Un 'playboy' de la CIA, entre los objetivos de ETA

Quinto capítulo del serial sobre el traidor a ETA que en 1974 salvó en Mónaco a la Familia Real española

Un 'playboy' de la CIA, entre los objetivos de ETA
Ilustraciones: Víctor Santos
OSCAR BELTRÁN DE OTÁLORA

En junio de 1974 ETA ya tiene todo preparado para secuestrar a don Juan Carlos y doña Sofía. El comando que se oculta desde abril en la Costa Azul ha recorrido decenas de veces las sinuosas carreteras que llevan desde el puerto de Montecarlo –el lugar escogido para el asalto– hasta Niza, donde se encuentra el zulo construido bajo el chalé en el que tienen planeado retener a los Príncipes. Pese a disponer de un antiguo 'Peugeot', han practicado tantas veces la ruta que se ven capaces de trasladar a sus víctimas en poco más de diez minutos hasta su 'cárcel del pueblo'. Jokin Azaola, uno de los dos topos infiltrados en ese momento en la banda –el segundo es Mikel Lejarza, 'el Lobo'– hace llegar a la Policía dos informaciones que encienden las alarmas en España. La primera, que la fecha a partir de la cual los etarras se consideran capacitados para ejecutar el secuestro de la Familia Real es el inminente 20 de junio. La segunda, que ya han comenzado a entrenarse en el uso de pistolas y metralletas con silenciador. ETA está lista para provocar una masacre en cualquier momento.

Los otros capítulos

Alrededor del 10 de junio, el comisario José Sáinz, que supervisa el doble juego de Azaola en la Costa Azul, recibe el listado de las autoridades españolas invitadas a la inauguración del Sporting Yacht de Montecarlo, el evento en el que se espera a los Príncipes. Uno de los primeros es Salvador Dalí; el pintor surrealista era un habitual de las fiestas que organizaban Rainiero y Grace de Mónaco. Pero hay muchos más, demasiados a los ojos del policía, que ve ampliadas las expectativas de ETA de actuar contra otras personalidades si Juan Carlos y Sofía, que han sido avisados discretamente del peligro que correrían si ponían pie en tierra en el puerto de Mónaco, declinaban finalmente la invitación. Allí figuraba la corte completa del régimen..., así como algunos millonarios de pasado misterioso.

Entre las figuras claves de la dictadura convidadas a los fastos de Mónaco figuran los marqueses de Villaverde, Cristóbal Martínez Bordiú –el 'yernísimo'– y su esposa, Carmen Franco, la hija del jefe del Estado. También los duques de Cádiz, Alfonso de Borbón y Carmen Martínez Bordiú, su mujer, nieta del general. El listado parecía no tener fin: Gonzalo de Borbón, hermano del duque de Cádiz, y otros personajes próximos a Juan Carlos y Sofía, como el príncipe Adam Czartoryski, un primo del hoy Rey emérito con intereses en negocios automovilísticos. Rainiero y Grace quieren que todas las casas reales de Europa estén representadas en su fiesta. En el caso español, la aristocracia unida en matrimonio con la familia Franco; potenciales objetivos de un apetecible rango para ETA, que si consigue secuestrar a alguno de ellos alcanzará directamente el corazón del dictador.

El comisario Sáinz repasa una y otra vez cada nombre de ese listado. Grandes fortunas del país. Por ejemplo, Bartolomé March, uno de los nietos del banquero Juan March, quien, según la información que recibe la Policía, suele ir acompañado por María del Mar Martínez Bordiú, nieta igualmente de Franco. El empresario José Banús, creador de Puerto Banús, en Marbella, que levantó su fortuna con las obras del Valle de los Caídos; los banqueros Fierro, que algunas veces han llevado en sus travesías marítimas a Juan Carlos y Sofía, según ha podido saber ETA a través de un topo enmascarado entre la tripulación del barco. Si la banda persigue una operación con intereses económicos, jamás lo ha tenido tan a mano. Sáinz sigue leyendo. Ahora gente del mundo del arte. Además de Dalí, el torero Luis Miguel Dominguín y su esposa, la actriz italiana Lucía Bosé...

Desde la perspectiva de ETA, resulta también interesante otra figura. Mónaco espera el atraque de un yate de bandera norteamericana, el 'Rampager', ocupado por el financiero Ricardo Sicre. Y en él reparan los terroristas, en un multimillonario que se mueve como pez en el agua en el mundillo de aristócratas y aventureros de la Costa Azul. Antiguo militante de ERC, miliciano derrotado en la Guerra Civil española, Sicre es un personaje al que su extraña peripecia vital ha convertido en una importante fortuna del franquismo. Él introdujo en España la marca de refrescos Pepsi y el whisky JB. Y la explicación se encuentra en su oscuro pasado.

Contactos con la CIA

Sicre fue agente de la OSS, la organización a partir de la cual se creó la CIA, y llevó a cabo operaciones clandestinas de contrabando de armas en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial. Ayudó a luchar contra los nazis en el Mediterráneo y, al término de la confrontación bélica, fue contratado por una de las empresas comerciales que la CIA utilizó como tapadera para extenderse por los cinco continentes. Así consiguió los contratos en el mundo de las bebidas, un negocio que le convirtió en magnate con largos tentáculos en el franquismo. El hombre que viajaba en el 'Rampager' era un seductor, un encantador de serpientes entre cuyas amistades contaba a Salvador Dalí, Ernest Hemingway y al propio príncipe Rainiero. En fotografías de la época aparece del brazo de Ava Gardner o de Grace.

