Por San Blas, naranjas rodarás

Los niños, durante el juego de rodar naranjas.
Los niños, durante el juego de rodar naranjas. / CÉSAR CEINOS
  • Los niños de Carrión reviven en el monasterio de Santa Clara el tradicional juego

Una veintena de escolares de Carrión de los Condes cogieron ayer una naranja de la cocina de su casa, se la guardaron en el bolso del abrigo y fueron al monasterio de Santa Clara. Allí cogieron el cítrico y comenzaron a jugar con él. Será, con total seguridad, el único momento del año en el que los pequeños no se lleven una regañina de sus padres por jugar con la comida.

Esto se debe a que están cumpliendo con la tradición de ‘rodar la naranja’, un rito que cada año mantienen los carrioneses el 3 de febrero, el día de San Blas. Muchos mayores, sobre todo cuando se acerca esta jornada, se preguntan: ¿dónde se rueda la naranja, si hay no hay eras? Pero estos impedimentos no son culpa de los niños, que, con la ilusión que les caracteriza, jugaron junto al cenobio, ya que los antiguos campos terminaron de urbanizarse con la construcción del nuevo colegio y de la guarderia durante los primeros años del siglo XXI.

De esta particular fiesta no se sabe muy bien su origen. Los vecinos, para explicar el inicio de la leyenda, comentan que el Cid Campeador fue a visitar a sus hijas, Sol y Elvira, ya que estaban casadas con los infantes de Carrión, según cuenta el Cantar del Mio Cid. Cuando el burgalés llegó al pueblo y no vio a sus descendientes, comenzó a gritar hasta desgañitarse y a tirar las naranjas que traía como regalo. Los jóvenes de la localidad, que no conocían esta fruta porque no es autóctona de la zona, comenzaron a cogerlas del suelo mientras Rodrigo Díaz de Vivar abandonaba la ciudad con la voz rota. Pero antes de salir de Carrión pasó por el monasterio de Santa Clara y besó las reliquias de san Blas, que le curaron la garganta.

Esta es la historia que se cuenta en el municipio, aunque de real tiene poco, ya que ni los citados infantes se casaron con las hijas del Cid, ni el monasterio de Santa Clara existía en el siglo XI, por lo que es imposible que trajese naranjas a sus descendientes ni que pasara por el monumento situado junto al Camino de Santiago, que se fundó dos centurias más tarde. Pero a los niños que se acercaron al templo no les importó que esto haya ocurrido nunca ni que la leyenda sea totalmente falsa. Ayer, como manda la tradición, salieron y tiraron los cítricos por el suelo hasta que se rompieron y pasaron un buen rato jugando con sus amigos pese a que el viento y la amenaza de lluvia animaban a no salir de casa.

Los niños que fueron a Santa Clara se encontraron en la puerta del monasterio con un buen grupo de vecinos más mayores que llenaron la iglesia para oir misa y besar las reliquias que se atribuyen a san Blas, porque, según comentan, protegen la garganta. Además, muchos de ellos, a la salida, compraron dulces que vendían las monjas clarisas con motivo de esta celebración.

Por otro lado, coincidiendo con esta fecha, las religiosas ponen punto y final a la muestra sobre ‘El Belén, sus personajes y sus símbolos’, que han visitado 1.900 personas desde que se inaugurara el 26 de noviembre. Desde ahora, los belenes convivirán en la sala museo del monasterio el resto de obras de arte de la colección.