Soria

Los académicos coindicen en que la despoblación no es un problema demográfico sino «una verdadera crisis de territorio»

Los académicos coindicen en que la despoblación no es un problema demográfico sino «una verdadera crisis de territorio»
I. G. V.

Los geógrafos abogan por una ordenación del territorio seria que ayude a equilibrar la población y a abandonar el despilfarro de inversiones

ISABEL G. VILLARROELSoria

Jesús María Bachiller, profesor de Geografía de la Universidad de Valladolid, ha sido el encargado de moderar la octava mesa redonda en el marco de la celebración de Presura 2018, una mesa redonda intensa con profundos argumentos académicos en torno a la ordenación territorial para la repoblación.  Según Bachiller «falta mucha autocrítica en todo lo que estamos haciendo para luchar contra la despoblación y sobra ensalzamiento del mundo rural. La ordenación territorial engloba a todas las demás medidas que se puedan poner en marcha para revertir el problema, y es un punto extremadamente controvertido en el nivel político».

Mercedes Molina Ibáñez, catedrática de Geografía Humana de la Universidad Complutense de Madrid, encandiló al público asistente con su lección magistral sobre la necesidad de ordenar el territorio «desde el punto de vista de los recursos y no desde el punto de vista espacial para comenzar la lucha contra la despoblación». Molina, soriana de nacimiento, insiste en que «es un acierto vincular la repoblación con la ordenación del territorio. Realmente si queremos de verdad actuar con eficacia tenemos que contextualizar por qué los territorios despoblados están en esta situación. No es un problema demográfico, es una verdadera crisis de territorio y hay que ahondar en las causas de este problema así como en las posibilidades de los territorios que son muchas porque si hay proyectos eficientes como se ya se ha demostrado se pueden hacer muchas cosas».

Molina Ibáñez asevera que «las causas que han determinado la despoblación del medio rural han estado unidas a un modelo de concentración territorial, de concentración del empleo y de la inversión y de concentración de la población basándose en un crecimiento económico sustentado en el PIB, en el empleo, y por supuesto en una economía de escala donde lo único que se valoraba era crecimientos rápidos sin conocer sus consecuencias posteriores y desoyendo las recomendaciones europeas».

El resultado ha sido la desertización de gran parte del territorio que ha coincidido con el rural «porque no ha interesado» frente al desarrollo de las grandes urbes. «El sector primario es muy rentable por ejemplo pero es muy rentable no en términos de producción que es como muchas veces se mide, sino en términos de inputs y de outputs, de inversión maquinaria, productos químicos, etcétera hasta la comercialización».

Ordenación del territorio

Ignacio Molina de la Torre, geógrafo profesor de la Universidad de Valladolid y director del Comisionado frente al Reto Demográfico, deja claro que «la ordenación del territorio es eso que casi nunca ha funcionado, a lo que se le echa la culpa siempre cuando nunca se ha hecho ordenación de territorio en España». Si en el entorno de la Universidad se ve y se explica la ordenación del territorio como algo necesario, «en el plano político yo ahora lo veo imprescindible porque gran parte de lo que se plantea, en 1998 en Castilla y León tuvo la posibilidad de atajarse con la ley de ordenación del territorio que se aprobó pero que jamás se desarrolló».

La despoblación es un problema que lleva más de 20 años gangrenándose. Molina de la Torre considera que es en la ordenación del territorio donde están las claves de qué ha pasado y qué va a pasar, qué ha funcionado y dónde ha funcionado en cuanto a lucha contra la despoblación. «El caso exitoso de Escocia, Laponia, Francia, o Canadá coinciden en que se pusieron a trabajar en los años 50 y 60 para luchar contra el problema porque en los demás elementos hay pocas cosas en común salvo los 50 años que llevan trabajando en ello. La ordenación del territorio significa cómo queremos ese territorio y poner medidas a corto plazo para conseguirlo sin parches temporales».

Luis Antonio Sáez, responsable de la cátedra de Despoblación de la Universidad de Zaragoza, indica que «la planificación en la ordenación está bien pero tiene éxito en la medida en que se desarrolla de forma poca cerrada, es decir dinámica, evolutiva. La planificación territorial debe estar abierta y en constante evolución al contrario de lo que se lleva haciendo desde los años 80 y los ejemplos los vemos en las planificaciones culturales de museos, o de polígonos en las ciudades que son inamovibles y eso un error». Sáez añade que la ordenación debe ser «trasversal teniendo en cuenta la vivienda, la conciliación, la accesibilidad, el ocio, y la movilidad en términos tecnológicos, tendría que ser una ordenación trasversal y no espacial. La banda ancha debe ir acompañada de formas de cultura diferentes y de la administración electrónica por supuesto».

Mercedes Molina insiste en que «si queremos actuar contra la despoblación tendremos que ver los problemas que está generando el modelo de concentración porque ya la ciudad no es elemento máximo del exponente del crecimiento sino que es fruto de problemas y hay que actuar tanto en la ciudad como en el medio rural». La contaminación, el estrés, las enfermedades son problemas urbanos pero posibilidad rurales. Para la catedrática, los objetivos concretos que debería incorporar la ordenación del territorio de la Junta de Castilla y León pasan por el uso racional sostenible y jerárquico de sus recursos con el fin de evitar conflictos de uso.

«Si tenemos despoblación es porque no ha habido ordenación, no hemos usado bien los recursos o los hemos usado desordenados. El territorio problema es también territorio recurso insistiendo en que han cambiado mucho las normas de uso y de calidad de vida en las grandes ciudades superpobladas; insistiendo siempre en que la mayor sostenibilidad ambiental parte de la sostenibilidad humana». Otro mensaje que debería tener en cuanta la ordenación de la Junta de Castilla y León, según Molina es que «la repoblación sin ordenación supone un despilfarro de los recursos y de las inversiones, y en Soria tenemos el ejemplo de la Ciudad del Medio Ambiente». No es lo mismo la ordenación del territorio que la ordenación de los servicios ni tampoco la ordenación de los recursos, «el eufemismo de las UBOTs o Unidades Básicas de Ordenación del Territorio que denomina la Junta ahora en sus últimas directrices de la ley es una tomadura de pelo. Las ordenación debe determinar la inversión en infraestructuras, y si España no hace un buen plan de desarrollo rural nunca terminará con la despoblación».  

 

 

 

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