Los seis policías españoles –tres hombres y tres mujeres– desplazados clandestinamente a la Costa Azul para contrarrestar la amenaza de ETA extreman las vigilancias sobre los miembros del comando y recurren a su infiltrado, Jokin Azaola, para completar las lagunas de su investigación. Gracias a él descubren que la prioridad de la cúpula etarra oculta en Bayona siguen siendo don Juan Carlos y doña Sofía. Si no aparecen por allí, ordenan situar en la diana a los marqueses de Villaverde o los duques de Cádiz. Ricardo Sicre también es una opción.

Azaola informa a las fuerzas de seguridad de que dos de los hombres clave en la elaboración del zulo de Niza –uno de ellos es Tanke, que aprendió a fabricar este tipo de instalaciones en Argentina, instruido por guerrilleros montoneros– han sido enviados a Madrid. Las preocupaciones aumentan para el comisario Sáinz, su reclutador. Todo hace presagiar que ETA juega con dos barajas; que está preparando un atentado «de gran trascendencia política» en la capital por si todo se va al traste en Mónaco. Y ni Azaola ni el Lobo consiguen una sola pista sobre los planes de la banda en Madrid.

En la larga historia de ETA, el azar se ha demostrado clave en determinadas ocasiones. Unas veces para alejarla del éxito, y otras para ponérselo al alcance de la mano. Mónaco, capital del juego en Europa, donde la ruleta y el 'black jack' son una religión con profetas y mártires, no puede representar mejor cómo el destino tira los dados con los planes de la organización terrorista. El 23 de junio, los etarras desplegados en la Costa Azul –integrantes de dos células, una para abordar y secuestrar a los Príncipes, y la segunda, con la misión de retenerles en una casona de Niza hasta ver satisfechas sus exigencias– se refuerzan con la llegada de cuatro nuevos terroristas, uno de ellos Apala, protagonista activo en el asesinato del presidente del Gobierno Carrero Blanco.

Ilustraciones: Víctor Santos

Una docena de etarras aguardan sobre el terreno la llegada de la Familia Real. En vano. Don Juan Carlos ha seguido las recomendaciones de la Policía y decide pasar sus vacaciones en Mallorca. Los marqueses de Villaverde y los duques de Cádiz son ajenos a los planes de ETA, según se puede deducir de documentos policiales, pero tampoco se dejan ver por la zona. En la banda cunde el desánimo. Los nervios, según desvela Azaola, están a flor de piel. Desde Bayona, sede del cuartel general de ETA, reclaman explicaciones a varios miembros del comando. La dirección quiere saber por qué está fracasando una operación que ha costado tanto esfuerzo y dinero. Enfrentados con el jefe supremo, Iñaki Mújica Arregi, 'Ezquerra' –son tiempos de disensión en el seno de la organización terrorista, donde se está fraguando la posterior escisión, y no se fían de él–, saben que pueden ser sometidos a un consejo de guerra interno.

El 9 de julio, Francisco Franco ingresa en el hospital. Sufre una flebitis, la primera de la larga lista de enfermedades que le conducirán lentamente a la muerte, acaecida en noviembre de 1975. La hospitalización del dictador hace inviable al ojo público la salida de España de la Familia Real. Mucho menos, la de sus familiares directos. Los etarras llamados a Bayona encuentran así el argumento para explicar el fiasco de su misión en Mónaco. No obstante, se dan un plazo para mantener abierta la operación, por si alguna de las personalidades del régimen invitadas a los fastos se dejan caer por el Principado. Sicre, del que parecen ignorar su pasado, es descartado entonces por considerarlo un objetivo «poco político».

En Mónaco, Juan José Rego Vidal, el etarra que haría de los intentos de matar a Juan Carlos I su principal objetivo vital, se desplaza por distintos puertos del litoral en busca de información sobre potenciales objetivos. Está atento a cualquier indiscreción que pueda recibir de su red de marineros y de los trabajadores portuarios. ETA ha puesto como fecha límite para mantener activos a sus comandos en la Costa Azul el 15 de agosto. Una semana antes, el día 9, según revelará Azaola a la Policía, Txomin, Azkoiti y otro liberado se acercan a una de las fiestas organizadas por la familia real monegasca. Su objetivo es identificar posibles víctimas y actuar. Caminan entre los Rolls Royce aparcados en los accesos a la mansión en la que tiene lugar el baile de gala. Ven entrar a modelos y a hombres vestidos de smoking. No reconocen a nadie.

El gran descalabro

Es difícil saber qué piensa Jokin Azaola cuando comprueba que el plan de ETA se desbarata y que el fiasco se puede atribuir a la enfermedad de Franco y no a su propia existencia, al papel de un infiltrado que ha conseguido avisar a tiempo de la amenaza a la Casa del Rey. Se puede intuir que el topo respiró aliviado, pero también que el miedo seguía siendo su compañero más cercano. Mientras uno convive con las personas a las que debe espiar, según han confesado otros infiltrados en bandas terroristas, lo que realmente provoca pánico es pensar que se puede hablar en sueños, contar en voz alta mientras se duerme la gran mentira en la que han decidido vivir. Y Azaola, que llegó a estar al frente del zulo de Niza cuando ETA amplió el plazo para mantenerse expectante en Montecarlo, vivía rodeado de los terroristas a los que había traicionado.

Sus planes para salvar a Juan Carlos y Sofía y evitar así la ola de represión que podría desatarse en Euskadi si sufrían algún daño se vinieron abajo el 18 de agosto. Ese día, el topo recibe una noticia que le provoca un ataque de ansiedad. El comando ha recibido una llamada de Rego Vidal. Acaba de ver en el puerto de Mónaco a don Juan, el padre del Príncipe. Incluso ha hablado con él. Lo pueden secuestrar cuando quieran.

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