«Luis Cencillo fue un referente y es padre del psicoanálisis antropológico»

El profesor Vicente Manuel Ortiz Oria junto a Pancho en la sala de su casa. /
El profesor Vicente Manuel Ortiz Oria junto a Pancho en la sala de su casa.

En breve se publicará una obra que tiene como fin acercar a los estudiantes de hoy parte de la rica obra del que fuera primer decano de Psicología de la Universidad de Salamanca

JORGE HOLGUERA ILLERA

El primer decano de la actual Facultad de Psicología, en su tiempo, Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación (Psicología) de Salamanca fue Luis Cencillo Ramírez de Pineda, quien fue conocido como antropólogo, filósofo del lenguaje, psicoanalista y escritor español, y estaba formado como doctor en Filología Clásica, licenciado en Derecho, licenciado en Filosofía y Teología, diplomado en Psicología y sacerdote católico. Llegó a la Universidad de Salamanca en 1975; en 1980 fue nombrado decano. Uno de sus aporte como decano fue la gestión de la compra a los claretianos del lugar que acoge la Facultad de Psicología en Ciudad Jardín. Aproximadamente hasta el año 1990 fue profesor en la academia salmantina, según recuerda su discípulo, Vicente Manuel Ortiz Oria, que fue su alumno, tanto en los cursos que Cencillo impartía en su propia fundación de Madrid, como en el segundo año de carrera, cuando acudía como oyente a los bajos de la Pontificia, donde el profesor Cencillo impartía Personalidad.

Este destacado docente nació en Madrid en 1923 y falleció en 2008, dejando una importante aportación para el conocimiento. Parte de ella son su más de 60 libros y medio centenar de artículos publicados, otra parte sigue creciendo en sus alumnos o discípulos, uno de los cuales es Vicente Manuel Ortiz, actual profesor de psicología en la Universidad de Salamanca y fundador y presidente del Instituto Psicoanalítico de Salamanca, donde se continúan cultivando los conocimientos del psicoanálisis de base antropológica que Luis Cencillo legó a la sociedad. Además, Ortiz en estos momentos última una obra escrita que porta mucho del legado de Cencillo. Para entender esta larga introducción es necesario leer la entrevista que sigue a la misma y que comienza con una frase del profesor Ortiz Oria en la que argumenta que «ahora no están de moda las cosas complejas, pero lo complejo no significa que sea difícil, sino que es heterogéneo, que tiene muchos elementos distintos y se integran en una unidad», en alusión al aparente segundo plano de actualidad en el que se encuentra la obra de Cencillo, que, por otro lado, Vicente Ortiz, y otros reconocidos estudiosos de este tiempo consideran «fundamental». De ahí, que el profesor salmantino que responde a esta entrevista haya dedicado sus muchas horas a elaborar un libro en el que rescata los «once puntos básicos de sus lecciones de psicoterapia».

¿Cencillo fue reconocido en vida?

Él venía de Alemania, al llegar a Madrid levantó muchas expectativas, de hecho le llamaban el Marcuse español. Un reconocimiento que duró poco, bastó una entrevista en la que él aceptó su experiencia vital que le condujo a la creencia de lo trascendente del Universo. A partir de ahí le cerraron todas las puertas, pues no era un momento en que la progresiva aceptara ese tipo de discursos.

¿Qué formación tenía?

Era un hombre de formación muy humanista, a la manera del Renacimiento, era básicamente filósofo, era antropólogo, psicólogo, filólogo, teólogo y jurista. Desde esa perspectiva tan amplia es como él integró su modelo de psicoterapía y de ontología y de filosofía. Se le puede entender coetáneo de la Teología de la Liberación.

¿Cómo calificaría la obra de Cencillo?

Su obra psicoterapéutica es heterogénea, no solamente se basa en una referencia, sino que él hace una integración del modelo dinámico, otorgándole un sentido más preciso, justamente por su visión filosófica, antropológica y psicoterapéutica.

Muy completo.

Hace otras cosas bastante interesantes: integra la teoría de la comunicación dentro del modelo psicoanalítico; fue un pionero del enfoque relacional porque da una importancia muy acentuada a todo lo que es la relación terapeuta paciente; también hace una revisión de la teoría de conocimiento desde una perspectiva antropológica entendiendo al hombre como especie.

