La 'gran vía' de Segovia

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1951. Aspecto de la avenida de Fernández Ladreda, construida para mejorar el acceso a Segovia desde la carretera de Madrona. Ya se están levantado los nuevos edificios, pero todavía puede verse a la derecha el pretil del arroyo Clamores, que descendía a San Millán. La foto está tomada por Río.  / COLECCIÓN DE JUAN IGNACIO DAVÍA/
1951. Aspecto de la avenida de Fernández Ladreda, construida para mejorar el acceso a Segovia desde la carretera de Madrona. Ya se están levantado los nuevos edificios, pero todavía puede verse a la derecha el pretil del arroyo Clamores, que descendía a San Millán. La foto está tomada por Río. / COLECCIÓN DE JUAN IGNACIO DAVÍA

Esta avenida es una de las principales arterias de Segovia. El corte de tráfico bajo el Acueducto decretado en 1992 remedió en parte el desaguisado urbano que el franquismo cometió abriendo una travesía que durante cuatro decenios lanzó millones de vehículos contra los pilares del monumento romano mejor conservado del mundo. Pero en 1950 nadie pronosticó lo que acabaría sucediendo con el aumento del parque automovilístico que corrió parejo al desarrollismo. La nueva calle -la 'gran vía' de Segovia, como se decía en la prensa de la época- arrebató a la plaza del Azoguejo y sus calles aledañas el carácter popular y el sosiego de la vida cotidiana que siempre tuvieron, sustituyendo a las gentes por los coches, el sonido del traqueteo de los carros por el de las bocinas estridentes, la conversación a la puerta de El Sotanillo por el bullicio y las prisas. Hoy las personas vuelven a cobrar protagonismo en una avenida que, afortunadamente, ha dejado de ser un auténtico infierno.

Hasta mediado el siglo XX, la ancha calle que hoy vemos tenía tres segmentos con sus correspondientes nombres: Perocota, entre el Azoguejo y la plaza del Carmen; plaza del Carmen, en el entorno del antiguo convento del mismo nombre, hoy sede de la Caja de Ahorros; y San Clemente, entre el Carmen y la calle de la Asunción, actual Gobernador Fernández Jiménez. El resto de la travesía no existía como tal, pues su espacio estaba ocupado por casas, corrales y huertas hasta la calle Escultor Marinas, junto a la explanada de la iglesia de San Millán, entonces rodeada de tapias. El Clamores descendía desde el puente del Verdugo en dirección a la Huerta del Moro, y los jardines de San Roque cerraban el casco urbano de Segovia, ya en los desmontes de la población.

El proyecto

El objetivo del Ministerio de Obras Públicas era trazar una travesía de nuevo cuño que enlazara la carretera de Madrona (Camino Nacional 110 de Soria a Plasencia) con la calle de San Clemente, junto a la iglesia del mismo nombre, de tal manera que la 'gran vía' desembocara a los pies del mismísimo Acueducto. El proyecto preveía al mismo tiempo la apertura de otra travesía en el lado oriental del monumento -actual avenida de Padre Claret- y la construcción de una gran estación de autobuses en la calle de Gascos, en el inicio de las huertas de San Lorenzo, extremo que no llegó a colmo.

El parto de la nueva vía no fue fácil. El propio régimen lo reconoce en la revista propagandística 'Un año de política falangista al servicio de Franco', editada en 1951 por la jefatura provincial de Falange: «La dolorosa cirugía estética urbana se hizo precisa en esta parte de la ciudad, obligando al derribo de varias casas con motivo del ensanche y el embellecimiento de la antigua calle de San Clemente, en vías de convertirse en la modernísima y alegre avenida de Fernández Ladreda, cuyo nombre lleva en reconocimiento a la ayuda y cariño con que el Ministro de Obras Públicas señaló siempre a nuestra capital». Puede decirse que la obra -de dimensiones faraónicas para una ciudad todavía muy pobre- fue un capricho del Estado, porque el Ayuntamiento tenía problemas más importantes que resolver; pero la «política de realidades» del régimen era inaplazable.

