Fermoselle empieza a reverdecer tras el gran incendio del verano en Arribes

Un trabajador realiza labores de recuperación de espacios quemados./Mariam A. Montesinos
Un trabajador realiza labores de recuperación de espacios quemados. / Mariam A. Montesinos

Seis meses después del siniestro ambiental, avanzan las tareas de recuperación de la zona arrasada por el fuego

Alicia Pérez
ALICIA PÉREZFermoselle (Zamora)

Los niños del colegio de Fermoselle dedican este curso a la temática de los monstruos después de que en agosto vieran llegar al municipio al monstruo del fuego. «Los monstruos vienen a vernos», recuerdan los escolares sobre el pasado 26 de agosto en un vídeo que han grabado sobre lo que vivieron y cómo se les presentó en las noches posteriores en forma de pesadilla. En Navidad, una encina quemada sustituyó al tradicional árbol y, en primavera, tienen planeado salir al campo a plantar.

El incendio forestal del verano no cae en el olvido ni para mayores ni para pequeños. El fuego, que se reavivó una semana después, se acercó peligrosamente al pueblo y devastó 2.800 hectáreas, más de 2.000 del término municipal de Fermoselle. El resto, en Fornillos y Pinilla de Fermoselle, anejos del municipio de Villar del Buey. Todos en la comarca de Sayago, en pleno Parque Natural de los Arribes del Duero.

Paloma Díez, en el exterior de la Panadería-Bollería Díez,de Fermoselle, a la que se aproximaron las llamas.
Paloma Díez, en el exterior de la Panadería-Bollería Díez,de Fermoselle, a la que se aproximaron las llamas. / Mariam A. Montesinos

La zona es además Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta Ibérica, por lo que el daño medioambiental se considera incalculable. El fuego arrasó encinas centenarias, frutales, jaras, escobas, viñedos y almendros. También muchos olivos, que permanecen en el paisaje, partidos, retorcidos, quemados y con los troncos huecos por dentro.

Medio centenar de olivos y quinientos kilos de aceitunas perdió Manuel Armenteros, de 71 años, en el paraje conocido como Caracosta. «El día que no vaya, malo», confiesa al volver de la finca, su principal entretenimiento desde hace más de 20 años. El 26 de agosto también fue a su terreno, pero ya estaba en casa cuando por la tarde el viento cambió la dirección de las llamas. «Me confié y me eché la siesta», recuerda. «Si no me quema hasta a mí», añade.

«Hay olivos de 800 años e incluso más y están arrasados. Son heredados de abuelos y padres, es algo muy sentimental», explica Manuel Moya en la zona, que todavía desprende olor a quemado, pero en la que ya comienza la regeneración natural y el verde va sustituyendo al negro. El teniente de alcalde del Ayuntamiento, que en agosto ocupaba el cargo de alcalde accidental porque el regidor, Alejandro Fermoselle, estaba de baja por enfermedad, destaca que el fuego no respetó nada y que lo que se quemó en horas cuesta mucho recuperarlo. Los vecinos vivieron momentos agobiantes en una jornada de sábado de las Fiestas de San Agustín en la que no cabía un alma. En un municipio de 1.300 habitantes había congregadas unas 10.000 personas.

En apenas quince minutos

Muestra de la desesperación que se vivió aquella tarde, en la que fueron desalojados 129 mayores de la residencia Conchita Regojo, es el caso de Paloma Díez, que sintió el fuego muy cerca de la Panadería-Bollería Díez que regenta su hermano Roberto y vio arder ante sus ojos forrajes, maquinaria y aperos de la explotación de ovino de su marido, uno de los grandes damnificados. La peor parte se la llevaron esas instalaciones ganaderas, Perdieron paja y forraje que eran trabajo de dos cosechas, una furgoneta, un tractor, una cuba de fertilizante, montones de estiércol y el remolque para repartirlo. «Todos los días te acuerdas, pero qué haces, sabes que tienes que tirar para adelante», relata Paloma Díez, quien, aunque no quiera, mira a su alrededor y recuerda lo que ha pasado. «Todo tu esfuerzo quemado en quince minutos», resume. Son conscientes de que podía haber sido peor si el fuego hubiera llegado a la nave en la que crían 700 ovejas de raza Assaf.

Hasta el momento, no han recibido ningún tipo de ayuda, aunque la Diputación de Zamora destinará cuantías para agricultores y ganaderos a título principal que hayan tenido pérdidas en sus explotaciones.

El ganadero Antonio Elizalde, junto al tractor y aperos que se quemaron en el incendio en su explotación de ovino.
El ganadero Antonio Elizalde, junto al tractor y aperos que se quemaron en el incendio en su explotación de ovino. / Mariam A. Montesinos

En labores de recuperación de las zonas quemadas en el incendio forestal trabaja desde noviembre una cuadrilla de operarios de la empresa pública Tragsa. Ejecutan el plan de restauración hidrológico-forestal al que el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente ha destinado 500.000 euros para paliar los daños más urgentes causados en el Parque Natural, unas actuaciones que son gestionadas por la Consejería de Fomento y Medio Ambiente de la Junta.

Se afanan en la reconstrucción y protección de laderas y bancales, la apertura de senderos que estaban cerrados por la vegetación, la siembra de parcelas para alimento de fauna y pastoreo y la ejecución de lagunas para animales. Los terrenos afectados son privados. La mayoría, sobre un 90%, monte que estaba perdido y fincas sin trabajar. En total, más de 200 propietarios y 411 parcelas de dimensiones pequeñas, según los datos facilitados por el Consistorio.

Tras la tragedia, el lema del equipo de Gobierno es que «el catastrofismo no sirve para nada y que hay que intentar repuntar». Se han centrado en continuar con la promoción del turismo y en intentar proteger el casco urbano ante futuros incendios. Han ampliado las bocas de riego y elaborado una ordenanza municipal para que se mantengan limpias las parcelas situadas a un kilómetro de las últimas viviendas e infraestructuras industriales de un núcleo urbano declarado Conjunto Histórico Artístico en 1974.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos