Villalar, mucho más que una derrota

La fiesta que conmemora la batalla vivió momentos de ebullición tras la muerte de Franco y en los primeros pasos de la autonomía, atravesó por momentos de división

VALLADOLID
La campa, en 1978/
La campa, en 1978

¿Somos tan masoquistas en Castilla y León como para celebrar, cada 23 de abril, una contundente derrota? ¿Qué significa Villalar de los Comuneros para esta Comunidad Autónoma y por qué es el escenario escogido para la fiesta popular de Castilla y León? ¿Es solo una especie de romería laica o contiene otros ingredientes de fondo?

Son algunas de las preguntas que todavía se hacen muchos castellanos y leoneses al contemplar, cada 23 de abril, la afluencia de gente en la campa de Villalar de los Comuneros. Que desde 1976 este lugar venga siendo el catalizador festivo y reivindicativo del día de Castilla y León no obedece a una elección arbitraria o casual, fruto del azar histórico o del capricho de una ruidosa minoría reivindicativa.

El acontecimiento histórico es de sobra conocido: el 23 de abril de 1521, las tropas de Juan Bravo, Juan de Padilla y Francisco de Maldonado, líderes de la revuelta comunera contra el emperador Carlos V, fueron derrotadas en una campa próxima a la localidad vallisoletana de Villalar, concretamente en el lugar denominado Puente de Fierro, sobre el arroyo de los Molinos, un terreno muy pegajoso y fangoso. Al día siguiente, los tres fueron decapitados.

Aunque la revuelta prosiguió en Toledo, donde sería definitivamente ahogada por las tropas imperiales, la derrota de Villalar y la muerte de sus tres líderes no tardó en convertirse en referencia mítica de quienes, a lo largo de la historia contemporánea de nuestro país, se han erigido en luchadores contra el despotismo y esforzado por combatir la tiranía política en aras de la libertad.

Los liberales que alumbraron la Constitución gaditana de 1812 y sus sucesores, dispuestos a afianzar el nuevo sistema político frente a cualquier tipo de tentación absolutista, se declararon públicamente herederos de los comuneros; demócratas y republicanos que impulsaron la Gloriosa Revolución de 1868 y quienes más adelante hicieron otro tanto con la Segunda República en 1931 de ahí esa franja morada de la bandera republicana- se declararon legatarios del ejemplo histórico de Padilla, Bravo y Maldonado; y los que a la muerte del general Franco propugnaron la autonomía de las tierras castellanas y leonesas y la lucha contra el centralismo volvieron a recurrir a aquel episodio histórico de lucha por la libertad, que las fuerzas imperiales derrotaron en Villalar.

Razones de la fiesta

Porque más allá del trágico final ocurrido aquel día, el recurso simbólico al 23 de abril de 1521 obedece a las razones de fondo de la revuelta comunera: la lucha por la libertad y la justicia en contra de la opresión centralista, la reivindicación de un modelo político más representativo y la participación popular en un proyecto emancipador.

Pero el antecedente más inmediato de lo que hoy celebramos en la campa de Villalar procede, básicamente, de los años de la Transición democrática, cuando al grito por la libertad y la amnistía se unía, indefectiblemente, la reivindicación de la autonomía. Y como el cogollo del movimiento comunero se desarrolló en buena parte de las provincias que hoy conforman la Comunidad Autónoma, aquel se erigió, de inmediato, en mito y referencia histórica del regionalismo castellano y leonés.

Como ha escrito el medievalista Julio Valdeón, uno de los principales impulsores intelectuales del regionalismo en los años 70, «durante el régimen franquista el espíritu liberal de Villalar permanecía oculto, pero no estaba ni mucho menos muerto. De ahí que comenzara a resurgir a medida que se avanzaba en el proceso de demanda de libertades, proceso que se acentuó en los últimos años del citado régimen. El nombre de Villalar terminó por asociarse, en aquellos años, con las reivindicaciones de libertad, democracia y autonomía».

Si ya en 1972 había visto la luz el reivindicativo poema de Luis López Álvarez, Los Comuneros, editado en la progresista editorial Cuadernos para el Diálogo y en el que colaboró el folclorista segoviano Agapito Marazuela, las primeras entidades regionalistas, la Alianza Regional de Castilla y León y el Instituto Regional, no tardaron en potenciar el mito de Villalar. Este último, además, se encargó de organizar el primer acto reivindicativo en la campa tras la muerte de Franco: tuvo lugar el 25 de abril de 1976 y reunió a cerca de 400 castellanos y leoneses, quienes, debido a que el acto no contó con la pertinente autorización gubernativa, fueron dispersados por la Guardia Civil.

El Villalar del año siguiente, el primero oficialmente permitido, acogió a miles de asistentes bajo un llamamiento más que expresivo de aquel espíritu reivindicativo: «Hace 456 años Castilla y León perdieron sus libertades con la derrota de los comuneros en Villalar. Desde aquella fecha Castilla y León han sido víctimas de un centralismo destructor que ahogó su voz y sus derechos propiciando el estado de ruina y abandono en que está sumido nuestro pueblo. ¡Castellanos y leoneses! Sólo con unión y solidaridad podemos recuperar las libertades perdidas. Castilla y León reclama justicia, libertad y autonomía».

Al coincidir con el proceso histórico de construcción de la Comunidad Autónoma, los Villalares que se suceden en esos primeros momentos son una auténtica ebullición festiva y reivindicativa. De hecho, para el de 1978 las crónicas periodísticas arrojan la increíble cifra de 200.000 asistentes. Al año siguiente, recién celebradas las elecciones municipales de 1979, los promotores se refirieron a los precedentes democráticos que podían extraerse de las demandas comuneras para que el emperador Carlos V respetase las antiguas instituciones representativas de las ciudades de Castilla. Aunque, eso sí, sin olvidar el valor que adquiría Villalar en ese afán de «resurgimiento de una región abandonada y maltratada».

Ciertamente, el recurso al agravio centralista como estrategia movilizadora y su proyección hacia el pasado a través del empleo del episodio comunero mitificado obedecía, en cierto modo, a la oposición existente entre la izquierda convocante y el signo político del partido gobernante (UCD). Por eso el cambio político experimentado en 1982 a raíz del triunfo electoral del PSOE, su reedición al año siguiente en las elecciones autonómicas castellanas y leonesas, la aprobación del Estatuto de Autonomía el 25 de febrero de 1983 y la oficialización de la fiesta en 1986 fueron factores que provocaron una sensible variación en el mensaje: en lugar de recurrir al agravio comparativo comenzó a incidirse en el sentido reivindicativo y solidario del episodio comunero, desprovisto ya de enemigo a batir.

30 años de autonomía

En este 2014 se cumplen 30 años del primer Villalar con gobierno autonómico en Castilla y León, pues las elecciones de mayo de 1983 dieron el triunfo al PSOE, liderado por el zamorano Demetrio Madrid, primer presidente de la Junta, que desde el comienzo se esforzó en oficializar la fiesta.

Aquel Villalar de 1984 aglutinó a cerca de 18.000 personas, contó con la presencia de las autoridades autonómicas pero también con la del entonces presidente del Senado, José Federico de Carvajal; el ministro de Agricultura, Carlos Romero; María Rojo, secretaria de Estado de Autonomías; la representante de la Ejecutiva Federal del PSOE, Carmen García Bloise; los presidentes y representantes de las Comunidades Autónomas de Galicia (Xerardo Fernández Albor, de AP, a pesar de que este partido, como tal, no asistió a la campa), Cantabria (José Antonio Rodríguez Martínez) y Madrid (Joaquín Leguina); y los gobernadores civiles de la región. También acudieron, entre otras autoridades, el alcalde y primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Segovia, Miguel Ángel Trapero y Roberto Cáceres, respectivamente, a pesar de la polémica, aún candente, en torno a la incorporación de esta provincia a la Comunidad Autónoma.