Expropiaciones

Todo empezó en 1946. El ingeniero jefe de Obras Públicas pide en marzo al Ayuntamiento que expropie los terrenos necesarios para la construcción de la avenida y se los ceda gratuitamente al Estado. La obra afecta a más de veinte propietarios, según observa el arquitecto municipal, Francisco Fernández-Vega, que la describe con minuciosidad en una carta remitida al alcalde, Andrés Reguera: «El proyecto arranca en la plaza del Azoguejo, continuando por la calle de San Clemente hasta el número 10, donde hace un cambio de dirección (a la altura de la iglesia) y se mete por los terrenos de la vaguada del arroyo Clamores, propiedad de don Pedro González y don Fernando Redondo, a salir a la calle Escultor Marinas, cortando las casas números 9, 11 y 13 de la misma calle; sigue por la travesía de Santo Domingo seccionando otras edificaciones y sale al paseo de Ezequiel González por el sector de poniente de los Jardinillos de San Roque. Después, cruza a esta misma altura el paseo, arranca nuevamente por los terrenos de don Francisco López (escombrera de la Piedad) y va a empalmar con la carretera de Madrona a la altura de la Piedad».

El ancho previsto para la nueva calle es de 18 metros, doce de ellos de calzada, con un pavimento de adoquín de granito. Las expropiaciones rondan los 2,5 millones de pesetas, pues oscilan desde las 75 pesetas el metro cuadrado que el Estado pagaba a los propietarios de la calle de San Clemente, a las 15 pesetas el metro que ofrecía a los propietarios del Paseo Nuevo que resultaron afectados por la obra.

Tras algún tira y afloja con el Ayuntamiento, que no quería asumir las expropiaciones, el Gobierno retoca el proyecto inicial, pero acaba saliéndose con la suya. La obra se aprueba en mayo de 1947 con un presupuesto de 5,6 millones de pesetas que, unido al coste de las indemnizaciones, acaba sobrepasando los 7 millones.

Los vecinos comienzan entonces a recibir los avisos para que procedan al desalojo urgente, aunque las expropiaciones -algunas traumáticas- se prolongaron a lo largo de varios años. Entre los expropiados, por ejemplo, figura Dionisio Duque Gutiérrez, arrendatario de la planta de sótano, baja y primera del edificio que hacía esquina entre el Azoguejo y la estrechísima calle de Perocota. Allí tuvo Duque muchos años la popular Casa de Comidas de 'El Chato'. Al hostelero se le indemnizó con 12.000 pesetas, lo equivalente a doce meses del alquiler que venía pagando. A Juan Jerónimo Pedrazuela, propietario de la finca situada en el número 11 de la calle Escultor Marinas, se le pagaron 87.915 pesetas, y el propio Ayuntamiento recibió 236.363 pesetas por el parque de Bomberos y el garaje municipal que tenía en los números 4, 6 y 8 de la calle de San Clemente (en la foto superior). En una carta enviada a una de las propietarias, el Estado lo deja muy claro: «Caso de no retirar los enseres (en el plazo indicado), quedarán en propiedad de la Administración, que procederá a ocupar el inmueble, no cabiendo contra este hecho reclamación alguna».

En obras

La piqueta entró en acción y abrió una avenida ancha y espaciosa que la prensa veía como el origen de la mejor barriada de la ciudad y de la Segovia del futuro. En los años sucesivos se fueron construyendo nuevas edificaciones a lo largo de la travesía, la mayoría de ellas con soportales y de piedra de granito. Las iglesias de San Millán y San Clemente y el convento del Carmen, que no fue derribado hasta los años sesenta, ponían el contrapunto histórico a las construcciones de nuevo cuño. Los tramos de Perocota, plaza del Carmen y San Clemente acabaron perdiendo sus nombres para mayor gloria del ministro de Obras Públicas, José María Fernández Ladreda.

En un principio, todo fueron alabanzas, pero las críticas no tardaron demasiado en llegar. El arquitecto Francisco Fernández Vega, autor de alguno de los nuevos inmuebles, reconoce en 1972 que la solución no había sido la adecuada porque, además de quebrar la estructura urbana tradicional de las calles del Carmen, San Clemente, Perocota, Escultor Marinas, Jardinillos de San Roque y Santo Domingo, la avenida canalizaba por el Azoguejo un tráfico que en los años setenta ya era muy intenso. Fernández Vega pronostica problemas para el monumento y lamenta asimismo la pérdida del carácter popular de una plaza histórica.

Sólo las viejas fotografías nos dan testimonio del aspecto que esta zona tan segoviana tenía antes del año 1950. Es cuestión de comparar.

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