dado y se da la pederastia. Lo que sucede es que en los medios como que tiene más llamada y más repercusión. Pero con esto no quiero decir que no sea menos grave porque se dé en otros sitios. Ciertamente, lo vivimos con dolor, es un mal ejemplo, un mal testimonio precisamente de las personas que tienen que ser testimonio de todo lo contrario.

–¿Por qué marcan para estar en la Hospedería de Silos un mínimo de tres días y un máximo de ocho?

–Ponemos un mínimo porque no queremos que esto se tome como un hotel o un restaurante sino que al menos vengan las personas con un poco más de calma y estén unos días de reflexión. Y, en principio, no más de ocho para que les conozcamos y nos conozcan a nosotros. A veces vienen con muchas ilusiones y muchas ideas románticas y al poco tiempo también quieren volverse y marcharse. Y la tercera razón es para dejar más espacio para otras personas que quieran venir y no hacer una competencia desleal a hoteles y restaurantes que hay en el pueblo.

–¡31 monjes en Silos! Pero con una media de edad alta. ¿Esta vida no es para jóvenes?

–En este momento, parece que no. Pero no solamente esta vida, sino otro tipo de vida religiosa, en general. Estamos en una sociedad, que es la que nos toca vivir, en la que da la impresión de que el tema religiosos, la vida religiosa, queda un poco al margen. De todas las formas, aunque vamos envejeciendo, esta comunidad benedictina está en una edad bastante aceptable.

«Gracias a las mujeres se pueden mantener hoy en día las parroquias; los hombres van menos»

–En los tiempos que vivimos, ¿les han reprochado que en su hospedería solo admitan hombres?

–Pues de vez en cuando sí nos dicen eso. Admitimos solo hombres porque la hospedería está dentro de nuestra clausura y para ir a la Iglesia tendrían que salir por fuera. Pero, así estamos de momento.

–La mujer reclama cada vez más peso en la sociedad para igualarse con el hombre. ¿Qué papel debe tener la Iglesia en ello, de cara a que contribuya a que sea realidad esa igualdad?

–Cada vez será mayor la presencia de las mujeres en todos los estamentos eclesiales. Pero hay temas que están así desde la constitución de la Iglesia y no creo que sea tan fácil cambiarlos, porque son temas teológicos más que temas del momento de modas o gustos pasajeros. Ciertamente, ya digo que la mujer irá teniendo un papel cada vez más destacado en la Iglesia. Y como párroco puedo decir que gracias a las mujeres, que son las que realmente van a las iglesias, se pueden mantener las iglesias en perfecto estado, porque los hombres van menos.

–¿Es más complicado evangelizar ahora que la vida se ha internetizado?

–Creo que complicado lo ha sido siempre. Si es más o menos ahora, no lo sé porque a todos siempre nos parece que el tiempo pasado fue mucho mejor. Lo que nos toca a nosotros es evangelizar en este momento y la evangelización, si es desde el testimonio, será una evangelización que llegue más que la de grandes discursos. Porque lo que necesitamos en estos momentos son guías más que predicadores, maestros más que grandes discursos, sobre todo que convenzan y prediquen con su vida.

–¿Lo que da Silos no lo pueden recetar los médicos?

–Los médicos pueden recetar que uno viva con calma, que no viva estresado y un poco lo que da Silos es un lugar de descanso, de reflexión. No sé si otros lugares también lo pueden dar; hombre, no somos exclusivos. Es cierto que el monasterio tiene el claustro románico que es un entorno en el que uno se siente a gusto y da cierta paz y tranquilidad, quizá por esa sucesión de las columnas, una tras otra. Todo eso crea un ambiente de serenidad en las personas. Luego, también si asisten a nuestros oficios y los hacemos la mayor parte en canto gregoriano, eso da tranquilidad, reposo y cierta serenidad. Pero no somos los únicos que cantamos en gregoriano, ¿eh? A veces se ponen de moda ciertos lugares y se olvidan otros que también tienen entorno monástico o comunidades de monjes.

–Salió usted de su Cítores del Páramo natal y llegó hasta la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, para luego volver a su Burgos del alma, aquí en Silos. ¿Tanta es la atracción de esta tierra?

–Fui a estudiar a Roma enviado por la comunidad y cuando uno termina los estudios, vuelve a su comunidad de origen. Aparte de que, desde luego, me encuentro más a gusto aquí que en Roma. Vivir tres años en Roma se hace pesado. Al menos para mí.

–Si naciera de nuevo, ¿volvería a hacerse monje?

–Esa es una pregunta que uno responde con la experiencia que tiene. Tampoco es una respuesta que se puede dar: claro, si no tiene más experiencia que esta, le digo que sí, que volvería a ser monje.

–¿Qué quiere ser de mayor?

–Un buen monje. Una vez que sea mayor, dejaré como abad paso a otros, sin más. Seguir viviendo monje y terminar aquí, en esta casa.

 

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