Ferrer-Dalmau: «Necesitaría muchas vidas para pintar la historia militar de España»

El pintor catalán Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, en su estudio de Valladolid.
El pintor catalán Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, en su estudio de Valladolid. / Rubén Cacho-Ical
  • El pintor catalán, afincado en Valladolid desde hace un lustro, inaugura el próximo 21 de enero su exposición 'Georgia in the heart of Afghanistan'  

"Lo mío es reconstruir la historia, desde los tercios hasta las Navas de Tolosa, si toca, aunque necesitaría muchas vidas para pintar la historia militar de España". Contundente y directo, Augusto Ferrer-Dalmau (Barcelona, 1964) repasa en su estudio vallisoletano la trayectoria que le ha llevado a convertirse en el más prestigioso pintor militar de España. Sus servicios hacen que sea reclamado incluso por ejércitos extranjeros, y fruto de uno de esos encargos le ha dado forma a ''''Georgia in the heart of Afghanistan'''', una exposición que abrirá sus puertas el próximo 21 de enero en el Ayuntamiento de Valladolid, antes de iniciar un peregrinaje por ciudades como Nueva York, París, Bruselas o Tiflis, entre otras. El día de la inauguración, el ministro georgiano de Defensa, Mindia Djanelidze, acompañado por la cúpula militar de Georgia, le condecorará en Valladolid con la medalla General Kvinitadze como reconocimiento por difundir con su arte la labor de su ejercito. En esta entrevista con Ical, confiesa que la pasión militar irrumpió en su vida mucho antes que la afición por la pintura: ¿la culpa?, de actores como John Wayne y de realizadores como John Huston, que le dejaban pegado al sofá; de su madre, hija de militar; y de su paso por el Regimiento de Cazadores de Montaña, que consolidó su devoción por la historia del ejército español.

Tengo entendido que su llegada a la pintura fue más bien tardía, cuando rondaba los treinta años...

Profesionalmente empecé en el sector textil. Mi familia se dedicaba a ello y trabajé como diseñador textil hasta que, cansado, di el salto a la pintura, donde comencé de forma totalmente autodidacta. Nunca había cogido unos pinceles, y en torno a 1993 me puse a pintar un cuadro al óleo y me gustó. Decidi preparar una docena de lienzos para organizar una exposición, los mostré en una galería y todo funcionó maravillosamente desde el principio. Gustó muchísimo y ahí empecé mi trayectoria.

En sus inicios los temas que dominaban su pintura eran los paisajes urbanos. ¿Por qué se decantó por esa especialidad?

Un día descubrí el trabajo de Antonio López y me encantó. Pensé: ''''Esto es lo que yo quiero hacer'''', y empecé por ahí. Luego, hacia 1999, me decanté por la pintura histórica.

¿Cuál fue el detonante de ese giro?

Siempre me gustó el tema histórico, y en una exposición decidí incluir dos figuras de caballos. Esos dos cuadros tuvieron una aceptación impresionante, y decidí que mi siguiente exposición sería sólo de caballería. Y ahí empezó todo.

En aquel momento esa decisión suponía ir contracorriente. ¿Era consciente?

Totalmente. En España, creo que dentro del circuito de las galerías nadie había hecho exposiciones de temática militar. Ya existía un público, pero costó mucho concienciar a la gente, que hoy lo ve como algo más natural y le brinda una buena aceptación.

Antonio Brugada, Josep Cusachs, Mariano Fortuny... ¿Con quién se siente más cómodo que le comparen?

Con todos ellos. Son grandes pintores y siempre encuentro una pincelada que aporta algo a mi pintura. Si me voy a Fortuny, su color me encanta; si voy a Cusachs, sus caballos y sus paisajes me fascinan... Cada uno me aporta algo.

En su tarea de "fotografiar el pasado", ¿cuáles son sus referentes?

Me gustan mucho los pintores franceses del XIX. Para mí ahí están los maestros de la mejor pintura militar: Alphonse Marie de Neuville, Edouard Detaille... Desde siempre me ha gustado su trabajo, y mi pintura está muy influenciada por ellos. Pintaban la guerra con una perspectiva romántica, y eso hace que cualquiera quiera tener en su casa un lienzo así, una ventana a la historia pero también algo bonito.

La guerra es uno de los grandes telones de fondo de sus obras. ¿Qué le atrae visual y estéticamente de los conflictos armados?

Los uniformes eran mucho más bonitos y vistosos antes: había caballos, los cañones, el brillo de los sables... todo tenía una estética. y dentro de la guerra se producían escenas de un romanticismo que quizá se haya perdido. Ahora he realizado lienzos sobre guerras actuales, donde lo que me gusta es poder vivir el conflicto in situ. Poder ir allí y ver la guerra en persona antes de pintarla, es diferente. En el caso de pinturas contemporáneas, busco sobre todo personajes, en lugar de enfrentamientos o combates.