El entonces alcalde de Villalar, Félix Calvo Casasola, leyó desde el escenario un manifiesto en relación con el «Día de la Región», en el que señaló: «Celebramos la recuperación de nuestras instituciones y de nuestra identidad como pueblo, festejamos nuestro sntimiento de castellano-leoneses». Asimismo, alabó el proyecto solidario del Estado de las Autonomías, añadiendo que se trata de «un Estado que afirma su vocación solidaria en un proyecto común que es España».

El acto oficial terminó con los gritos del propio Demetrio Madrid: «Castilla y León por su liberación» y «Castilla entera se siente comunera». Después de visitar varios stands instalados en la campa, las autoridades depositaron 11 coronas de flores ante el monumento a los comuneros en la plaza de Villalar. El acto estuvo amenizado por el cantante Amancio Prada y el grupo segoviano Nuevo Mester de Juglaría. El paso decisivo tuvo lugar en 1986, con la decisión del gobierno autonómico de fijar el 23 de abril como Día de la Comunidad mediante la Ley 3/1986, de 17 de abril.

Un Villalar de todos

Desde la aprobación del Estatuto de Autonomía de Castilla y León, el 25 de febrero de 1983, la fiesta de Villalar se ha ido consolidando como símbolo dirigido, a través de un ritual concreto, a galvanizar el débil sentimiento regionalista de estas tierras y contribuir a la construcción de la nueva identidad autonómica.

De ser el foco de reivindicación de la autonomía, la libertad y la amnistía, la campa ha pasado a consolidarse como lugar y momento que aúna el encuentro festivo y celebrativo con las reclamaciones de sindicatos y partidos políticos y la protesta de diversos colectivos. Y se ha consolidado, sobre todo, como la cita festiva de todos los castellanos y leoneses, sin exclusión de ningún tipo.

Este hecho es importante, pues no conviene olvidar que en los primeros años, la estrecha identificación de Villalar con los colectivos antifranquistas, unido a ciertos incidentes ocurridos en la campa, provocaron que en 1979, el Consejo General de Castilla y León antecedente de la Junta-, con presencia mayoritaria de UCD, decidiera abstenerse de participar en la conmemoración popular y limitarse a la organización de los actos oficiales.

A partir de ese momento, y durante bastantes años, Villalar no fue tanto factor de integración de la conciencia regional cuanto motivo de enfrentamiento político. De hecho, José María Aznar, presidente de la Junta desde junio de 1987, decidió separar la celebración popular en la campa del evento oficial del Día de la Comunidad, celebrándolo también el 23 de abril y de manera itinerante.

En ese momento se abrió una brecha, aparentemente infranqueable, entre, por un lado, un Villalar del pueblo y de la oposición política, y, por otro, la celebración institucional. Asimismo, las jornadas de Villalar tuvieron un carácter esencialmente antigubernamental.

Este divorcio entre el gobierno autonómico (y el mismo PP) y la campa de Villalar duró hasta el 23 de abril de 2002. Fue entonces cuando Juan Vicente Herrera, que el año anterior había sucedido a Juan José Lucas al frente de la Junta, decidió normalizar la situación con un gesto breve pero cargado de contenido: a la una y media de la tarde del 23 de abril de 2002, se presentó en Villalar para romper con 14 años de ausencia presidencial.

Los 38.000 asistentes le vieron dialogar con el presidente del comité de empresa de Fontaneda, en ese momento amenazada de cierre, y abrazarse a Ángel Villalba, secretario regional de los socialistas en aquellos momentos Hasta su paisano Carlos Rad, procurador de Tierra Comunera, alabó el paso positivo y valiente del presidente autonómico. Desde entonces hasta la actualidad, el presidente de la Junta, acompañado de una representación del gobierno regional y del Partido Popular, no falta a la cita festiva de Villalar, por lo que el Día de Castilla y León es, en esencia, el de todos los castellanos y leoneses sin exclusión.

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