Con el abismo bajo los pies

Espectacular cascada del Salto del Nervión, en el Monte Santiago, a vista de pájaro. /El Norte
Espectacular cascada del Salto del Nervión, en el Monte Santiago, a vista de pájaro. / El Norte

El mirador del Salto del Nervión, el espeso hayedo, la lobera... permiten disfrutar de un espectáculo natural y hasta nos dejan soñar con volar

Juan Carlos León López
JUAN CARLOS LEÓN LÓPEZ

Es imposible no tener la sensación de que en cualquier momento puedes empezar a volar cuando te asomas a ese radical corte en la montaña, con los pies –los tuyos– instalados sobre una plataforma metálica que, literalmente, pende sobre el vacío. Y es que hay que tener espantado el vértigo y alejado el miedo, hay que acoger en el pecho un poderoso corazón del que no te estalle el miocardio sabiéndote sobre la nada, para poder disfrutar con plenitud del grandioso espectáculo natural que ofrece, en uno de los confines septentrionales de Castilla y León, uno de los miradores más impresionantes del país. «¿Estamos seguros? ¿Aguantará esto?», son la impepinables preguntas que resuenan en la cabeza de cualquier viajero, por muy temerario que sea, que acuda hasta allí.

En tierras burgalesas lindantes con el País Vasco (allí se junta con territorio de Álava), se trata del lugar conocido como mirador del Salto del Nervión, cerca de cuya cascada, la más alta de España con no menos de 220 metros de caída (222, según la Wikipedia, que otras mediciones elevan a 270 e incluso 300), nace y se despeña, casi pulverizándose, el agua de este río que muere en el Cantábrico. Aunque esta refrescante visión solo se puede contemplar si ha llovido fuertemente en poco tiempo o en época de deshielo. En caso contrario, el salto se seca y la maravilla que uno desearía ver se evapora. A pesar de ello, el conjunto mantiene su gran encanto, porque las vistas de las que podemos disfrutar desde el balcón son asombrosas, con un magnífico anfiteatro natural abierto a los pies.

Se llega hasta ese lugar portentoso, el mirador, pateando el Monte Santiago, un Monumento Natural –así catalogado– de los que abundan en tierras castellanas y leonesas y que también es, en este caso, un frondoso bosque de hayas, además de acoger otra gran variedad de especies arbóreas. Una amplia pista forestal, de tierra y grava, con algún paso canadiense incluido, permite adentrarse desde la carretera –a pie e incluso en coche hasta alguno de los dos aparcamientos internos– hacia un hayedo que también nos ofrece sus fantasías en forma de lobera –una trampa que servía para cazar lobos– y unas estatuas de un lobo y dos batidores que sorprenden por su tamaño gigantesco y son inquietantes para los más pequeños.

Sí, el mirador del Salto del Nervión es la estrella, pero el resto de este espacio natural también merece su atención y nos permite disfrutar de su belleza paisajística. Porque, amén de las fantasías mencionadas, existe un segundo mirador, menos famoso pero de visiones igualmente espectaculares, nombrado como Esquina Rubén. Además, el propio monte cuenta con varios recorridos relativamente sencillos e ideales para los amantes del senderismo, alguno de los cuales nos deja caminar junto al abismo. Una de sus sendas ofrece hasta tres kilómetros de precipicios sin igual en toda Castilla y León. Es un lugar, en definitiva, donde disfrutar de un perfecto plan de naturaleza en familia.

Alcanzar ese extremo nororiental de la región implica lanzarse a la aventura por sinuosas carreteras, bien a través del valle de Losa, en las Merindades burgalesas, o bien atravesando tierras alavesas, hasta darse de bruces con la pequeña localidad de Berberana. Desde aquí, la carretera que conduce al puerto de Orduña (BU-556), en unos tres kilómetros y sin pérdida posible, nos dejará a la derecha a las puertas de este rincón donde poder descubrir lo poco que cuesta soñar con el infinito y más allá.

y hasta nos dejan soñar con volar