El Clínico exige en el Mir aprobar un examen para poder operar ojos en seres humanos

Santiago Delgado ensaya con un ojo de conejo en el laboratorio de al Facultad de Medicina. /
Santiago Delgado ensaya con un ojo de conejo en el laboratorio de al Facultad de Medicina.

El médico residente se entrena con globos oculares de conejos y cerdos y piel y córneas artificiales para especializarse

ANA SANTIAGO

El conocimiento teórico es insuficiente para entrar en un quirófano y la garantía de una buena intervención la aportan la experiencia y el entrenamiento que otorgan habilidad al médico. Y si este ensayo de técnicas y suturas es fundamental en cualquier especialidad quirúrgica, la que trabaja con un órgano tan delicado y pequeño como es el ojo parece exigir todavía más pericia.

Pese a los muchos halagos que se pueden hacer al sistema de especialización vía Mir (médicos internos residentes), «la formación quirúrgica tiene un problema en común, y es la falta de entrenamiento previo a empezar a operar a seres humanos, el médico residente debería tener totalmente automatizados al menos unos mínimos antes de enfrentarse a un paciente de verdad», destaca José Carlos Pastor, catedrático y director del IOBA de Valladolid. Este Instituto de Oftalmobiología Aplicada se ha convertido desde hace unos años en un dispositivo docente asociado al hospital, que facilita a la formación vía Mir recursos como los quirófanos experimentales, entre otros.

El Clínico no solo ha implantado en su oferta docente de Oftalmología estos cursos de entrenamiento sino que, «y esto es lo especialmente novedoso», explica el doctor Pastor, «examina de forma objetiva al médico residente, después de hacer su preparación se le somete a una prueba que se filma y se examina de forma pública, se evalúa la bondad del trabajo, el tiempo y el nivel de automatización. Los criterios se basan en tiempos medios de referencia obtenidos en base a lo que tarda un médico ducho pero no experto en realizarlas», destaca.

De esta forma, el Mir no opera por primera vez directamente sobre una persona; lo que, por mucho que esté acompañado de un cirujano experto, da insuficientes garantías de un buen resultado. El adjunto en la intervención, y más dado que se realiza a través de un microscopio, tiene escasas posibilidades de dar indicaciones o correcciones al residente.

Así, el programa docente del Clínico y el IOBA contempla tres niveles de formación. El cognitivo, que es teórico; el de integración y manejo, que ofrece al futuro especialista el conocimiento y uso del aparataje; y, por último, el estadío autónomo previo al quirófano hospitalario. Todo ello se realiza en laboratorio, en la Facultad de Medicina. Una destreza y aprendizaje que, a diferencia de cuando se practica directamente en seres humanos, admite el error y la corrección, la repetición... y solamente cuando todo el proceso de suturas diferentes, sobre tejidos distintos, con variedad de hilos, se domina hasta realizarlo de forma autómata, sin tener que pensar el paso siguiente, el alumno está preparado para el salto.

En Oftalmología no sirven además para este tipo de talleres los cadáveres humanos, útiles en otras especialidades, porque los ojos están muy deteriorados. El residente, en el primer año de los cuatro del Mir, pasa por este curso de manejo con material artificial y animal que suma 20 horas regladas y cuantas quieran y puedan a mayores en función del tiempo disponible del médico. La oferta es flexible y «suelen sumar otras 20 horas más», explica el doctor Iván Fernández Bueno, coordinador del curso.

El Clínico acoge cada ejercicio entre tres y cuatro licenciados en Medicina para especializarse en Oftalmología, depende de la oferta anual. El Río Hortega suele formar a otros dos, al igual que Salamanca, Burgos y León. Segovia y Palencia forman uno en cada hospital. La preparación del IOBA está abierta a cualquiera de los residentes de otros complejos hospitalarios «pero solo es requisito indispensable para los del Clínico, porque es el único hospital que lo exige», destaca Pastor, quien defiende que el concepto de examen «debería extenderse a la formación vía Mir, es la única etapa formativa seria en la que no hay evaluación final», añade.

El doctor Ramón Juberías Sánchez, especialista del Clínico y formador de estos residentes, y el doctor Iván Fernández Bueno explican que el curso se realiza durante cinco días seguidos y es el IOBA quien se encarga, en el seno de la Universidad de Valladolid, de su desarrollo. Destacan que el paso por este entrenamiento permite al Mir controlar en teoría y práctica la sutura de la piel, de la córnea y de la esclera con prácticas sobre ojos de cadáver animal conejos y cerdos y con piel sintética o córneas artificiales.

El IOBA ofrece cursos reconocidos por la Universidad de Valladolid, desde el año 2009, dirigidos a residentes y también a oftalmólogos y veterinarios, entre otros profesionales de Ciencias de la Salud y son obligatorios para los másteres de formación clínico del IOBA.

Desde California

Importadas de California (EE UU) son las córneas artificiales que permiten aprender a romper la cápsula del cristalino. Una simulación que además facilita después el poder ver cómo se ha hecho, el tamaño del agujero, la corrección del acto quirúrgico. La piel sintética, realmente parecida al tejido humano, deja al médico que se prepara para la especialidad de Oftalmología repetir una y otra vez diferentes tipos de sutura.

Puntos sueltos, continuos, enterrados... el facultativo debe ser capaz de hacerlo en tiempo razonable y con corrección. Prueban diferentes suturas, tipos de aguja y de hilo, que se reabsorben o no, de diferentes grosores...

Junto a estos materiales artificuales, el curso de entrenamiento cuenta también con ojos de cerdo y de conejo.

Los glóbulos oculares los facilitan, y además de forma altruista, dos grandes mataderos de Valladolid. Los de cerdo la empresa Justino Gutiérrez S. A., de Laguna de Duero y los de conejo son del Grupo Hermi S. L. , en el polígono industrial de La Mora, en la Cistérniga.