César Pontvianne: «En Castilla nos gusta mucho autoflagelarnos, en vez de poner proa a la tormenta e ir a por ella»

César Pontvianne, en la sala de reuniones de Plásticos Durex, la empresa familiar que dirige en Salamanca. /MANUEL LAYA
César Pontvianne, en la sala de reuniones de Plásticos Durex, la empresa familiar que dirige en Salamanca. / MANUEL LAYA

El presidente de la Asociación Empresa Familiar de Castilla y León apuesta por transmitir a los jóvenes valores de capacidad de trabajo, sacrificio, innovación y arraigo a la tierra para ser empresarios

J. I. Foces
J. I. FOCESValladolid

He aquí a un empresario que cree en valores como el sacrificio, la innovación y el arraigo a la tierra, los practica y los difunde entre los escolares. César Pontvianne, que con solo 23 años tuvo que ponerse al frente de Plásticos Durex, la empresa familiar salmantina fabricante de componentes de automoción, y con 36 años preside la Asociación Empresa Familiar de Castilla y León, que aglutina el 20% de PIB de la comunidad autónoma.

–¿Qué recuerdos permanecen de su padre en su memoria?

–Vinculados a la actividad empresarial, los valores que marcan mi camino: sacrificio, trabajo y ejemplo.

–¿Lo del sacrificio le viene por haber tenido que madurar más rápido que la media de su generación a causa de la muerte de su padre?

–Sí, en parte, pero también porque mi padre tuvo 14 años una enfermedad, que fue de la que falleció. En esos 14 años mi padre perfectamente podía haber vendido la empresa y haber vivido... Pero él disfrutaba con lo que hacía, igual que disfruto yo. Ese sacrificio de anteponer ciertas cosas a otras es uno de los valores que más me ha marcado, que he heredado y que intento seguir.

–A usted la muerte de su padre le pilla estudiando y, en poco tiempo, pasó de las aulas de la Universidad al máximo puesto de decisión de la empresa de su familia...

–Siendo larga como fue la enfermedad, mi padre decidió iniciar un proceso de profesionalización de la compañía, que no completó. Tenía ciertas piezas del puzzle pero no todas, y no lo completó: faltaba una cabeza. Cuando falleció mi padre, en enero de 2004, la familia no estaba preparada para tomar la decisión y pusimos a una de esas piezas a dirigir la compañía. La decisión no fue exitosa. Y en 2006 mi abuela María Jesús me pidió que entrase en la compañía. Entré como becario. Estuve así algo más de un año hasta que vi que esto no podía seguir así. Lo más importante en esta vida es tener objetivos. Las cosas pueden ir mal porque la vida es muy dura pero debes tener un plan. Yo planteé a mi familia un plan para salir de esa situación y tomé las riendas de la compañía de la noche a la mañana.

–De repente empezaron a depender de usted decenas y decenas de familias...

–152.

–¡152 familias! ¿Cómo se afronta el vértigo que tiene que dar eso?

–La inconsciencia de juventud lo hace.

–¿La inconsciencia de juventud?

–Yo solo me planteaba que era el legado de mi padre, que era lo que yo había vivido con él y que tenía que sacarlo adelante. Nunca me planteé rendirme. Nunca. Por eso digo lo de la inconsciencia de juventud.

–¿Cómo ve todo aquello ahora?

–Con orgullo. Y como un acicate para seguir. Si en los tiempos más duros, sin estar mi padre, he podido hacerlo, tengo que seguir tratando de hacerlo. Pero ojo, que no todo ha sido perfecto. He cometido muchos errores en esos años, que intento superar y mejorar.

–¿Por ejemplo?

–Cuando eres tan joven y coges una empresa y con tanto carácter como tengo, intentas hacer todas las cosas tu mismo, hasta que llega un momento en el que te das cuenta de que por el volumen de la empresa y por donde quieres llevarla tienes que empezar a delegar, tienes que empezar a construir un equipo, rodearte de los mejores y mejores que tu. Aprendes que tu no eres el mejor en todo. Y tienes que rodearte de gente que te pueda contestar, gente que te pueda decir cuál es su parcela y si es mejor ir por aquí o por allí. Eso es lo que he aprendido, pero me ha costado.

–No es fácil escuchar ejercicios de sinceridad como el que hace...

