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Los alumnos de Cavolo, trabajando en el mural del Patio Herreriano. / AIDA RODRÍGUEZ

Un puzzle mural de retratos

  • Ricardo Cavolo embarca a sus alumnos de IlustraTour en un mural dentro del Patio Herreriano que suma los rostros creados durante esta semana

Autorretratos, caricaturas, retratos, en definitiva rostros propios o ajenos que resumen «una historia, una vida». Esa era la propuesta del ilustrador salmantino Ricardo Cavolo a los alumnos de su taller en IlustraTour. Durante tres días han trabajado sobre el papel y ayer comenzaron a trasladarlo a una pared del Museo Patio Herreriano. El mural estará expuesto hasta septiembre.

La base de la pared son dos caras, una mujer y un hombre, que la ocupan casi al 100%. Sobre ellos han ido buscando su hueco los 13 ilustradores que trabajan con Cavolo. El trabajo individual se suma a uno coral, el retrato de cada uno tiene que atenerse a su marco y establecer una relación visual con los que le rodean. La primera dibujante por la derecha es Elisa Basagoiti, de Madrid. Es profesora de plástica y ha elegido reflejar el mundo de uno de sus alumnos: la cabeza de un niño que lo pierde todo. Entre sus oidos, un pez del que se puede ver la cola y la cabeza, «quiero expresar que lo que se le dice, le entra por un oído y le sale por el otro».

La siguiente es Anica Ridruejo que ha elegido un autorretrato, digno de la cámara del doctor Freud. De su ojo derecho salen calaveras, «quería sacar la tristeza y la soledad de la niñez», más abajo corazones rotos –«los amores de la adolescencia»–, a la izquierda un busto desnudo con una línea quebrada,«queriendo evocar la enfermedad, estoy operada del pecho» y un desarrollo vertical en forma de ramas de un árbol de las que cuelgan más corazones. Arriba, una vaca azul, «mi madre, muy presente aunque murió».

En una escalera está subida Nadia Hafid, de Barcelona, que pinta cerca del techo un retrato de ella y su hermana. «Se acaba de mudar a mi casa en Barcelona. Elijo el azul y el negro para contrastar con el fondo». Está acostumbrada a pintar sobre todo tipo de superficies: murales, cerámica, papel.

Andrea Marqués ha elegido a un personaje de su álbum ilustrado web para trabajar sobre él al más puro estilo Cavolo, rojos y naranjas. «Es un hombre aventurero, sin miedo, que no quiere atarse a nada».

Curioso el caso de sus vecinas, las ‘Lauras’, dos castellonenses que dibujan desde pequeñas juntas y han hecho de esta habilidad su trabajo (laulauenlaserratinta). Laura Broch y Laura Pitarch tienen un proyecto de retrato-relato, es la cabeza de un ruso que nunca ha visto el mar y se encuentra con un monstruo medio rinoceronte, medio cachalote. Encima trabaja Paz Bey, una ilustradora de los símbolos religiosos femeninos. «Quiero establecer la conexión de lo femenino con la naturaleza».

Francisco Casquero se ha sorprendido a sí mismo haciendo calaveras, «que nunca había hecho. He querido jugar con la dualidad del día y la noche, el yin y el yang», dice este este licenciado en Bellas Artes que se planteó la ilustración a partir del máster de i con i (Casa del Lector). Y al final del mural trabaja Alejandro Pérez que ha volcado los momentos estelares de su vida en un retrato: me gusta navegar, por eso el agua, el fútbol, el dibujo, las letras árabes y los números romanos, dos pérdidas importantes. Todo mezclado con las nubes, y con aire de grafiti». Licenciado en Diseño, considera que es indispensable en todo, pero «la libertad del dibujo no te la da el diseño».

Ricardo Cavolo pintó en medio de sus dos personajes un corazón con trece ojos, uno por cada alumno. «El ojo para mí es lo más importante en un retrato. Es el foco con el que estableces la comunicación, como en la relación de las personas». Ahora está metido en el dibujo de una baraja de cartas para Fournier. También prepara una exposición de ilustraciones en Montreal para otoño y otra en Amsterdam, «una especie de museo antropológico de una religión primitiva».