«Sin las ferias no podríamos vivir»

MARÍA NEGRO

Carlos lleva más de dos décadas en la profesión. Estudió en la Escuela Municipal de Alfarería de Valladolid, y después en la Escuela de Artes y Oficios. Aún hoy continúa formándose. Como en toda disciplina artística, es fundamental renovarse y ser creativo. Por eso, cada año reserva una semana para asistir a cursos monográficos y conocer nuevas técnicas, con las que luego investiga en su taller.

-¿Las ferias de artesanía son un buen escaparate?

-Indudablemente. Sin las ferias no podríamos vivir. En algunos casos suponen entre el 25% y el 50% de las ventas anuales. De todos modos, la venta ha bajado en los últimos años; si antes asistías a cinco o seis al año, ahora tienes que hacer 10 para sacar la misma rentabilidad. Además, el cliente debe ser consciente de que en las ferias, al igual que en un taller, pueden adquirir las piezas a precios más bajos. Un comercio siempre fijará un margen de beneficio. Nos encontramos con mucha gente que cuando ve las piezas en la calle se piensa que tienen que ser baratas. No les importa pagar 200 euros en una tienda, pero en una feria 150 euros les parece caro. Y es la misma pieza.

-En esta profesión, se cumple el dicho de renovarse o morir

-Hay que darle al cliente lo que pide, y siempre pide cosas nuevas. Es necesario estar muy al día para innovar y no caer en la repetición. Además, hay que trabajar muy duro para mantenerse. La crisis económica ha hecho desaparecer muchos talleres. Hay compañeros que tienen que compaginar la artesanía con otro trabajo para llegar a fin de mes.

-¿En qué está trabajando?

En varias obras. Estoy haciendo un mural de diez metros cuadrados para un proyecto en el que colaboro con la Universidad de Valladolid. Representa un cortejo fúnebre formado y se va a instalar en las excavaciones de Pintia. También tengo en marcha una placa conmemorativa para la celebración del bicentenario de la Guerra de la Independencia, concretamente de la batalla de Cabezón de Pisuerga.

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