–Pues sí, me ha costado. Llegó un momento en el que, con el crecimiento que estaba teniendo la compañía, yo ya no daba más de mí y si quería que la compañía siguiese creciendo tenía que contratar más equipo. Lo hice: busqué gente mejor que yo.

–Y si el trabajo en su compañía crecía y crecía, ¿quién le mandaba a usted embarcarse en la Asociación Empresa Familiar?

–Pues, ¿sinceramente? Un sentimiento de responsabilidad. Mi padre fue uno de los fundadores de la Asociación Empresa Familiar. Y si estoy hoy aquí, al frente de mi empresa, es gracias a mi familia, gracias a mi equipo y gracias a la Asociación Empresa Familiar. Cuando mi padre fallece en 2004, mucha de la gente a la que he nombrado se vuelven de facto consejeros, amigos, consultores míos y eso no habrá horas que le eche al día a la Empresa Familiar que lo pueda devolver. Por eso digo lo del sentimiento de responsabilidad. Es que hubo gente que gratuitamente, y sin interés oculto, me apoyó en esos momentos, me aconsejó, me dio la mejor versión de ellos. ¿Cómo no voy a devolver eso a la asociación?

–Vamos, que le han ayudado a sobrellevar dolores de cabeza en la empresa propia, entonces.

–Muchos, muchos. En la asociación tu te das cuenta de que puedes tener tu familia y círculo de amigos, pero ser empresario y ser empresario familiar, y tan joven, conlleva muchas noches sin dormir. Comentarlas con tus amistades de toda la vida es complicado. Ellos tienen otra visión de la vida. Unos son funcionarios, otros profesionales independientes. Tú, con tu empresa, necesitas gente que haya vivido y viva lo que tú: eso es la asociación empresa familiar.

–Pese a su juventud, una de las cualidades que destacan en usted es que dice lo que piensa. Confiéselo: le tuvieron que llover chuzos de punta cuando dijo aquello de que cerraría 3 de los 4 aeropuertos de Castilla yLeón y que solo potenciaría el de Valladolid. Dicho en Salamanca, por un salmantino...

–Siempre llueve en contra cuando dices lo que piensas. Sí, las ciudades opinan distintas cosas. Pero normalmente la gente que opina así son caciques de pueblo o de ciudad que no viajan, que quieren tener un aeropuerto porque quieren tener un aeropuerto. Les gustaría tener una estación de Ave y una central nuclear en casa. Vamos, de todo, quieren tener de todo. Pero es que el todo no es posible. Y la gente que manejamos presupuestos privados sabemos que no es posible tener de todo. Claro que llueven las críticas pero es que no a todo el mundo le tiene que gustar lo que te guste a ti.

«Los caciques de pueblo o ciudad no viajan, pero quieren tener un aeropuerto en casa»

–Ha conseguido llevar a las aulas los valores de la empresa familiar. Ese empeño con las aulas me lleva a preguntarle: ¿Entonces el empresario no nace, sino que se hace con formación, con estudios...

–Hay empresarios de raza, por supuesto; y tenemos muchos ejemplos en Castilla y León. Pura raza, que sin estudios ni nada han salido para delante. Pero yo creo que lo más importante, y por eso este programa en las escuelas, es transmitir a la juventud valores como capacidad de trabajo, de sacrificio, de innovación, de arraigo a la tierra. Con ellos pueden tener más posibilidades de ser empresario que otros. Tenemos que volver a una sociedad de valores; la estamos perdiendo.

–En eso tiene razón: en internet no se explican valores.

–No estamos ahora en una sociedad de valores y tenemos que volver a ella. Pero el problema que tenemos los empresarios muchas veces, y en Castilla más, es que, como decía Juan Roig, estamos metidos en el armario y no salimos del armario. Nos da miedo comunicar nuestro éxito, nos da miedo comunicar como hemos hecho las cosas. Y eso es un error garrafal. Hay que salir a los medios de comunicación, a los colegios, a las empresas, comunicar dentro de las propias empresas, que es algo fundamental. Si no haces eso, te puedes quejar de todo lo que quieras pero, ¿estás haciendo algo para cambiarlo?

–¿Y si no?

–Pues mejor ni te quejes. He leído recientemente a un analista decir que estamos perfeccionando el arte de la queja. Y es verdad. Oyes que el Gobierno no da no se qué, que mira estos de este partido... ¿Estás haciendo algo para cambiarlo? ¿Estás haciendo algo para apoyar a ese gobierno que te representa? ¿Estás haciendo algo por la comunidad? ¿Estás haciendo un proyecto de comunidad? ¿Aunque sea un esfuerzo, un sacrificio, un extra? ¿No? Pues apártate para que el resto de la gente que quiera hacer algo lo haga.

