Despedida con honores al guardia Juan Luis Vara, «un gran profesional siempre en primera línea»

Los compañeros de la víctima despiden sus restos mortales al término del funeral en la iglesia de San Felipe Neri./Rodrigo Jiménez
Los compañeros de la víctima despiden sus restos mortales al término del funeral en la iglesia de San Felipe Neri. / Rodrigo Jiménez

Los directores de la DGT y de la Guardia Civil destacan la labor de los agentes en la despedida del lagunero fallecido en Megeces

J. Sanz
J. SANZ

«Los agentes de la Guardia Civil de Tráfico son la primera línea del tráfico y, aunque es su labor asumen estos riesgos, lo cierto es que gracias a ellos todos podemos viajar más seguros», destacó hoy el director de la Dirección General de Tráfico (DGT), Pere Navarro, antes de incidir en que «la muerte de Juan debe servirnos a todos para concienciarnos en la importancia de la seguridad vial y evitar así más accidentes». Pere Navarro estuvo presente en el funeral de despedida de Juan Luis Vara Lorenzo, el agente del Subsector de Tráfico de Valladolid que perdió la vida el sábado en una salida de la vía cuando controlaba con su motocicleta una carrera ciclista entre Mojados y Megeces. Una labor que había «realizado mil veces y que controlaba a la perfección dada su experiencia», quiso destacar el teniente coronel Javier Peña, segundo jefe de la Comandancia de Valladolid. Una experiencia más que dilataba la que acumulaba el agente de 44 años y con 26 años de servicio desde que salió de la Academia de Valdemoro en 1993, con la mayoría de edad recién cumplida y en la que ingresó dos años antes, con 17, en su condición de hijo de guardia civil (su padre estaba destinado en Laguna de Duero, donde se crió en su infancia).

Su muerte, registrada a las seis de la tarde del sábado en el kilómetro 7,1 de la carretera que une Mojados y Megeces cuando abría el paso al pelotón ciclista, sacudió a sus compañeros en la provincia y al conjunto de la plantilla en todo el país. Los máximos responsables de la Benemérita, encabezados por el director general, Félix Azón, y los tenientes generales Laurentino Ceña (Director Adjunto Operativo) y Fernando Santafé (Mando Operativo); así como el general de División y jefe de la Agrupación de Tráfico, Ramón Rueda, estuvieron presentes tanto en el velatorio instalado por la mañana en la Comandancia de la avenida de Soria, donde estaba destinado el agente fallecido, como en el funeral oficiado por la tarde en una iglesia de San Felipe Neri, donde sus restos fueron recibidos y despedidos por decenas de compañeros y amigos al respetuoso son de los himnos nacionales (en la entrada) y de la Guardia Civil (a la salida), interpretados por la Unidad de Música de la Benemérita. «La muerte de Juan supone una pérdida irreparable para nosotros que asumimos y que nos anima a continuar trabajando como siempre por la seguridad de los ciudadanos», apuntó el director general del Cuerpo, Félix Azón.

Testigo mudo del dolor

La capital fue testigo del dolor por la muerte de un agente y vecino (afincado en Pinar de Jalón), que deja mujer y dos hijos de 6 y 8 años, cuyo interminable cortejo fúnebre recorrió a primera hora de la tarde el trayecto entre la Comandancia y la iglesia de San Felipe Neri, en Teresa Gil, en un camino abierto por efectivos de la Policía Local; al igual que en el traslado de sus restos al cementerio de Laguna de Duero, donde recibió sepultura después de que sus compañeros lanzaran una salva en su honor ya en la intimidad de sus familiares y amigos más cercanos.

Llegada del féretro a la Comandancia de la Guardia Civil de Valladolid, donde se ha instalado la capilla ardiente. / Rodrigo Jiménez

«Juan ha vivido su éxodo sabiendo servir a sus ciudadanos cómo se comprometió cuando salió de la academia en su condición de 'polilla' –hijo de guardia civil–», quiso resaltar el párroco de San Felipe Neri, que ofició el funeral acompañado por el coronel y capellán del Ejército Ramón García, antes de incidir «en que siempre vivió con honor su vida como agente y cumplió con su deber hasta derramar su última gota de sangre». Sus restos mortales, en un féretro cubierto por la enseña nacional, fueron despedidos entre aplausos al terminar el himno de la Guardia Civil y 'La muerte no es el final' en un multitudinario y respetuoso pasillo formado por sus compañeros.

Juan Luis Vara, de 44 años e hijo de un guardia de Laguna de Duero, ingresó en el cuerpo en 1993

Juan Luis Vara Lorenzo, de 44 años, ingresó en la academia a los 17 años, una práctica habitual entre los hijos de guardias, y se incorporó a la plantilla en 1993. Desde entonces estuvo destinado en Olmedo para después, ya en el Destacamento de Tráfico, pasar por Medina de Rioseco y, en los últimos años, en la Comandancia de Valladolid. «Su pérdida me produce una enorme tristeza y nos recuerda los riesgos que corren nuestros agentes para garantizar nuestra seguridad», concluyó el subdelegado del Gobierno, Emilio Álvarez.