¿ Por qué se distingue?

Hizo un modelo más abarcativo, es más integrador, integra todos los referentes que venían dados en las diferentes escuelas y él los aúna. Esa integración todavía no está superada, todo lo contrario, todavía tiene que pasar tiempo para que se vea la actividad integradora de Cencillo, es decir para que se reconozca.

¿Estamos en otra onda?

Ahora mismo estamos en todo lo contrario, estamos en la postura de atomizar. No tenemos una visión integradora para entender la problemática mental del sujeto. Digamos que está tan atomizada, tan dividida en partes, que pretendemos un medicamento individual, cuando en el hombre está todo unido. Cuando el hombre sufre una problemática, esta le influye en otros factores de la vida. Hay que tratar a la persona en su totalidad, con sus diferentes referentes, presupuestos, principios y axiomas.

¿Cómo es el libro que esta últimando usted?

Trata de recorrer un poco su aportación. Es un libro basado en la psicoterapia de Cencillo, sus aportaciones sistemáticas al momento presente. El libro aporta en cada uno de los capítulos una visión sumamente vigente. Yo hago prácticamente una síntesis sobre la razón antropológica, los procesos psicoterapéuticos, la comunicación, la vida inconsciente, etcétera. Soy simplemente un amanuense que hace una síntesis de su tarea para hacerla más asequible a los nuevos alumnos, porque los alumnos precisan introducciones de autores grandes como lo es Cencillo. Necesitan una introducción a su pensamiento.

Usted fue alumno de Luis Cencillo, ¿qué significó él para usted?

Para mi, significa la enseñanza de un maestro, ahora mismo no hay muchos maestros. Su obra todavía tiene muchas lecturas posibles, esto quiere decir que cabe esperar aun muchas cosas por parte dede cada uno de sus alumnos.

¿Qué le aporta?

Bajo mi punto de vista se traduce en perspectivas sumamente edificantes y extraordinarias porque la gran aportación suya es que no habla desde una disciplina de conocimiento; no habla solo desde la psicología, desde la antropología o desde la perspectiva filológica del lenguaje o la comunicación, sino que lo integra todo desde una multivisión paradigmática, es decir desde una visión mucho más amplia.

¿Se le puede decir a usted alumno, discípulo o continuador, de la escuela de Cencillo?

Como quieras llamarlo, en psicoterapia, lo único que yo se hacer es lo que él me enseñó.

¿En qué se siente usted identificado con Luis Cencillo?

El trasmitía dos cosas a sus alumnos: entusiasmo por el conocimiento, la motivación por estudiar; y alegría por la vida, sobre todo en el ámbito planetario en el que estamos. Creo que se ha perdido mucho, se tiende más a la especialización que al conocimiento. Hay demasiada parcialización, falta base y altura. La base, donde se asienta el pensamiento del hombre y la altura, la que el hombre pretende y quiere conseguir.

Usted es el presidente del Instituto Psicoanalítico de Salamanca, una asociación que hunde sus raíces en las aportaciones de Cencillo. ¿Cuáles son los objetivos del centro?

Con el Instituto Psicoanalítico de Salamanca hemos pretendido abrirnos gratuitamente durante estos años a la enseñanza del psicoanálisis de base antropológica, que es lo que aporta Cencillo. Pretendemos realizar una enseñanza del psicoanálisis antropológico, que es lo que él nos enseñó.

¿En qué consiste el psicoanálisis de base antropológica?

Se basa en incorporar la visión del hombre como una especie dentrode un contexto vital, con tus particularidades culturales, es decir, recoger toda esa diversidad cultural dentro de una fundamentación filosófica antropológica básica. Se atiende a la singularidad del hombre como especie, que es algo que nos une a todos, y llegar un poco más allá, revisando el inconsciente, la comunicación , el lenguaje, las relaciones, los vinculados, las transferencias.

¿Cómo eran las clases de Luis Cencillo?

Sus clases y conferencias eran muy impactantes, resultaba sorprendente y brillante, tanto en la docencia como en la controversia dialéctica y destacaba por abordar con un estilo singular la fundamentación de sus argumentos. Era un maestro de la talla de los clásicos.

 

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