En 2012 viajó junto a las tropas españolas de la ISAF a Afganistán, y este verano regresó junto al ejército georgiano. ¿Le cambia la mirada tras haber estado allí?

Te cambia, sí. Yo hice el servicio militar, o sea que para mí no era totalmente novedoso, pero notas que hay un ambiente que no es el de un cuartel, y buscas esa imagen para poder transmitirla. Los soldados son personas que viven constantemente en tensión, sin relajación, y eso se percibe. Una cosa es la sonrisa de un soldado en un cuartel y otra bien diferente en un conflicto, acechados por el peligro. Ahora estoy en conversaciones para ir a otra contienda de la que todavía no puedo hablar, se está cerrando el acuerdo.

¿Cómo fue la experiencia en Helmand, una de la zonas ''''calientes'''' de Afganistán?

La estancia allí fue mucho más complicada que cuando acompañé al ejército español en 2012. Es la zona más conflictiva del país, en pleno circuito del opio. Hay combates, disparos y bajas todos los días. Cuando hablas con los soldados tienen otra mirada, otra forma de actuar, y te pones en la situación. Además, la soledad del paisaje impone muchísimo. El paisaje donde estaban los españoles era montañoso y en Helmand es plano, ves un desierto y de repente aparecen unas casas y no sabes lo que te vas a encontrar ahí. He conocido historias tremendas, y he visto cosas que no me han gustado nada, pero forman parte de la guerra.

¿Esas experiencias le ayudan a meterse en situación también a la hora de recrear batallas del pasado?

Seguro. Son soldados, hombres que se juegan la vida, y un soldado es un soldado ahora y hace mil años. Las armas han cambiado, pero el miedo o el valor son sensaciones que siguen ahí. Cuando vas de patrulla con ellos, o en los vehículos, notas esa sensación, y eso me ayuda luego a transmitirlo en los cuadros del pasado. Cuando estás con gente que se juega la vida a diario, que sale por la puerta sin saber si van a regresar, esa sensación te acompaña para toda la vida, y te ayuda a dotar de alma a tu pintura.

¿Cómo se siente más cómodo, viajando en el tiempo para recrear batalla como la de Rocroi (1643) o haciendo lienzos contemporáneos?

Para mí es más cómodo viajar en el tiempo para reconstruir la historia, pero también me gusta mucho viajar a Afganistán, eso seguro. Me encanta vivir la guerra con perspectiva y también meterme en la situación.

En el caso de las recreaciones, ¿cómo trabaja los procesos de documentación?

Es una de las partes que más me apasionan. Es el momento que más disfruto del cuadro, porque busco armas, me compro yelmos, borgollotas, mosquetones o corazas, y amplío mi colección de sables; me compro todo lo necesario, no porque vaya a pintarlo, sino porque me gusta tocar la herramienta de trabajo de los soldados a los que voy a retratar. Notar el peso de una espada ya me transmite cosas. A veces me visto como ellos, me miro y me meto en el personaje, que es lo importante.

La pintura militar es un terreno un tanto resbaladizo, donde los historiadores pueden estar a la caza del gazapo...

Siempre me ha gustado mucho la historia y tengo muy buenos amigos historiadores, así que cuando pinto un cuadro me documento con ellos. Mi trabajo no es sólo mío, sino que hay historiadores y coleccionistas con los que cuento para asesorarme en todo, desde los uniformes hasta las armas. No me preocupa porque siempre voy respaldado por gente muy documentada. Mi trabajo es intentar reconstruir con la máxima fidelidad lo que vivió aquella gente.

Un fiel compañero de viaje que ha encontrado en el camino es el escritor y académico Arturo Pérez Reverte. ¿Cómo se conocieron?

Hace muchos años en una galería, donde llegó para ver mi exposición. Le gustó muchísimo y desde entonces hubo 'feeling'. Nos hicimos amigos enseguida porque nos gustan las mismas cosas: el valor, el sufrimiento, las historias de soldados, valorar el esfuerzo y el sacrificio.

Tiene que ser reconfortante dar con alguien así, con un alma gemela.

Sí, la verdad es que ha sido algo muy bonito. Da gusto porque es una persona que me transmite muchísima energía a la hora de pintar un cuadro. Cuando hablo con él me cuenta historias y tiene una imaginación portentosa. Enseguida conectamos y salen cosas muy interesantes.

En alguna ocasión ha confesado ser "un enamorado del ejército español".

Yo estoy enamorado de la historia militar de España. La actual, la presente y la pasada, desde las victorias hasta las derrotas. Me siento muy orgulloso, siempre, del soldado español. Para mí es el mejor soldado; conozco la historia de otros países, pero el soldado español tiene algo que los demás no tienen, y es que nos crecemos ante la adversidad. Nos hacemos más fuertes, hacemos lo imposible. Resistimos lo que no resiste nadie. Por eso muchos cuadros míos son de resistencia, no son derrotas, son victorias morales porque sacan fuerzas de flaqueza. El cuadro del Glorioso, la carga del Alcántara en Rocroi... es donde nos diferenciamos con el resto de los soldados del mundo: el español aguanta lo que no aguanta nadie. Ni los japoneses.

