Roca muy dura ralentiza la perforación con un avance de un metro en toda la mañana

Imagen de la zona de excavación del pozo de rescate. /ÑITO SALAS
Imagen de la zona de excavación del pozo de rescate. / ÑITO SALAS

Un dispositivo de 300 personas se turna en una lucha sin tregua contra la montaña

JUAN CANO , ALVARO FRÍAS y FERNANDO TORRESMálaga

Las obras de los equipos de rescate en Totalán siguen imparables para llegar hasta el pequeño Julen. Si bien, la presencia de roca muy dura está ralentizando todo el proceso y en lo que va de mañana tan solo se ha avanzado un metro. En la actualidad el túnel paralelo tiene ya 53 metros de profundidad, cuando necesitaría estar a 60 para darlo realmente por terminado. A lo largo de la mañana, la perforadora ha requerido también parar para labores de mantenimiento.

En la sierra de Totalán, los casi 300 integrantes del operativo de rescate libran una lucha titánica contra la montaña plagada de contratiempos. El sábado por la mañana, horas antes de que la perforadora iniciara los trabajos, los geólogos hicieron una nueva medición y comprobaron que, a cuatro metros de profundidad, el terreno se endurecía hasta 200 veces más que en la superficie, y se cambió la ubicación al lado opuesto, dentro del cráter excavado a 23 metros de profundidad.

La perforación comenzó a las 13.45 horas y al principio fue mejor de lo previsto. En apenas siete horas, la máquina llegó a una cota de -22 metros, alcanzando, en algunos tramos, un ritmo de 4 metros por hora. Sin embargo, a partir de esa profundidad, comenzó una auténtica odisea que Ángel García Vidal, que es delegado en Málaga del Colegio de Ingenieros de Caminos y coordinador del equipo que asesora a la Guardia Civil, define así: «Pasamos de una zona dura, a otra todavía más dura». Fuentes del operativo abundaron en el concepto: «La dureza del terreno se mide de 0 a 9. Hemos tenido varios tramos de 8».

Geólogos destacan la dureza del terreno, que se caracteriza por su heterogeneidad

La parcela, desde el punto de vista geológico, es complicada, con zonas blandas que invitan a la esperanza, pero que camuflan otras excesivamente duras que frenan en seco el optimismo, y el rendimiento de las coronas (brocas) con las que la perforadora horada la tierra; de hecho, hubo que traer desde Guadalajara una corona especial, con dientes que tienen la dureza del diamante. A partir de la cota -22, la perforadora se topó con un tramo de unos 15 metros lleno de vetas de cuarcita que ralentizó muchísimo los trabajos. El ritmo que antes había sido de 4 metros por hora pasó de repente a un metro en cuatro horas. Sobre las siete de esta mañana, la cota era de -52. «El objetivo es -60. Esperamos terminar a lo largo de la noche (del domingo al lunes)», afirmó García Vidal. Fuentes del operativo apuntaron que es de los 'pilotajes' más profundos de ese diámetro (1,5 metros) realizados en España. «Normalmente, como mucho, con esa dimensión, llegan a 40 metros», añadieron.

El padre de Julen sigue de cerca los trabajos que se está realizando.
El padre de Julen sigue de cerca los trabajos que se está realizando. / Ñito Salas

Si esa previsión se cumple, y la perforadora termina entre las seis y las ocho, ahí comenzará el encamisado del pozo, que el delegado de los ingenieros de caminos en Málaga estima entre 5 y 6 horas; después, un relleno de seguridad, que tardará un par de horas más. Y por último bajarán, en la cápsula fabricada por dos herreros de Alhaurín el Grande, los efectivos de la Brigada de Salvamento Minero de Asturias. El 'ascensor' de hiero en el que descenderán tiene una ventana de un metro, que cuenta con un margen de maniobra de «un metro hacia arriba y otro hacia abajo» (tres en total desde el punto de ataque). La idea es que excaven a mano entre tres y cuatro metros de longitud de una galería en túnel que conecte el pozo nuevo con el de Julen, a la altura del tapón donde se supone que está atrapado el pequeño. El ritmo estimado es de ocho horas por metro, con lo que tardarían 24 horas. Pero podría ser menos si encuentran un sustrato favorable, como el de los primeros 22 metros del pozo.

Pese a las complicaciones que ha presentado, el terreno tiene su lado positivo. «La dureza de la roca nos está retrasando, pero hay una parte buena: es más estable y segura para los mineros y también para el propio Julen. Estamos convencidos de que no se han producido nuevos desprendimientos de tierra sobre el niño». La afirmación, que corresponde a uno de los responsables del operativo, la respalda también Juan Carlos Romero, un experto geólogo malagueño que dirige el aula-museo de Geología de Málaga, en la calle Bailén, y que conoce como pocos lo que los técnicos se están encontrando bajo sus pies.

El terreno en el que se desarrolla la operación de salvamento se conoce como complejo maláguide, que es propio de la provincia y que se caracteriza por una combinación de materiales heterogéneos: se entremezclan pizarras y esquistos (rocas metamórficas), más blandos, intercalados con niveles muy duros de grauwacas y diabasas (rocas subvolcánicas que se usaban antiguamente para los pavimentos y calzadas del siglo XIX, de las que aún se pueden ver restos en la plaza de Arriola de la capital). También hay, según el geólogo, filones de cuarzo lechoso (blanco), pero que no suelen tener un espesor superior a 10 o 15 centímetros. «Los paquetes más duros, de un metro, suelen ser de grauwacas o diabasas», apostilla Romero.

En su opinión, las obras para llegar hasta Julen están sufriendo un «problema de geotécnica», ya que este tipo de actuaciones de ingeniería civil requieren estudios mucho más pormenorizados, generalmente, de meses de duración. «Al no haber estudio previo, si te encuentras un metro de ese tipo de roca, se ralentiza el trabajo. Y al final, te cargas los dientes de la pilotadora y te obliga a cambiar de herramienta (corona) varias veces, lo que frena el ritmo de la obra».

También abunda el geólogo en la dificultad que entrañará ahora conectar ambos pozos mediante la galería en mina que excavaran a mano los mineros. Las prospecciones en busca de agua suelen hacerse con máquinas de rotopercusión, que tienen una desviación de 60 centímetros a un metro, ya que van corrigiendo su trayectoria a medida que se van encontrando durezas en el terreno (y, por tanto, no son pozos completamente rectos). De ahí la importancia de «ajustar bien» esa galería. Al ser un terreno heterogéneo, «el problema vendrá si los mineros encuentran esos lentejones masivos muy duros de grauwacas y diabasas», apostilla el geólogo. Y, al igual que el técnico, concluye: «La dureza de la roca efectivamente (cuarzo de segregacion metamorfica con grauwacas y diabasas) ralentizara el rendimiento de la pilotadora, pero dará un factor de seguridad al niño a dicha profundidad y al sostenimiento de la galeria en mina para los mineros».

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