Juan Carlos Prieto, director de Santa María la Real: «Las réplicas del patrimonio no son una moda»

Juan Carlos Prieto, director de la Fundación Santa María la Real. /Antonio Quintero
Juan Carlos Prieto, director de la Fundación Santa María la Real. / Antonio Quintero

«Es un recurso técnico para preservar elementos en grave peligro de conservación y que pueden desaparecer», destaca

El Norte
EL NORTEPalencia

Replicar el patrimonio no es una moda. La Virgen del Acueducto o los capiteles románicos del antiguo Monasterio de Aguilar de Campoo son ejemplos recientes, pero la reproducción artística es una técnica habitual para proteger los originales y preservarlos en las mejores condiciones para el futuro.

«Ejemplos hay muchísimos», afirma Juan Carlos Prieto, director de la Fundación Santa María la Real, con sede en Aguilar de Campoo. Desde la Neocueva de Altamira o el Erecteion en la Acrópolis de Atenas hasta la Virgen del Acueducto y los capiteles de Aguilar, pasando por distintos elementos de las catedrales de Burgos, Salamanca o León.

«Lo de las réplicas no es una moda. Es un recurso técnico para preservar elementos en grave peligro de conservación y que pueden desaparecer», añade a Efe el director de esta fundación que lleva más de cuatro décadas velando por la conservación del patrimonio.

La decisión de copiar siempre responde a criterios de conservación, para proteger los originales de las inclemencias meteorológicas y preservarlos en museos, exhibiendo en su lugar reproducciones.

«Pero un criterio contrario puede ser igualmente válido», apunta a continuación. Por ejemplo, la fachada de la catedral de Ávila tenía piedras muy deterioradas que se retiraron y se exponen en su interior, pero no se han hecho réplicas para sustituirlas.

Uno de los ejemplos más famosos, y el que marcó la pauta de las reconstrucciones futuras, fue la actuación a principios del siglo XX en el Erecteion en la Acrópolis de Atenas, donde se sustituyeron las famosas cariátides por copias. Los frisos y las cariátides originales de este templo pueden verse en el Museo de la Acrópolis, excepto una que se encuentra en el Museo Británico, y por tanto, lo que ve el turista en este templo son reproducciones.

«Quizá este fue el paradigma de este tipo de procesos», reflexiona Prieto, ya que este caso abrió la puerta a una nueva posibilidad de conservación que se ha repetido después en la catedral de Burgos y en otros muchos sitios.

«Es un recurso muy usado», insiste. Y fórmulas hay muchas. De la misma manera en que ha habido estilos artísticos también ha habido «estilos» en la restauración, desde estilos más historicistas en los que las reproducciones son fieles al original, a estilos más científicos y arqueológicos en los que se distingue perfectamente lo nuevo de lo viejo.

Otro ejemplo, continúa el experto, es el de la catedral de Burgos, donde se retiraron algunas esculturas de la fachada que estaban en muy mal estado de conservación, y se sustituyeron «con buen acierto porque la fachada de la catedral no se altera» para preservar las piezas que estaban deterioradas y que ahora se pueden contemplar en el interior del templo pero sin exponerse a las inclemencias del tiempo.

Otro debate es si los originales deben exponerse en el lugar del que proceden o llevarse a un museo, donde los sistemas de protección son más adecuados, y además las piezas pueden formar parte de colecciones más amplias.

Si la elección es esta, aquí es donde las réplicas ofrecen una oportunidad para disfrutar de la copia en su lugar de origen.

Además el uso de nuevos materiales y nuevas tecnologías como las reproducciones 3D hacen más accesible económicamente el acceso a estas copias. A veces, incluso, no es necesario hacer una copia real, sino visualizar el original a través de proyecciones, tal y como ha hecho la Fundación Santa María la Real en la iglesia palentina de Mave donde proyectan sobre la pared y «con una fidelidad y una calidad extraordinaria» las pinturas románicas que ya no existen.

En definitiva, se trata de proteger el patrimonio y «socializar este tipo de procedimientos» de forma que todo el mundo sepa perfectamente que hay copias y porqué uno ve a veces el original y otras no.

Además, se procura «no engañar» y dar información para que el visitante sepa qué es lo que está viendo. Por ejemplo en los capiteles de San Martín de Frómista que no son originales aparece una R «bien grande» para que se sepa que es una réplica.

Y también hay hueco para la ironía, como sucede con el astronauta de la catedral de Salamanca o la gárgola del fotógrafo en la catedral de Palencia, que avisan con un guiño de que esa parte del templo no es la original.