El envejecimiento que viene

Un hombre, en la cafetería del Centro de Mayores de Rondilla. /Alberto Mingueza
Un hombre, en la cafetería del Centro de Mayores de Rondilla. / Alberto Mingueza

Valladolid tiene un porcentaje de población mayor significativamente más grande que el resto de España

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

La pirámide de población española muestra un país envejecido y con poco relevo generacional. La de Castilla y León asusta por la realidad incontestable que muestran provincias como Zamora, que pierde tres mil habitantes al año desde hace casi una década, o Soria. La de Valladolid, sin llegar al extremo en la región, es peor que la del resto de España.

No solo hay menos niños (hasta 18 años) que en el resto de España, en porcentaje respecto al total de la población. A partir de los 65 años de edad, en todos los tramos analizados por el Instituto Nacional de Estadística es superior el tanto por ciento de Valladolid comparado con el resto de España.

Es decir, en un país envejecido, Valladolid está en el tramo de las provincias más envejecidas.

En torno al año 1975, cuando el 'baby boom' ya declinaba, nacían más de 8.000 niños en la provincia. En 2018, en los seis primeros meses, se registaron 1.701. Aquellos niños nacidos entre 1960 y 1970 tienen hoy entre 49 y 59 años. Suman 66.000 personas en la provincia y 45.000 en la capital.

Según los últimos datos del INE, en la provincia hay algo más de 146.000 personas mayores de 65 años. Una estampa demográfica que, lejos de mejorar, amenaza con empeorar si se mantienen las bajas tasas de natalidad, especialmente en unos municipios que cada vez más se convierten en residencias estacionales, solo para los meses de verano, cuando retornan los 'hijos del pueblo' a pasar unos días de vacaciones.

La tasa de estudios superiores en la provincia en 1960 era de un 2,35% en los hombres y un 0,22% en las mujeres. En 2001 se rebasaba ampliamente el 15% de media, y con bastante paridad entre hombres y mujeres (16,74% frente al 14,58%). En el medio rural, además, la necesidad de mano de obra en las tareas agrícolas y ganaderas hacía que la escolarización fuera más básica, con lo que hoy sería una tasa de abandono temprano de los estudios muy elevada. Por tener una idea aproximada de la evolución: en el año 2008 señalaba que la tasa de analfabetismo en Valladolid en 1900 era del 50,6% de la población, con mayor incidencia entre las mujeres (un 61%). En 2001, esa tasa era del 8,9%. La escolarización obligatoria hasta los 16 años, los diferentes planes de atención a la diversidad y el acceso cada vez más fácil al conocimiento hace que las generaciones que van escalando en la pirámide tengan cada vez necesidades más divergentes de las que mostraban sus antecesores cuando llegaron a la tercera edad. El envejecimiento activo se ha convertido así en una demanda social que, en opinión del sociólogo Daniel Rueda, debe ser flexible y revisarse continuamente. «La oferta y los nuevos programas y propuestas de los centros de mayores tienen una cierta creatividad, pero . La oferta que das es la que crees que quieren, pero no les has hecho esa pregunta. No les puedes dar unos servicios basándote en un estudio de hace diez años. La sociedad cambia. Y cambia la relación que yo mantengo con esa sociedad, esos valores. Y las ofertas se hacen por paquetes que se renuevan anualmente y que en muchas ocasiones están desactualizados», considera de modo general el profesor Rueda.«En este campo, como se evoluciona muy rápido, los servicios deben estar en permanente revisión. su plan de vida, no que se la marquen», concluye.