«Es verdad: estamos perfeccionando el arte de la queja. Si no estás dispuesto a hacer algo por tu comunidad, apártate»

–Cuando presentó el programa de empresa en las aulas usted dijo que quieren desterrar la imagen que la sociedad tiene del empresario con puro y chistera. A estas alturas del siglo XXI...

–Sí, sí. Todavía hay gente que piensa que el empresario es una persona que se aprovecha de la gente para sacar su propio beneficio. Y eso no es así, no es así. La mayor parte de los empresarios lo que hacen es sacrificar, apostar y generar riqueza. Y no riqueza para él solo, sino para el conjunto de la sociedad. Y eso es lo que tenemos que contar.

–Pero decirle a un joven que el empresario incluso arriesga su patrimonio personal para sacar adelante su negocio, no parece que sea la mejor manera de entusiasmarle hacia esta actividad...

–Pero, ¿y la satisfacción personal que uno tiene? La satisfacción personal de haber construido algo, de haber hecho algo, ese brillo en los ojos... ¡Los jóvenes lo ven, lo notan! Eso es lo que hay que explicarles. Contarles la verdad, lo que hacemos y que se olviden de que el empresario es un señor de 70 años que va en Mercedes. Es totalmente diferente. Hay empresarios muy jóvenes y muy válidos. Y tenemos que comunicarlo para hacerlo atractivo. Esto es un producto que has de hacer atractivo para que lo elijan.

–La Encuesta de Opiniones Empresariales del cuarto trimestre de 2018 es decir, hace nada, sitúa a los empresarios de Castilla y León entre los más pesimistas de España. ¿Usted a qué lo achaca?

–¡Al carácter castellano!

–Venga hombre...

–Lo que pasa es que en Castilla nos gusta mucho, y hablo en primera persona, autoflagelarnos muchas veces: ese carácter castellano de no comunicar las cosas, de estar para adentro, de estar temerosos de todo lo que pueda ocurrir, en vez de poner proa a la tormenta e ir a por ella. Somos pesimistas porque la situación no es fácil, ¿eh? Ni va a ser fácil. Estamos en mitad de una gran tormenta, entrando en los vértices de una gran tormenta y sin ningún tipo de atisbo de mejora. Pero somos pesimistas por nuestro carácter castellano, que también tiene muchas ventajas: porque a la vez somos mucho más trabajadores, más continuos, pero en momentos de dificultad o ante la dificultad nos volvemos mucho más pesimistas.

–¿Aprendimos algo de la crisis que nos sirva de escarmiento?

–A nivel empresarial, sí. Hablo con muchos empresarios y se aprendió del sobreendeudamiento, de los recursos propios, de atender los balances, de lo importante del talento, de la innovación, de salir fuera. Fue la lección fundamental: había que salir fuera, pero no a cualquier precio.

–En eso de salir fuera como empresario a usted lecciones, pocas, ¿no? Se pasa mucha parte del año buscando mercados fuera de España para los productos de su empresa.

–No, es una cuestión histórica. Mi padre cuando cambió de la parte de botellería a la de automoción su objetivo era siempre ir a la fuente y la fuente en nuestro caso son los clientes americanos, alemanes, franceses, o incluso chinos, ahora ya. El 90% de nuestra facturación es exterior, fuera de España. Hemos tenido que mantenerlo y fortalecerlo. Igual que la diversificación. Mi mujer que lleva la cuenta de los días que paso fuera al año, el año que más han sido 185 días fuera de España.

–¿Cuál es su secreto para gestionar el tiempo?

–Tener una familia maravillosa y una mujer que no me la merezco. Sinceramente lo digo; la vida que llevo es dura y convivir con este tipo de vida, más. Tengo una gran familia y unos grandes amigos, que me aguantan incluso con lo que hago.

–Si volviera a nacer, ¿cambiaría de profesión?

–No.

–Y, de mayor, ¿qué quiere ser?

–Aunque suene a tópico, quiero ser feliz y que los míos sean felices. Si yo supiera que con lo que hago estoy haciendo infelices a mi mujer y a mi hijo, lo dejaría. Pero sé que ellos son felices porque me ven feliz.