La luz que todo lo envuelve

Mariana Palomino, una de las participantes en el curso. /
Mariana Palomino, una de las participantes en el curso.

Dieciséis estudiantes de Bellas Artes de diferentes facultades participan en la edición 2016 del curso de Pintores

J. DE ANDRÉS/ICALsegovia

La luz de Segovia es única, o eso es al menos lo que aseguran la mayor parte de los pintores y fotógrafos que pasan por la ciudad bien por ocio o bien por trabajo. La ubicación geográfíca y la belleza monumental parecen tener su importancia en este hecho, que añade un plus de dificultad a los 16 alumnos de Bellas Artes de otras tantas facultades públicas de España que pasan el mes de agosto plasmando sobre lienzos de múltiples tamaños la riqueza cromática e histórica de la ciudad y buena parte de la provincia.

El curso de Pintores Pensionados, que desde 1950 organiza la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce data de 1919, cuando se comenzaron a impartir las primeras becas en el Monasterio de El Paular en Rascafría (Madrid) para su posterior traslado a Segovia, donde se ha celebrado desde entonces.

El Palacio Quintanar es la sede oficial del Curso y durante el mes de agosto se convierte en el centro de operaciones de los alumnos donde comen, trabajan y duermen bajo la tutela del profesor de la Facultad de Bellas Artes de Madrid, Pedro Terrón, que ejerce la dirección del curso por primera vez.

Terrón busca en sus recuerdos el primer contacto con Segovia y lo encuentra en 1979 en la villa de Ayllón, donde acudió becado para pintar en un curso de pintura que ya tenía vínculos con el Curso de Pintores Pensionados de Segovia. Ahora, como director del curso, reconoce que «mantener desde los años 50 un curso como éste con todo lo que supone y cuesta es casi un milagro».

Terrón intenta no intervenir demasiado en la tarea de los alumnos porque, explica «mi función es más de tender puentes con la organización» y nunca impone su criterio a los becados. Desea «larga vida» al curso y destaca como uno de los aspectos fundamentales el hecho de que «todas las puertas de Segovia están abiertas a los pintores, desde casas particulares a organismos oficiales».

El curso, inaugurado el pasado día 1 de agosto concluirá con una exposición de los trabajos creados por los alumnos y que se exhibirán en La Alhóndiga, donde se entregaran los diplomas y diferentes premios a los que optan los pintores. El Palacio de Quintanar se convierte en estudio y lugar de residencia de los participantes, que utilizan la ciudad de Segovia y parte de la provincia como inspiración para sus trabajos dentro del campo del paisajismo, auténtico leit motiv del curso.

Exposición final

La primera de las etapas llega pronto para los alumnos, puesto que con tan solo una semana ya tienen que presentar una de las obras que formarán parte de la exposición final para poder incluirlas en el catálogo de la muestra. Lorena Cabral, que procede de la Universidad de Murcia, cree que en el catálogo «tiene que haber algo que te defina como artista y también algo de Segovia», y añade que «no es fácil encontrar una obra así».

De los 16 becados, diez son hombres y seis mujeres, y aunque ninguno de ellos se conocía previamente la relación es «superbuena», según Adriana Rey, que estudia en Pontevedra y que se encuentra más cómoda trabajando en estudio porque «aquí en Segovia la luz cambia en cuestión de segundos», manifiesta. Rey es de un pintar pausado y minucioso, alejado del método de trabajo de Carlos Dovao, que viene de Sevilla y se confiesa «alucinado» con la luz del atardecer segoviano. «No he visto una ciudad en la que la luz sea más bonita con las luces proyectadas, con el sol cayendo, es un lujo», explica.

Dovao se considera «un currante» de la pintura y se documentó exhaustivamente antes de venir a Segovia, una vez superó el exigente proceso de selección de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Una serie de pinturas inspiradas en el trabajo del académico de San Quirce Juan Miguel Santamaría será su referencia durante el curso. Agustín Díaz estudia en Granada y ha llegado a Segovia con intención de «vivir una de las mejores experiencias de mi vida».

Durante la veintena de días que dura el curso, los asistentes disfrutarán de excursiones por la provincia y la ciudad y participarán en diferentes ponencias, encuentros y actividades institucionales.

Los cursos de pintores pensionados tienen su origen en la Cátedra de Paisaje que la Academia de Bellas Artes de San Fernando instauró en 1845 como parte de la enseñanza oficial de sus programas pedagógicos en arte. Desde que en 1950 se establecen en Segovia, el número de pintores supera el millar, y entre ellos se encuentran destacadas figuras de la pintura española moderna y contemporánea, lo que convierte al curso en uno de los acontecimientos culturales más importante en la historia de la ciudad y de la Comunidad de Castilla y León.

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