¿Se ha sentido etiquetado políticamente?

Sin duda. En cuanto te pronuncias sobre el tema militar en este país la gente te encasilla: ''''Eres militarista'''', sin ser conscientes de que realmente España es lo que es por nuestra historia militar. Lo llevamos en nuestro código genético, que es guerrero por naturaleza. Todos. Ves a un señor por la calle y dices: ''''A este tío lo pongo yo en el campo de batalla, sé lo que haría y cómo se comportaría''''. Estamos donde estamos porque hemos llegado aquí a través de combates y de la historia.

¿Por qué cree que está tan mal visto el patriotismo hoy?

Yo creo que es un complejo que tenemos los españoles desde siempre: miramos al vecino y no nos miramos nosotros mismos, cuando somos buenísimos y no tenemos nada que envidiar a nadie. Miramos al Séptimo de Caballería, al general Custer, a los marines y a otros ejércitos sin ser conscientes de lo que nosotros somos. Tenemos una historia que ya la quisiera para sí cualquier otro país. Son tantos los hechos gloriosos que hemos protagonizado, lo llevamos tan interiorizado que no les damos ninguna importancia. Si hubiera sido uno esporádico en nuestra historia seguiríamos hablando de él, pero como son tantos lo vemos como algo normal. Ése es nuestro gran problema.

Quizá la historia de España no se enseña como se debería en el sistema educativo.

Yo creo que está mal enfocada. Se estudian las fechas y los nombres, pero no a las personas. Detrás de cada hecho glorioso hay que estudiar a los hombres, qué hicieron, porque así es como la gente se embota de valores. ¿Y estos éramos nosotros?, ¿hicimos eso? Aún recuerdo a un profesor de Historia que tuve con nueve o diez años, que nos contaba los hechos gloriosos y nos dejaba con la boca abierta. Aprendimos muchísimo con él. La historia está hecha de victorias y de derrotas, pero derrotas tenemos muy pocas, y las pocas que tenemos han sido gloriosas, no por cobardía, sino por falta de munición o de hombres. El heroísmo hace que uno se siente más orgulloso, y sentirnos orgullosos de nosotros mismos y de nuestra historia nos ayuda a valorarnos y sobre todo a unirnos, porque ahí había españoles de todo tipo: catalanes, vascos, aragoneses, madrileños... y éramos una piña. Eso crea patriotismo.

Conociendo como conoce la historia de España y siendo catalán, ¿cómo valora la situación actual?

Me duele mucho. Muchos catalanes, a lo largo de la historia de España, han dado su vida por lo que somos. Su sangre se ha mezclado con sangre castellana, aragonesa y andaluza, y que ahora vengan y digan que nosotros no somos... Eso es una gran mentira. Hay que hacer honor a todos esos catalanes que han dado su vida por España, que son muchos muchos miles, igual que de otras partes de España.

Un tema que nunca ha abordado en sus lienzos es la guerra civil.

Es que no me gusta y está muy politizado. Me gustaría pintar la guerra civil desde el punto de vista humano, pero sé que le pondrían etiquetas. En la guerra civil eran todos españoles y todos eran valientes, de un lado y del otro, desde los que cruzaron el río Ebro, del bando republicano, a los que estaban al otro lado. En una guerra entre hermanos, ¿quién es el mejor soldado? Todos. Todos son españoles. Y esto lo tengo muy claro. Todos lucharon, todos fueron valientes en el campo de batalla desde el punto de vista militar. Creo que la gente no lo vería desde el punto de vista de los soldados, sino desde una perspectiva política.

Está a punto de cumplir cinco años ''''exiliado'''' en Valladolid. ¿Por qué eligió esta ciudad?

Había estado décadas atrás y cuando regresé encontré una ciudad muy cambiada. En mi opinión en estos momentos es la gran desconocida de España. Aquí tenía unos amigos, un día vine y me pareció una ciudad maravillosa. Me gusta el frío, me gusta el clima y la ciudad me gusta muchísimo. La verdad es que se vive muy bien. Los castellanos son gente muy sana, serios como yo, y muy leales. Son personas a las que les gusta hablar y charlar, tranquilos, no les gusta demasiado la juerga y se pueden tener conversaciones muy interesantes. Me siento muy cómodo con ellos, más que en otros sitios. El carácter castellano me gusta, quizá porque me siento identificado.

¿Qué balance hace de este lustro?

Estoy muy contento por la decisión que adopté, y pienso seguir aquí porque esto es muy cómodo. La gente es estupenda, no tengo problemas con nadie, en Valladolid no hay delincuencia, y la calidad de vida es inmejorable.